martes, 5 de octubre de 2010

La señorita de la casa


Para no hacer la vida tan monótona y no sentir que al final de mi vida no le aporte nada más que mi preocupación por mi misma a la humanidad, decidí unirme a una ONG en la que requerían voluntarios para alfabetizar niños, mi adorado Leonardo quedo fascinado con la idea y se unió al grupo.
A mami todo le pareció muy bonito hasta el día en que le dije que pasaríamos un fin de semana en un recorrido educativo con los niños a los que les impartíamos clases. De inmediato ella borro las buenas intenciones, no escucho la palabra niños, recorrido o educar, solo se centro en una cosa: que Leonardo y yo tendríamos oportunidad de amanecer juntos, entonces se desato la locura.
Empezó a cuestionarme sobre cómo, dónde y con quienes dormiríamos (como si con eso pudiese prevenir alguna cosa). Las insinuaciones morbosas de que podría regresar embarazada de aquel viaje no fueron nada sutiles.
Al notar que me hostigaba, se detuvo y como tratando de enmendar lo ocurrido me dijo que no le importaba lo que realmente hiciera con Leonardo, pero que debía mantener presente que tenía una reputación que cuidar.
Ella sabe la verdad, desde hace años estoy con Leonardo, cada vez me alejo más de los 20 años, trabajo, termine mis estudios, me paso de responsable y a estas alturas lo único que me falta por hacer es recoger mis cosas salir de mi casa y asumir por completo los gastos de mi vida. Cosa que haría con mucho gusto, si ella no fingiera morir cada vez que le insinuó la posibilidad de independizarme.
Pero también sé que ella prefiere no escuchar la verdad, por eso y no por querer ser hipócrita, le sigo el juego en sus absurdos juegos morales.
Le asegure que todos los alfabetizadores dormiríamos juntos, que no habría chance para que nadie se propasara y le recordé que el verdadero motivo del viaje era educar a los niños sobre lugares históricos y turísticos del país, no un sex weekend grupal.
Ella se tranquilizo, pero me parece el colmo de lo absurdo que entienda un peligro exagerado salir un fin de semana, cuando desde hace mucho tiempo cuento con el tiempo y la libertad de hacer lo que decida, fuera de mi casa.
Si alguna vez quise ser sincera con ella respecto a ese tema, ella misma busco todas las vías para esquivar la conversación; hace mucho me demostró, que si algo físico sucede entre Leonardo y yo, no lo quiere saber, prefiere imaginarme virgen e inmaculada hasta el día en que me case… No con Leonardo, claro que no, con otro que sea más merecedor de mi amor, según su criterio maternal.
Y mientras a ese tema cada día le salen más espinas, a mi hermano le celebran cada conquista, le facilitan dinero y vehículo para que pueda desahogar sus impulsos con la que este en turno.
Lo que pudiera o no estar haciendo mientras se ausenta por las noches es motivo de risas y jubilo, durante el almuerzo o la cena; nadie se sonroja al decir que él se la pasa en “eso”.
Me pregunto si seré yo la que está mal o cómo es posible que no se den cuenta de lo injusto y sexistas que son, como pueden justificarle y festejar sus hazañas amatorias y condenarme solo por la idea de que pudiera estar haciendo algo que, según ellos, solo debo conocer tras desfilar ante un altar (cosa que tampoco quieren que haga por ahora, porque consideran que estaría arruinando mi vida).
No solo se me ha reprendido por lo que pude haber pensado hacer, hasta he tenido que pagar el enojo que le han causado sueños, si porque mi madre una vez soñó que iba a salir embarazada y como para aquel entonces yo solo tenía 15 años, esa posible premonición amenazaba en convertirme en la vergüenza de la casa y solo por precaución, en aquella ocasión fui castigada con insultos e indiferencia.
Pero ellos no me ocultan la verdad, un día tuvieron el valor de decirme en mi cara que no podía compararme con mi hermano porque él era hombre y yo no.
Lo más doloroso fue que eso lo dijo mi madre, la misma que me crio diciéndome que no había diferencias entre hombres y mujeres, que no me dejara limitar, etiquetar o frenar por prejuicios sociales o por la fuerza de un hombre.
Ella desmorono todo lo que me dijo la vida entera con esa afirmación, pero ya era tarde, cuando me lo dijo no solo estaba convencida de que el mundo ya no funciona así, había comprobado que era tan o más capaz que cualquier hombre y que me basta con mi fuerza y cerebro para enfrentar el mundo, sin que me importe los dedos que me señalen o las voces que me condenen o me digan insistentemente que estoy equivocada.
Soy una mujer y eso no lo define haber tenido intimidad con un hombre, lo defino yo con mi temple, la madurez, la responsabilidad y el coraje de salir a enfrentar el mundo, de conseguir lo que me propongo.
Aunque para mi madre eso poco importa, pues ella solo pretende encaminar mis pasos para que nada manche la reputación de la señorita de la casa.

jueves, 19 de agosto de 2010

Estoy en tesis, prometo regresar...


