viernes, 2 de abril de 2010

Qué nombre le pondremos matarile rile rile...?


Desde hace más de un año Cinthia y Orlando se ven casi a diario, se llaman más de dos veces al día, comparten besos, abrazos, expresiones afectuosas, salen juntos a todos lados y hasta han servido de soporte el uno para el otro en situaciones difíciles, pero no son novios.
Tampoco son amigos, ni una relación para pasar el rato o solteros, digamos que no hay un estado civil que defina lo que tienen o al menos eso dicen ellos.
Estaban muy felices, con solo verlos juntos quedaba en evidencia, pero Cinthia, de pronto sintio la imperante necesidad de ponerle nombre a lo que tenía con Orlando, por lo que comenzo a lanzar insistentes indirectas que su compañero sentimental esquivo con impresionante habilidad.

El día en que quiso sincerarse y poner las cartas sobre la mesa la cara de su amado se descompuso y con un tono de voz muy serio le explico que no estaba preparado para asumir un noviazgo, se levanto y se fue, dejandola en espera de una llamada, un cambio o simple arrepentimiento.

Y pensar que cuando eramos adolescentes, cualquiera con el que prontamente simpatizaramos le otorgabamos el título de “novio”, sin importar que la relación solo durara dos semanas, que fuera conveniente o que lo que sientieramos fuera real o no.

En ese entonces las cosas no eran tan complejas, no requerían de tanto análisis ni explicaciones, simplemente sucedían y si funcionaban o no era un asunto que se descubría en el camino, nada parecido a los “mil requisitos” y miedos que ahora ponemos de por medio antes de considerar que nombre otorgarle a esa relación que tenemos, con ese alguien que parece especial.

Que en la práctica, indiscutiblemente se trate de una relación sentimental satisfactoria, no sirve de nada cuando se le tiene miedo a las palabras, a los titulos, a sentirse de alguna manera atado, aunque el corazán ya tenga tiempo atado a esa persona…

Un mal incurable de muchos que nos deja con pocas opciones cuando nos involucrados con ellos, solo dos alternativas se presentan ante nosotras: O nos quedamos firmes en nuestra determinación de conseguir que nos otorguen el título de novia o nos hacemos las desentendidas y continuamos viviendo el día a día dandole prioridad a ser felices.

A mi hace tiempo que me dejaron de interesar los títulos o los análisis complicados sobre lo que podría ser o no, en mis cortos años de vida, si algo he aprendido es que igual nadie tiene el control sobre el futuro, ni una cercana idea de las vueltas que dara la vida o lo que sucedera.

De nada me sirve decretar que este o el otro será el amor de mi vida o una emoción pasajera a la que no vale la pena apostarle mucho, cuando hechos inesperados cambian el rumbo de las cosas y te hacen amar, aborrecer o hasta olvidar al objeto de tu afecto…

Yo prefiero dejarle las definiciones al tiempo, vivir el momento y si me nace o no otorgarle el título de “novio” a quien mantiene a mi corazón contento, lo hare sin miramientos al futuro, sin pensar más de la cuenta…

No me interesa tener una palabra para definir mi estado civil, me interesa que en mi corazón y en mi rostro siempre hayan motivos y evidencia de felicidad.




