sábado, 17 de julio de 2010

El vestido de flores


Desde que me probe el vestido de flores me enamore de él y ni siquiera la sospecha de que era una pieza realmente fea me hizo dejarlo colgado en la tienda tal y como lo encontre. Mis primas no hicieron comentario alguno cuando se los mostre en el probador; las ignore, al igual que ignore la mueca que hizo mi madre cuando me lo vio puesto en la casa, luego de que muy emocionada saliera del baño para mostrarle mi nueva adquisición.
Nada de eso me importo y con cuidado colgue el vestido en mi clóset, esperando con ansias el día de mi cumpleaños, fecha en la que estrenaría el floreado diseño…
A pesar de que hace años me jure no volver a hacer una fiesta bajo ninguna circunstancia, este año estaba convencida de que era lo que deseaba.
No fue hasta que comence a sentir el estrés de tener bajo control cada detalle del evento cuando recorde porque había tomado esa determinación años antes.
La selección del bizcocho, la búsqueda de un lugar económico donde comprar un arreglo espectacular de globos para la mesa principal, la selección de los invitados, el miedo a que no asistiera nadie o a que se juntaran personas que no se podían ni ver y otras tantas cosas que solo le corresponden a Dios manejar, pero que yo siempre creo que puedo y tengo que controlar, me comenzaron a enloquecer.
Una vez armado todo, entre en pánico, creí que todo iba a ser un fracaso y más de tres veces hice el amago de desbaratar el asunto, pero me controle y con más miedo que alegría, la noche esperada, llegue al lugar elegido algo encogida y nerviosa… Solo se me antojaba correr.
Entonces él entro por la puerta y toda mi histeria se evaporo, se llama Alvaro y me hace suspirar desde el primer momento en que lo vi, cuando aún era tan joven que ni podía decir que era una adolescente.
Nunca pense que respondería a mi invitación, menos aún que aparecería en mi fiesta con su sonrisa y su porte de príncipe a felicitarme por haber nacido. Eso fue lo mejor de toda la noche, eso y estar luciendo mi vestido de flores.
Minutos después la atención de mi idealizado príncipe se enfoco en el alcohol y en las piernas de otras chicas a las que se paso la noche bailando y enamorando; nunca más se dirigio a mi en toda la fiesta.
Diferente a lo que imagine, el lugar se lleno de gente y no daba abasto para recibir tantos abrazos y felicitaciones. Más de la mitad de los que estaban allí presentes eran completos desconocidos para mi y de la otra mitad restante solo diez eran realmente cercanos.
Y de aquel montón de personas, solo a uno se le ocurrio sacarme a bailar; yo que había planificado bailar hasta que tuviera que quitarme los zapatos, hasta ese momento estuve penando, huérfana de compañero de baile, por eso me sentí hasta agradecida con aquel samaritano a quien se le ocurrio que yo podría estar deseosa de bailar.
Menos de un minuto después me hizo cambiar de parecer por completo.
No sé si yo no lo seguía o él no me podía seguir a mi, el caso es que no coincidiamos en los pasos y el baile se hizo un ejercicio forzado y sin sentido… Yo solo quería que se terminara el merengue para abandonar aquel insulso vaivén; pero el tema se hizo eterno y yo ninguno de los dos podía disimular el hastio de seguir pasos sin sentido.
Ya eran las 11.30 de la noche y mis esperanzas de que Leonardo apareciera de sorpresa perecieron sin remedio, ni siquiera un minimensaje de él había recibido en todo el día… Yo sé muy bien que él no es un hombre de sorpresas, pero ni aún así logro resignarme a su desatención y a las desilusiones.
Abrumada, frustrada, decepcionada, amargada, eran algunos de los adjetivos que describen como me sentía en el momento en que salí disparada para el baño de la discoteca a llorar sin consuelo y sin que me importara que el maquillaje se me convirtiera en una máscara de payaso triste con la lluvia copiosa de mis penas.
Una vez calmada y un poco más compuesta me prepare para ver el desastre en el que me había convertido al darle rienda suelta a mis emociones y lo que vi en el espejo fue diferente a lo que espere.
Realmente mi vestido de flores era un horror y hasta ese momento estuve engañada pensando en que lucía espectacular, cuando realmente parecía más un robalagallina que otra cosa.
Entonces fue cuando sentí una urgencia de quitarmelo y dejar atras todo lo que había armado solo para lucir el susodicho vestido de flores. Desde antes de entrar a mi casa empece a desabotonarmelo, me lo quite, se lo puse en las manos a mi madre y le dije: “Desaparecelo!, es lo más feo que he visto en mi vida”