No es que me olvide de Yuyita, es que estoy en tesis y tengo un horario de ejecutiva con sueldo de barrendera jejejeje.
Por otro lado, muy pronto este proyecto estará cumpliendo su primer añito y lo celebraré en grande con los que me siguen, algo me ingeniaré, pero acepto sugerencias, así que cualquier idea y me dicen.
!!Desenme suerte!!

Lo que una chica es capaz

Aqui comparto este divertido videíto de Gloria Trevi, a mi me encanta y me hace sonreír :D

lunes, 26 de julio de 2010

!Yuyita esta de fiesta!


Una pausa a la locura, Yuyita cumple 23 y es momento para celebrar la vida.
!!!Feliz cumpleaños!!!

martes, 20 de julio de 2010

Enferma de mal de amores


Desde hace varios días no duermo bien, me la paso soñando problemas , situaciones imposibles y hasta realidades utópicas en las que escucho todo lo que quiero escuchar o vivo todo lo que siempre anhele; cada uno de estos sueños siempre con Leonardo como protagonista.
He tratado de acostumbrarme a su existencia fantasmal entre mis sueños y mi cotidianidad; a veces hasta me sorprendo hablando con él sin que este, a pesar de que hace más de un mes que no lo veo ni sé nada de él, está más presente que nunca.
Por primera vez ya no lo incluyo en mis oraciones al encomendar mis días a Dios, para evitar sentir todo el amor subirme de golpe al corazón… Prefiero no pensar en su suerte, sus problemas o lo que estará viviendo mientras yo sigo con la vida estancada, haciendo por hacer, resignada a seguir respirando y dando lo que no tengo para cambiar este malestar por cualquier otra enfermedad curable...

Una vez que pongo la cabeza en la almohada mi subconsciente se las arregla para inventarse historias cada vez más fantásticas e irreales que me provocan sobresaltos de solo recordarlas .

Como la vez en que soñé estar recién casada y el amanecer de la primera noche de luna de miel encontre a Leonardo mirandome fijamente desde la puerta del baño con una expresión en sus ojos que desconocía, una mezcla de ira y maldad que no comprendí. Le pregunte que sucedía, me grito que lo dejara en paz, luego de un variado repertorio de insultos en el que además me reclamaba cosas que ni habían sucedido; con un portazo se encerro en el baño por un buen rato para luego salir con pedantería e irse lejos. Me pase todo el sueño desesperada, sintiendo el corazón oprimido, conteniendo las ganas de llorar y recorriendo un hotel que se hacía infinito para encontrarlo, un extraño lugar sin una pizca de alegría. El nunca apareció en el sueño pero me dejo el sabor amargo del desprecio y de su abandono inexplicable.

Otra noche, muy al contrario de este angustiante sueño, me perdí en una historia tan absurda como improbable en la que Leonardo aparecía de sorpresa en mi casa, vestido con una formalidad inusual en él, y me pedía que le acompañara a cenar. Con paciencia espero que me vistiera para la ocasión y me regalo una sonrisa emocionada cada vez que algún semaforo o tapón le permitió centrar su atención en mí.
Yo sentía cosquillas en el estomágo tan solo con sentir el olor de su perfume y en el sueño estaba convencida de que no lo estaba imaginando… Me llevo a su casa y al abrir la puerta un camino de velas y pétalos nos condujeron a la mesa donde nos esperaba la cena, sin embargo, nada fue más emocionante que sus palabras, en las que me reafirmaba su amor y me pedía no abandonarlo jamás.

Si tuviera que elegir entre estos dos sueños el más perturbador, no sabría cual de los dos se supera, ambos enrarecieron el color de mis días, los dos lograron atormentarme.

El no está conmigo y cualquier cosa que me haga recordar sus errores agrandan más mi dolor, de igual forma, cualquier cosa que me haga recordar su capacidad de hacerme feliz me oprime el corazón, porque este amor vencido esta condenado a convertirse en recuerdos y mientras eso sucede me mata la nostalgia, los deseos imposibles, el incesante dolor de mi corazón.

Ya no puedo esconder mis ojeras, es evidente que no duermo bien, la ropa comienza a quedarme holgada, ya no puedo disimular que me pasa algo.