miércoles, 31 de marzo de 2010

Música y pasos de baile


Me gusta bailar, es una de las cosas que más me divierten. No es que sepa como hacerlo o que me considere una experta, sencillamente me gusta. De hecho, sospecho que no me sale tan bien como quisiera porque en más de tres ocasiones diferentes hombres, que han sido mi pareja en la pista, se han detenido y con amabilidad me han solicitado que me deje guiar…
Igual que lo hizo Michael, mi nuevo prospecto amoroso , en los primeros días en que compartimos juntos. En lugar de ofenderme o avergonzarme me dije “el tiene razón, dejalo que te lleve”…
Yo tan acostumbrada a llevar las riendas de todo en mi vida y hasta en la de Leonardo, sabía que iba a tener que hacer un esfuerzo sobrehumano para “dejarme llevar” por Michael, pero al menos quería intentarlo.
No sé como me fue esa noche con el baile pero en mi "nueva" relación la fórmula como que no funciono... Mi nuevo príncipe azul fue asumiendo derechos y roles que jamás le otorgue a nadie y la divertida misión de “transformar” mi vida con su presencia rapidamenre se convirtio en una incomoda realidad.
Las conversaciones pausadas y con cierto sentido no eran su estilo, así que me tuve que conformar con su forma muy particular de comunicarse, que era entre chistes y comentarios pasados de tono.
Mi sensibilidad emocional, así como la costumbre de poder desnudar mi alma sin miedo, de pronto se convirtio en una verguenza, pues no sabe reaccionar ante ninguna de estas situaciones; Desconcertada y algo confundida con respecto a lo que tenía que hacer, me parecio que la más sensatas de las decisiones era anularme, ocultar esa parte de mi… Justa y precisamente esas cosas que me hacen ser Yuyita, pero que no muchos logran entender…
El amor por mis libros, mi mundo de letras y la tranquilidad se fueron por un caño, desde su entrada a mi vida, pues él ya tenía planificado mi tiempo libre y hasta el mi tiempo de obligaciones.
Luego de no sé cuantos años viviendo y haciendo las cosas como mejor me parecía, volví a sentirme custodiada por alguien que se dio la tarea de "reeducarme", indicarme en que cosas estaba mal y todo lo que me faltaba por aprender en la vida...
Y si osaba a quejarme por alguna cosa me decía “ya te acostumbraras”…
Hasta que me pregunte “y por que tengo que acostumbrarme a cosas que no quiero, que no son parte de mi?, por que no se acostumbra él a mi mundo, a mis gustos, sin burlarse, sin huir, aceptandome tal cual soy?”
Que yo tenga una visión y manera diferente de ver y enfrentar las cosas no significa que YO este errada y que tenga que cambiar.
El ya tenía planes conmigo, me quería transformar , yo era su muñeca, él ponía la musica, la fiesta y los pasos de baile, yo simplemente debía seguirlo.
No es por ser rebelde o nada que se le asemeje pero me da la ligera impresión de que yo no soy la mujer que el anda buscando, definitivamente él no es el que busco yo.
Porque un hombre que me haga sentir verguenza de mis sentimientos, de mi manera de ser, con el que tema expresar lo que yo siento, ser tan romántica y hasta absurda (como muchas veces lo soy), no merece mis besos, mucho menos un lugar en mi corazón.
Un corazón muy valioso para un descerebrado controlador.
Tal vez si deba dejarme guiar algunas veces, no querer controlar el mundo todo el tiempo y bailar otras melodías, así como aprender nuevos pasos, esta en mis planes que esto suceda, pero creo que no será Michael quien determine la fiesta, los pasos ni la música, eso es definitivo.

sábado, 27 de marzo de 2010

Un Facebook en el corazón


En mis días de adolescencia, las citas Bíblicas formaban parte de mi cotidianidad por estar en un colegio católico. Tal vez por eso suelo relacionar tantas situaciones cotidianas con alguna de las que aún recuerdo.
Por ejemplo hoy no me sale de la cabeza la parábola sobre la lámpara , aquella que dice “Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de una cama? No, una lámpara se pone en lo alto para que alumbre…”
El hecho no es que hoy me sienta particularmente religiosa, son los reclamos de Leonardo de ser incluido en mi vida virtual, lo que me hacen pensar en esto.

Si porque desde que el Facebook se convirtio en el oráculo de mi generación, se asume que todo lo que realmente te importa debe de estar en el mismo y como Leonardo no aparece en el mio, da la impresión de que no existe para mi y el exige una explicación.