lunes, 12 de julio de 2010

Vamos a fingir que los sentimientos no existen


El me confeso que busco la muerte y yo me sentí ofendida, sabía que no estaba mintiendo porque vi las marcas en sus brazos, eran profundas, decididas, pero desacertadas. Por eso hoy sigue vivo, por eso y una especie de milagro. Pero no me atrevo a usar la palabra “milagro” en su presencia, él no cree en esas cosas.
Sé que es muy egoísta, pero más que preocuparme por él, yo me sentí ofendida, creo que aún lo estoy…
Porque en el momento en que penso en dejar de existir, no pensó en mi, en nuestro amor. Y aunque siga siendo un pensamiento egocentrico me duele que lo nuestro no tuviera el peso suficiente para servirle de ancla al mar de la vida.
Me sentí herida, pero lo entiendo; no es un tema que le agrade a la gente hablar, tampoco es fácil de conversar, son de esas cosas que se ocultan para no molestar a los demás, para que no quede un silencio incomodo tras nuestras palabras, para que no se piense que estamos fuera de esa ola “positivista” que arropa el mundo, ahora en mayor medida luego de que un libro llamado “El Secreto”, convenciera a muchos de que los pensamientos positivos tienen el poder de proporcionarte todo lo bueno que desees en la vida…
Conste que no tengo nada en contra de esta filosofía de vida, de hecho siento que es constructiva, busca que nos aferremos a lo bueno; mi unica crítica es que omite otros sentimientos no tan bonitos que tambien son humanos y que por más que queramos, no podemos borrar con repetitivas afirmaciones positivas o fingiendo que no sentimos cosas no muy bonitas por dentro.

La ira, el dolor, la tristeza, la frustración también forma parte de nosotros…
Igual que los pensamientos sobre la muerte, ese tema tan prohibido, desagradable y oscuro.

El estuvo dispuesto a quitarse la vida, pero fracasó en su cometido, y yo no sé si alegrarme de que este aqui a mi lado y me diga que me ama; yo no sé si él habría sido más feliz si se hubiese cumplido su voluntad que ahora teniendo que aferrarse a mi para encontrarle sentido a tantas cosas que no lo tienen.

No me consuela que siga con vida, porque sé que ese alivio solo es otro egoísmo mio solo porque lo necesito para llenar espacios de mi vida, de mi corazón… Mientras yo ignoro lo que realmente pasa dentro de él y el tamaño de su desesperación.

No lo condeno por pensar en no vivir y no lo digo por practicar la tolerancia es por empatía, porque aunque sé que esto pueda espantar a muchos (por ser el tema desagradable y prohibido que es), yo si he pensado en renunciar a la cuota de oxígeno que consumo en el mundo, y mi esperanza no es que haya nada mejor ni peor después de esta vida, solo espero que de verdad no exista nada más cuando todo se termine.

Que la muerte sea realmente muerte y nada más…

Mientras tanto, me toca cargar con sus penas y las mias como un pesado saco sobre mi espalda, no puedo deshacerme de ninguna, ya lo he intentado, estan unidas en un lazo apretado.

Mientras voy fingiendo sonrisas y normalidad, en un descuido la mirada se me pierde y comienzo a pensar en estas cosas que me van consumiendo la razón y el equilibrio… En los momentos menos pensados tropiezo con algun estupido que me etiqueta de aburrida, arrogante o apatica y me llena de ira que la gente quiera obligarme a estar bien, cuando realmente no lo estoy.

Acaso no tengo el derecho a vivir mis tristezas con libertad?

Pero que más da, el mundo es así … Aunque sigan sumandose días en los que no le encuentre sentido a las cosas, mi esperanza es saber que a su debido tiempo todo esto pasara y entonces podre retomar la onda positiva del mundo y sus caretas.