Estoy enferma de mal de amores y cada día me pesa como si fuera un yunque…

La medicina no contempla este mal como un padecimiento serio, en los trabajos no dan licencia por este motivo, las personas no te dan el pesame por la perdida de un amor.

El mal de amor es un tropiezo más de la cotidianidad, que cabe en la misma categoría que el robo de un celular, por el que todos te consuelan diciendote que pudo haber sido peor o aconsejandote cosas obvias como que te cuides en la calle y desconfies de quien se te acerca.

Y como el mundo sigue girando y nadie se muere de amor, yo seguiré con mi mal de amores, mi falta de apetito y mis sueños extraños hasta el día en que estos me quieran abandonar y finalmente se lleven el fantasma de Leonardo con ellos.



sábado, 17 de julio de 2010

El vestido de flores


Desde que me probe el vestido de flores me enamore de él y ni siquiera la sospecha de que era una pieza realmente fea me hizo dejarlo colgado en la tienda tal y como lo encontre. Mis primas no hicieron comentario alguno cuando se los mostre en el probador; las ignore, al igual que ignore la mueca que hizo mi madre cuando me lo vio puesto en la casa, luego de que muy emocionada saliera del baño para mostrarle mi nueva adquisición.
Nada de eso me importo y con cuidado colgue el vestido en mi clóset, esperando con ansias el día de mi cumpleaños, fecha en la que estrenaría el floreado diseño…
A pesar de que hace años me jure no volver a hacer una fiesta bajo ninguna circunstancia, este año estaba convencida de que era lo que deseaba.
No fue hasta que comence a sentir el estrés de tener bajo control cada detalle del evento cuando recorde porque había tomado esa determinación años antes.
La selección del bizcocho, la búsqueda de un lugar económico donde comprar un arreglo espectacular de globos para la mesa principal, la selección de los invitados, el miedo a que no asistiera nadie o a que se juntaran personas que no se podían ni ver y otras tantas cosas que solo le corresponden a Dios manejar, pero que yo siempre creo que puedo y tengo que controlar, me comenzaron a enloquecer.
Una vez armado todo, entre en pánico, creí que todo iba a ser un fracaso y más de tres veces hice el amago de desbaratar el asunto, pero me controle y con más miedo que alegría, la noche esperada, llegue al lugar elegido algo encogida y nerviosa… Solo se me antojaba correr.
Entonces él entro por la puerta y toda mi histeria se evaporo, se llama Alvaro y me hace suspirar desde el primer momento en que lo vi, cuando aún era tan joven que ni podía decir que era una adolescente.
Nunca pense que respondería a mi invitación, menos aún que aparecería en mi fiesta con su sonrisa y su porte de príncipe a felicitarme por haber nacido. Eso fue lo mejor de toda la noche, eso y estar luciendo mi vestido de flores.
Minutos después la atención de mi idealizado príncipe se enfoco en el alcohol y en las piernas de otras chicas a las que se paso la noche bailando y enamorando; nunca más se dirigio a mi en toda la fiesta.
Diferente a lo que imagine, el lugar se lleno de gente y no daba abasto para recibir tantos abrazos y felicitaciones. Más de la mitad de los que estaban allí presentes eran completos desconocidos para mi y de la otra mitad restante solo diez eran realmente cercanos.
Y de aquel montón de personas, solo a uno se le ocurrio sacarme a bailar; yo que había planificado bailar hasta que tuviera que quitarme los zapatos, hasta ese momento estuve penando, huérfana de compañero de baile, por eso me sentí hasta agradecida con aquel samaritano a quien se le ocurrio que yo podría estar deseosa de bailar.
Menos de un minuto después me hizo cambiar de parecer por completo.
No sé si yo no lo seguía o él no me podía seguir a mi, el caso es que no coincidiamos en los pasos y el baile se hizo un ejercicio forzado y sin sentido… Yo solo quería que se terminara el merengue para abandonar aquel insulso vaivén; pero el tema se hizo eterno y yo ninguno de los dos podía disimular el hastio de seguir pasos sin sentido.
Ya eran las 11.30 de la noche y mis esperanzas de que Leonardo apareciera de sorpresa perecieron sin remedio, ni siquiera un minimensaje de él había recibido en todo el día… Yo sé muy bien que él no es un hombre de sorpresas, pero ni aún así logro resignarme a su desatención y a las desilusiones.
Abrumada, frustrada, decepcionada, amargada, eran algunos de los adjetivos que describen como me sentía en el momento en que salí disparada para el baño de la discoteca a llorar sin consuelo y sin que me importara que el maquillaje se me convirtiera en una máscara de payaso triste con la lluvia copiosa de mis penas.
Una vez calmada y un poco más compuesta me prepare para ver el desastre en el que me había convertido al darle rienda suelta a mis emociones y lo que vi en el espejo fue diferente a lo que espere.
Realmente mi vestido de flores era un horror y hasta ese momento estuve engañada pensando en que lucía espectacular, cuando realmente parecía más un robalagallina que otra cosa.
Entonces fue cuando sentí una urgencia de quitarmelo y dejar atras todo lo que había armado solo para lucir el susodicho vestido de flores. Desde antes de entrar a mi casa empece a desabotonarmelo, me lo quite, se lo puse en las manos a mi madre y le dije: “Desaparecelo!, es lo más feo que he visto en mi vida”