Al contrario de muchas otras parejas, a las cuales confieso envidiar a más no poder, mi estado civil no dice “en una relación”, mucho menos indica el nombre de mi tormentoso amor y mis fotos tratan cualquier tema o evento, pero en ninguna figura él, como lo hacia hace años en mi habitación de adolescente, donde un portaretrato justo al lado de mi cama lo llevaba en el centro, provocandome suspiros y besos que fueron deteriorando la imagen .

Foto que hoy descansa guardada en mi cajita de recuerdos más preciados, justo en el primer nivel de mi abarrotado librero.

Quise tener argumentos para responderle algo convincente, que no lo hiriera, que no le hiciera pensar lo peor, pero no se me ocurrio nada.

La verguenza no es la razón, la estrategia de parecer siempre soltera tampoco, menos la intención de ocultar lo que tenemos, pero nuestra relación tampoco es una lámpara que puede iluminar una habitación.

Entre los dos hay miedo, inseguridades, inestabilidad y hasta un poco de dolor guardado, solo para aquellos momentos en que las crisis afloran y los agravios tienen licencia…

Y aunque nada de eso se vea en una simple foto o con cambiar el estado civil a “en una relacion”, me sentiría hipocrita si un día llena de ira o con el corazón hecho cuadritos nos veo a los dos sonriendo, pareciendo una pareja feliz, como si nada de lo que nos decimos cuando llegamos al punto de no soportarnos, hubiese atravesado mis oídos o lo que es peor… Mi corazón.

Ningun otro estado civil describe mejor nuestra relacion como “it’s complicated”, porque realmente lo es… No podemos estar juntos porque nos matamos, ni estar separados porque nos morimos…

Hoy me desperte dandole vueltas a este insignificante asunto cibernetico y me llevo la sorpresa de haber sido borrada de su lista de amigos en Facebook, o sea, que no tengo acceso a su cuenta y él no puede ver la mia… Luego confirme que tampoco estoy en ninguna de sus fotografías…

Y fue así como de repente Yuyita salio del sistema de Leonardo, sin avisos, sin escándalos, sin deseos de revancha, solo con la simple voluntad de ser borrada para siempre… Dejándome con las inmensas ganas de tener un facebook en e l llugar del corazón y con igual facilidad borrarlo de mi lista de “amigos” hasta el final de los tiempos…

sábado, 20 de marzo de 2010

Otra manera de ser feliz...


De acuerdo a un estudio estadounidense el 58 % de las mujeres ha sido infiel, de estas más del 38 % confeso haberlo hecho por una crisis de pareja, la segunda razón la ocupa el deseo de tener experiencias nuevas en un 20% , en tercer lugar la insatisfacción sexual con un increible 15 % (!hay que ver que somos tontas y resignadas!), solo uno de cuatro hombre se percata de la infidelidad y en un 40 % reaccionan de manera violenta y tormentosa.
De acuerdo a la opinión de muchos hombres la liberación que nos ha dado el tener una profesión y ganar nuestro propio dinero nos ha hecho olvidar los valores que antes nos caracterizaban, o sea… El de ser fieles por obligación y tener una actitud resignada ante las deslealtades de la pareja, porque hasta nuestras madres continuan diciendo que ser infiel forma parte de la naturaleza masculina... Y yo hasta creo que es verdad.
Porque los hombres engañan por engañar, hacen por hacer, sin pensar, sin sopesar, sin medir consecuencias… Las mujeres no.
Y aqui empieza mi historia…
Aquel día me desperte sintiendo inmensos deseos de ser infiel, yo la correctisima Yuyita Flores, la que nunca comprendio ese sentimiento y siempre lo condeno, ahora lo llevaba dentro de mi y no tenía el más minímo deseo de espantarlo.
Mi amiga Lolita ya era toda una experta en esos afanes, después de haber vivido en carne propia la más grande de las desilusiones, habia dejado engavetado su vocación a la fidelidad y cada vez que coincidia con el interés aventurero de algun galan le daba rienda suelta a sus impulsos.
Yo siempre escuche sus historias preguntandome para mis adentros que se requería para poder ser así, para dejar a un lado todo lo que había en mi cabeza y en mi corazón que me impedian hacer algo semejante.
Por eso pense en Lolita esa mañana, me imagine lo feliz que se sentiría al ver que abandonaba decididamente mi rol de novia sufrida para dejarme llevar por la emoción de un romance.
La situación con Leonardo era un caso sin remedio, la desilusión y sus ausencias fueron ahuecando mis sentimientos, hasta me sorprendí maldiciendo el dia en que decidí volver a sus brazos…
Tantos sentimientos reprimidos, estaban a punto de hacer explosión dentro de mi, por un momento dude y considere esperar la cordura, pero aunque la cordura llegara el amor y el deseo perdido no regresarían con ninguna magia, suceso milagroso o brujería.
No había nada que hacer, excepto intentar ser feliz de otra manera.
Michael tenía meses buscando mi atención de todas las formas imaginables, pero yo estaba demasiado ocupada esperando que pasara el tiempo y sucediera un milagro con Leonardo como para prestarle atención, hasta ese día en que sus historias me desconectaron del mundo y me sorprendí sintiendome feliz, tranquila y a gusto a su lado
Desde entonces me cuesta sacarmelo de la cabeza y aunque la prudencia me mantenia en control, esa mañana yo desperte queriendo meter a la prudencia en una caja, ponerle candado y lanzarla al mar.
Lo cite para vernos esa noche, yo estaba nerviosa, pero al menos no temblaba como él…
Su veneración hacia mi era algo con lo que ya no estaba familiarizada, las sensaciones del simple roce de sus manos con las mías me hacian sentir estallidos en el alma, finalmente se le hacía justicia a mi corazón y casi lloro de la emoción al darme cuenta que en mi vientre revoloteaban felices las mariposas que crei muertas, yo queria parar el mundo en aquel instante y ponerle “Fin” como en las películas para que ninguna otra cosa dañara el futuro.
No paso nada y paso de todo a la vez, la verdad es que era la medida justa de lo que necesitaba.
Ni siquiera se si califique de “infidelidad” y para ser sincera me importa un comino, a partir de ese día yo lo unico que quiero es ser feliz…

P.S. Para que no te quejes de mi Keyla Santana arias Juliana... Aqui esta la famosa historia que tanto esperaste... Gracias por estar ahi para mi, te quiero!!!

lunes, 22 de febrero de 2010

¿Todos los hombres son iguales?