lunes, 12 de julio de 2010

Vamos a fingir que los sentimientos no existen


El me confeso que busco la muerte y yo me sentí ofendida, sabía que no estaba mintiendo porque vi las marcas en sus brazos, eran profundas, decididas, pero desacertadas. Por eso hoy sigue vivo, por eso y una especie de milagro. Pero no me atrevo a usar la palabra “milagro” en su presencia, él no cree en esas cosas.
Sé que es muy egoísta, pero más que preocuparme por él, yo me sentí ofendida, creo que aún lo estoy…
Porque en el momento en que penso en dejar de existir, no pensó en mi, en nuestro amor. Y aunque siga siendo un pensamiento egocentrico me duele que lo nuestro no tuviera el peso suficiente para servirle de ancla al mar de la vida.
Me sentí herida, pero lo entiendo; no es un tema que le agrade a la gente hablar, tampoco es fácil de conversar, son de esas cosas que se ocultan para no molestar a los demás, para que no quede un silencio incomodo tras nuestras palabras, para que no se piense que estamos fuera de esa ola “positivista” que arropa el mundo, ahora en mayor medida luego de que un libro llamado “El Secreto”, convenciera a muchos de que los pensamientos positivos tienen el poder de proporcionarte todo lo bueno que desees en la vida…
Conste que no tengo nada en contra de esta filosofía de vida, de hecho siento que es constructiva, busca que nos aferremos a lo bueno; mi unica crítica es que omite otros sentimientos no tan bonitos que tambien son humanos y que por más que queramos, no podemos borrar con repetitivas afirmaciones positivas o fingiendo que no sentimos cosas no muy bonitas por dentro.

La ira, el dolor, la tristeza, la frustración también forma parte de nosotros…
Igual que los pensamientos sobre la muerte, ese tema tan prohibido, desagradable y oscuro.

El estuvo dispuesto a quitarse la vida, pero fracasó en su cometido, y yo no sé si alegrarme de que este aqui a mi lado y me diga que me ama; yo no sé si él habría sido más feliz si se hubiese cumplido su voluntad que ahora teniendo que aferrarse a mi para encontrarle sentido a tantas cosas que no lo tienen.

No me consuela que siga con vida, porque sé que ese alivio solo es otro egoísmo mio solo porque lo necesito para llenar espacios de mi vida, de mi corazón… Mientras yo ignoro lo que realmente pasa dentro de él y el tamaño de su desesperación.

No lo condeno por pensar en no vivir y no lo digo por practicar la tolerancia es por empatía, porque aunque sé que esto pueda espantar a muchos (por ser el tema desagradable y prohibido que es), yo si he pensado en renunciar a la cuota de oxígeno que consumo en el mundo, y mi esperanza no es que haya nada mejor ni peor después de esta vida, solo espero que de verdad no exista nada más cuando todo se termine.

Que la muerte sea realmente muerte y nada más…

Mientras tanto, me toca cargar con sus penas y las mias como un pesado saco sobre mi espalda, no puedo deshacerme de ninguna, ya lo he intentado, estan unidas en un lazo apretado.

Mientras voy fingiendo sonrisas y normalidad, en un descuido la mirada se me pierde y comienzo a pensar en estas cosas que me van consumiendo la razón y el equilibrio… En los momentos menos pensados tropiezo con algun estupido que me etiqueta de aburrida, arrogante o apatica y me llena de ira que la gente quiera obligarme a estar bien, cuando realmente no lo estoy.

Acaso no tengo el derecho a vivir mis tristezas con libertad?

Pero que más da, el mundo es así … Aunque sigan sumandose días en los que no le encuentre sentido a las cosas, mi esperanza es saber que a su debido tiempo todo esto pasara y entonces podre retomar la onda positiva del mundo y sus caretas.