Toda mi vida he escuchado a muchas mujeres decir con cierta amargura, “Todos los hombres son iguales.” Por muchos años no estuve de acuerdo con esta afirmación hasta que mis experiencias sumadas a los relatos tan increiblemente parecidos a los míos me convencieron de que la expresión era una sentencia tan comprobable y exacta como cualquier ejercicio matemático.
El inacabable deseo sexual, la fascinación por los deportes, la obsesión con sus automoviles, videojuegos y novedades tecnológicas, el sagrado lazo con tienen con sus amigos (algo que defienden a morir), su apatía por las compras, los aniversarios o fechas que impliquen algun tipo de romanticismo, la habilidad que tienen para hacernos barbaridades y luego venir como el perro arrepentido… Con el hocico partido y el rabo entre las piernas a pedir perdón y prometer un cambio o un “te amo”, son características que definen a la mayoría de los representantes del sexo masculino. Hasta el más santo e inofensivo de los hombres comparte el extraño e inexplicable síndrome que convierte a las “aventuritas” en tentaciones completamente imposibles de resistir que suelen justificar con ambiguas explicaciones que incluyen un "de verdad no sé lo que me paso", en conclusión ninguno parece tener la capacidad para aguantar el deseo de echar “una canita al aire”, simplemente porque son hombres, porque la sociedad se los permite y porque la mujer que tienen (la oficial) al final de cuenta los terminara perdonando tras par de escenitas dramáticas donde lloren y juren arrepentimiento.
Mientras que a nosotras parece no quedarnos otra alternativa más que compartir nuestras desgracias unas con otras mezclando el humor con nuestro dolor de manera ingeniosa y dandonos cuenta de que nuestras historias no son para nada asombrosas u originales, mas bien bastante comunes y repetitivas…
Por esa razón Gabriela me dijo que aunque los problemas en su muy joven matrimonio superaban por millas los momentos de felicidad, ella prefería seguir con un malo conocido que un bueno por conocer, pues si buscaba otro, tarde o temprano iba a terminar con la misma desilusión.
Sorprendentemente yo no proteste ni sentí el impulso de contradecir sus ideas, de hecho coincidía con ella. Es que la desilusión entre las mujeres que conozco abunda de tal manera que ya lo considero una epidemia.
Las relaciones son complicadas, los hombres no logran comprender nuestro universo de sentimientos, nosotras no podemos entender sus reacciones tan básicas, instintivas y desacertadas. Es como si nos hubieran creado para hacernos la vida especialmente dificil, para que nos la pasaramos tratando de buscar fórmulas para encajar, para soportarnos, comprendernos al mismo tiempo que buscamos esa emoción y sensación de estar en el paraíso que solo se siente esporadicos momentos luego de que pasan los primeros años de relación.
O para que aprendieramos a resignaramos con lo que nos toco vivir porque al parecer el asunto de que todos los hombres son iguales y no hay manera de cambiarlos, es una verdad tan implacable como la misma muerte de la que ninguno de nosotros tiene escapatoria.
Y pensar que nos afanamos tanto para no estar solas y decir orgullosas que tenemos pareja, pero cuando ellos estan a nuestro lado, la realidad va desprendiendo con paciencia las plumas de las alas que mantienen volando a nuestro corazón, dejandolo caer sin remedio.
Sin importar lo que yo o nadie pudiera decir Gabriela habia decidido su destino o al menos así parecía hasta el día en que una solicitud de amistad en facebook le cambio el rostro y quebranto su recién tomada determinación. La pantalla de su ordenador decía que Eduardo Mármol quería ser su amigo en Facebook y le daba la opción de aceptar o ignorarlo.
Eduardo había sido un amor pasado, uno de esos que terminan por situaciones ajenas a la voluntad de ambas partes, pero que se quedan clavadas en el muro de asuntos pendientes del corazón. Tenían años sin verse pero el mismo deseo de saber del otro, de estar juntos. Ella acepto la invitación en facebook y desde entonces cada día le pesa más compartir el techo, el baño, la cama y la vida con su marido, el mismo al que le había jurado amor eterno frente a la imagen de una vírgen en una iglesias católica, el mismo que la hacia llorar con sus desplantes, el mismo que la insultaba cada vez que tenían una pelea...
Un viejo amor le recordó los sueños que una vez tuvo de ser feliz, cuando todavía ignoraba las complicaciones que traen consigo las relaciones sentimentales, cuando ni siquiera imaginaba alguna vez pudiera aguantar tantas cosas resguardandose con el argumento de que todos los hombres son iguales… Y fue así como la Gabriela que conocí en mi adolescencia volvio a nacer, decidida y feliz nos anuncio que esta resuelta a divorciarse y a darle una nueva oportunidad a ese amor de la juventud que le había hecho despertar de su pesadilla.
Probablemente en esencia, todos los hombres sean iguales pero definitivamente no todos nos hacen sentir igual...

lunes, 15 de febrero de 2010

Gente para querer


Hoy mi mente se transportó a uno de mis últimos días como estudiante de secundaria, uno en el que la profesora de religión hacia una reflexión sobre ser mejores personas; mientras hablaba miraba sin discreción a algunos de los chicos de la clase que habian creado fama en aspectos negativos, enfocandose sin disimulo específicamente en una joven.
Por primera y única vez en la vida, la chica rebelde que todos conocíamos y a la que sin duda se dirigía la profesora, abandonó su coraza frente a todos y dijo en voz pausada: “Yo quisiera ser buena de verdad, pero es que a mi me han traicionado tanto que no puedo”.
Aquellas palabras me parecieron cargadas de un exagerado dramatismo y un gran desconocimiento de mi compañera sobre la realidad de la vida ( que por alguna tonta razón creía que yo lograba comprender con tan solo 16 años), por lo que no me pude aguantar y exclame: “Y que persona puede darse el lujo de decir que nunca ha sido traicionado?, eso nos pasa a todos!”.
Sin embargo, hoy me siento igual de dramática que aquella rebelde compañera escolar.
Hoy pienso en esto porque perdí una amiga y confieso que la experiencia me desmoronó.
Fisícamente aún existe, Martha es solo una más que se agrega a la variada lista de fracasos y traiciones que incluyen casos como el de Milagros, quien a pesar de tener solo 10 años ( y yo 9) buscó mi amistad para proponerme hacer una fiesta de Halloween en su casa, yo al ser nueva en la escuela y completamente ajena de sus verdaderas intenciones seguí su juego y compre cada cosa de la lista que me entregó para colaborar con la dichosa celebración. Tan inocente fuí que no me percate de que nadie más aporto nada para la actividad, solo reaccione luego de que Milagros me retirara la palabra para siempre, sin ninguna razón, y se convirtiera en mi mayor enemiga dos días despues del evento hasta el sol de hoy.
O como el caso de Marianita a quien decidí sacar de mi vida luego de darme cuenta que en cada uno de nuestros encuentros descargaba todas sus emociones e historias sin darme chance siquiera de decir un simple “si”, o un “ok”, muchisimo menos de tener un turno en la conversación donde pudiera hablar de mi.
O mi efímera amistad con Laurita, quien me convirtió en su confidente hasta el día en que contrarie sus pensamientos, explicandole por que se había equivocado en la manera en que manejo una situación con su novio. Sin explicaciones ni más, simplemente me retiro la palabra.
Claro que esto no se compara con Estefanía, quien luego de ser mi “super amiga” se enredo con el que fue mi novio en la adolescencia, para luego pedirme con toda la naturalidad y calma del mundo que no tomara en cuenta aquel insignificante encuentro amoroso porque no había representado nada para ninguno de los dos.
Lo de mi amiga (si es que todavia le puedo llamar así) Martha tal vez no sea más grande que los sucesos que recién mencione, pero de igual manera logro romperme el corazón.
Se convirtió en mi amiga cuando ambas estabamos en sexto curso, en aquel entonces ella vivía en uno de los barrios más calientes de la capital, con una situación económica tan complicada que logro conmover a las monjas que manejaban la escuela al punto de permitirle estudiar gratis en el recinto, con la condición de que mantuviera las calificaciones sobre los 80 y un buen comportamiento.
Desde que nos conocimos tuvimos buena química y nos mateníamos juntas la mayor parte del tiempo, cuando llegaban los paseos o los planes para salir en grupo su preocupación se convertía en mi problema, pues ambas sabíamos que ella no poseía los recursos para seguirnos el ritmo en este sentido; más nunca fue un impedimento para que no pudiera disfrutar de las actividades que se organizaban dentro y fuera de la escuela. Mi ropa, mi pc, mis libros, mi dinero, mi confianza, mi sincera amistad, todo siempre fue asequible para ella.
Más todo aquello al parecer se transformó en aire y nubes en la mente de Martha tan pronto como encontro la oportunidad de casarse con un hombre que, aunque fuera 35 años mayor que ella, tenía un respetable cargo en el gobierno, las acciones mayoritarias de varias empresas y una abultada cuenta bancaria no solo en el país, tambien en varias naciones europeas, entre otros lujitos más.
La ví y me costo indentificarla, lucía como una señora distinguida llena de joyas y ropa cara.
Feliz de haberla encontrado pasados tres años desde nuestro último encuentro, la nombré entusiasmada mientras me acercaba con los brazos extendidos, ella miro hacia los lados, evidentemente avergonzada y esquivo mi abrazo, humillandome frente a todo el que me escucho decir su nombre con emoción y caminar a su encuentro en plena plaza comercial.
"Te conozco?", me preguntó mientras me dirigía una mirada fría, según yo, también injusta.
Sabía que era ella porque tenía la marca de una profunda herida en su brazo que nos llevo a ambas a la espantosa sala de emergencia de un hospital, ella por la gravedad de la herida y yo para no dejarla sola mientras llegaba su familia, además de la pequeña mariposa que tenía tatuada en la pierna derecha y que me oculto hasta el día de la graduación, la cual sus finas zapatillas en piel y falda plisada a la rodilla dejaban al descubierto, así como el indomable rizo que siempre llevo en la frente y con el que intentamos tratar usando todo tipo de productos.
Pero ella me negaba, el matrimonio con el super empresario/funcionario público le había provocado una fuerte amnesia, que me cuesta comprender.
No me quedo otra alternativa que disculparme por haberla confundido con otra persona y alejarme presurosa ante la mirada de varios curiosos que presenciaron la bochornosa escena.
A veces olvido porque me cuesta cada vez más hacer amigos, socializar, confiar en la gente, permitir que me importen las personas y es que también se me olvida no olvidar estos casos, se me olvidan las cosas que hacen que el corazón se insesibilice con el paso del tiempo y que hace cada vez más difícil encontrar gente para querer…


lunes, 8 de febrero de 2010

!Ojala se muera el maldito San Valentin!


“Ojala se muera el maldito San Valentin!” gritó Lady sin ningún reparo en medio de la universidad, luego de que le preguntara muy inocente “Oye y que tienes pensado para celebrar este San Valentín?”.
Era obvio que el tema no era muy agradable para mi compañera de clases y para ser sincera, este año, para mi tampoco lo es…
No es que no quiera celebrarlo o que le tenga odio, (como muchos que le declaran la guerra al santo del amor y hasta se proponen vestirse intencionalmente de negro ese día demostrando así su rechazo con la fecha), es que cada vez que pienso en las palabras de Leonardo siento como se me encoge el estómago y se me revuelve el alma.
Me dijo que no hay dinero para eso y que no esta en hacerle coro a los comerciantes, porque en resumidas cuentas todo la bulla del día del amor y la amistad no es más que una estrategia de marketing…
A mi me da tres pepinos que eso sea verdad como que no lo sea, no me importa ser una más del montón en ese sentido, ser la mas corriente de las mujeres, la más ilusa o como quieran llamarme, pero a mi sí me gusta y me importa mucho San Valentín. Me emocionan los arreglos florales, los inutiles peluches que dicen “Te amo”, vestirme con algo rojo, blanco o rosado el 14 de febrero y ver como la mayoría de las personas se combinan de manera automática buscando las prendas en sus armarios que tengan estos colores para lucirlos ese día en particular.
El solo pensar que este año me tocaría ser una espectadora de los grandiosos detalles de otros hombres con mis amigas, familiares y conocidos, me provoca una tristeza que aunque sé es absurda, no deja de ser real.
Cuando encontre a mi amiga Lolita la tarde del jueves, pensé que necesitaría de un psiquiatra y fuertes antidepresivos para superar mi frustración.
Lolita caminaba como subida en una nube porque tan pronto como llegara el sábado se marcharía de fin de semana con su amor para un exclusivo hotel de Samaná, ese era el regalo que su romántico amado había escogido para ella y se lo hizo saber esa tarde en una tarjetita que acompañaba la docena de rosas blancas y que combinaban con el vestido playero de lino que llego envuelto en una caja de regalo junto con las flores.
Me quería morir cuando me lo conto.
Lolita con un hombre daba la vida por ella y yo con un espécimen que sin ninguna culpa mandaba el romance de vacaciones de manera indefinida.
Cuando mi amiga se percato de mi desgano y le explique mi situación se quedo mirandome con ojos incrédulos y me dijo “Y no será que te esta preparando una super sorpresa y te dijo eso para despistarte?”
Y fue así como me invadió nuevamente la esperanza, pues ni siquiera había considerado esa opción…
La verdad es que Leonardo nunca ha sido un hombre de dar sorpresas, de hecho la única sorpresa que recuerdo haberme llevado con él fue cuando descubrí que me había dejado por irse con una rubia que estaba 30 veces más buena que yo…
Pero, tal vez Lolita tenía razón,él que esta consciente de lo importante que siempre ha sido para mi San Valentin, no podía ser capaz de hacerme algo tan desalmado como ignorarlo y no hacerme nada.
Convencida de esto fui a su apartamento aquella noche buscando algún indicio de regalo (aprovechando la incapacidad de los hombres de ocultar bien las cosas), le pedí diferentes cosas para que saliera de la habitación y me diera tiempo a revisar pero no fue hasta el tercer vaso de agua que fue a buscar a la cocina cuando pude divisar un paquete cuadrado dentro de una funda debajo de su cama, ahí lo confirme.
Leonardo me había preparado una sorpresa y yo no podía quedar mal en este asunto, tenía que inventarme algo rápido para también tener algo que regalarle, por eso la misión del siguiente día fue salir en busca del detallazo que compensara un poco lo que me imaginé me prepararía.
Estando en la tienda me deje llevar por la emoción y gaste tres mil pesos en diferentes cosas para él.
El esperado día fui al salón a primera hora, como de costumbre me puse una blusa roja y espere su llamada desde muy temprano…
A las tres de la tarde no resistí más y lo llame, me respondió más dormido que despierto y me dijo que me llamaría en un rato. A las siete de la noche todavía no me devolvía la llamada, mis expectativas se transformaron en ansiedad, pronto me fue subiendo la temperatura y mi paciencia cayó en cero.
Una hora después Leonardo apareció en mi casa en look dominguero, con pantalones cortos, zapatillas playeras, una gorra y las manos vacías, me pregunto como había sido mi día, me dio un beso en la mejilla y sin esperar respuesta se sentó en el mueble hipnotizado por la televisión.
Me sente a su lado esperando el momento en que me diría que todo habia sido un engaño, me besara y me dijera “Feliz dia de San Valentín mi amor!”…Pero eso nunca sucedio esa noche. Ni siquiera cuando al despedirse de mi, le entregara, con evidente enojo, el regalo que le había comprado y le dijera con ironía “Feliz día de San Valentín”.
Mi desilusión era inmensa, su cara de culpa era indescriptible, sin embargo ambos preferimos no darle mas vueltas al asunto y dejar morir el día sin poner ninguna resistencia.
Esa noche lloré como nunca, pero me prometí no contarle a nada a nadie ni tratar el tema con él.
El inicio de un agitado lunes me sería más que suficiente para olvidar la triste ocasión en que me ilusione con una sorpresa inexistente. Pero al llegar aquel lunes dos rídiculas y muy económicas tazas con un “te amo” dibujado en letras rojas me recibieron en mi escritorio como burlandose de mi.
Tenían una nota de Leonardo que decía “Yuyita, feliz dia de San Valentin”…
No sabría describir lo que se apoderó de mi en ese momento, solo sé que me escuche decir en voz alta “Ojala se muera el maldito San Valentin!”