sábado, 3 de julio de 2010

El estigma


Su hija mayor se casó y en la fotografía de la boda ella sale luciendo tan impecable y bien puesta como la recuerdo haber visto siempre.
Cuando yo era niña quería ser su hija, deseaba vivir en su casa tan bellamente acomodada, sin tumultos de ropa en las esquinas, exceso de adornos baratos y sin sentido como los que había en mi casa.
A pesar de que suene muy ingrato, yo crecí deseando ser su hija, ser parte de esa familia que yo veía tan feliz.
Llevo más de un minuto contemplando la imagen de la boda y me pasan tantas cosas por la mente; aún no me deja de impactar lo que en mi preadolescencia llegue a saber de ellos...
Todas las tardes a las 4.45, doña Martha dejaba a sus dos hijas bañaditas, bien peinadas y con la merienda lista, para irse a encontrar con el dueño de uno de los colmados del barrio a solas.
Siempre regresaba dos horas después un poco más que feliz y lista para preparar cena y seguir la rutina propia de su vida.
No, no era una mujer aburrida en busca de un poco de diversión o de apasionados instintos insatisfechos.
Era una mujer que vio su mundo desmoronarse de tantas maneras, tantas veces, luego de casarse que al encontrar un escape, lo vio como un salvavidas tras un naufragio.
Aquel educado hombre de gran simpatía y honorabilidad que era su esposo, cuando entraba a su hogar se transformaba en un dictador frio y exigente para el cual todo debía estar perfecto, desde el orden de los productos en la nevera, hasta el brillo de los bordes en los cuadros.
El la respeto hasta el día en que su amante llamo a la casa para comunicarle a Martha que sus hijas tendrían pronto un hermanito, porque estaba embarazada. En aquel momento se desataron episodios que marcaron a cada uno de los integrantes de esa familia, hasta a mi que solo era su pequeña vecinita que los admiraba a morir.
La violencia se integro a su dinámica diaria, las ofensas, las agresiones, las culpas, los objetos volando y los gritos se convirtieron en el pan de cada día.Queriendolo o no todo el vecindario escuchaba sus pleitos, muchos con morbo y entre risas, otros preocupados y tristes… Como yo.
El amenazaba con irse, ella con quitarse la vida, llegaron a fracturarse huesos, a cortarse, a hacerse visibles moretones… Hasta que un día finalmente, él recogio sus cosas y se marcho.
Ella quiso cumplir su promesa y se bebio todas las pastillas que encontro en el botiquín. Fue mi familia quien la auxilio llevandola al hospital y quien le ofrecio soporte y distracciones en los siguientes meses en los que se recupero satisfactoriamente.
Cuando el decidió regresar, solo tuvo que atravesar la puerta de entrada con sus cosas, no encontro ninguna objeción, reclamo o argumento. Ella siguio su vida pretendiendo que nada sucedio, pero cuando aquel prospecto amoroso aparecio y se convirtio en una posibilidad, no lo penso ni una vez y se enredo en una aventura que no supero el año pero que fue tiempo suficiente para que todos (menos su esposo) se enteraran.
Por eso se gano que en el barrio la calificaran con adjetivos ofensivos y se convirtiera en uno de los temas inmortales del sector.
A mi me dolio la primera vez que escuche lo que decían de ella, y aunque hace más de una década que no somos vecinas, me sigue doliendo igual, creo que un poco más porque ahora soy capaz de comprenderla.
No es que justifique su falta o considere que fue justo, es que ahora sé lo que es estar en una situación desesperada y tratar de continuar con tu vida luego de que un acontecimiento fuerte te devaste el alma… Las cosas nunca son iguales, jamás vuelves a ser el mismo.
Menos cuando las manos que tantas veces sostuvieron las tuyas y se encariñaron con tu piel, te impactan con violencia cada parte que sus labios recorrieron con besos.
Adicionado a la desesperación, la decepción y el miedo, estas ante una bomba emocional lista para explotar en el momento y de la manera menos pensada…
Para mi doña Martha sigue siendo admirable, a mis ojos no tiene mancha alguna. A sus hijas les dio todo para que fueran mujeres de bien y las encamino con éxito a la adultez; a su marido lo tolero y amo a pesar de los pesares. Antes y después de su efímero y único romance, dio lo mejor de sí para hacer lo que se dice que toda madre y esposa debe hacer por su familia: sacrificarse.
Más esto parece invisible para el resto del mundo para quien ella siempre tendrá el estigma de ser “la esposa infiel”…
Yo no la juzgo, jamás lo haré.

jueves, 24 de junio de 2010

Estoy aqui solita

Una de mis canciones favoritas de todos los tiempos... Rosario Flores en un tema, segun yo, hiper mega sexy...
Aqui estoy yo, aqui solita, pensando en ti comiendome la cabecita, no puedo mas me voy pa'fuera, pa' ver si el aire me quita la borrachera... Me matas y no lo puedo remediar que no, yo se que yo no estoy equivocaaaa

miércoles, 23 de junio de 2010

Consejos inutiles


Yo deje de oir consejos, fue una decisión personal… Tampoco creo en los psicólogos o religiosos, ambas cosas las intente para darme cuenta de que la respuesta siempre estaba en mi y que no tan a final de cuentas sus consejos tenían la finalidad de llevarme por donde a ellos les convenía; al padre para hacerme sentir culpable y motivarme a "colaborar" con la iglesia y el psicólogo para extender lo que se pudiera el número de sesiones y así poderme sacar más y más dinero.
Luego de pasar por tres psicólogos y cuatro líderes espirituales (de tres diferentes religiones) fue que comprendí que buscaba respuestas en personas que no me podían ayudar y a las que sin entender por qué, no les era del todo sincera.
A quienes si les contaba las cosas con lujos de detalle tampoco fueron muy útiles, de hecho, me confundieron más y hasta me desmoralizaron.
Como aquel día en que Dorita me dijo que debía de cambiar mi manera de ser o ningún hombre además de Leonardo, iba a ser capaz de quererme.
O el día en que me deje convencer de que me estaba perdiendo de uno de los placeres más grandes de la vida por no beber alcohol, así que me deje llevar y bebí tres vasos de vodka por los que luego pase dos días luchando con un malestar estómacal insoportable.
O cuando quise complacer a mi madre, que llevaba años diciendome que el rubio era mi color de pelo. Al poco tiempo de teñirme vi como mi cabellera se rebelaba ante el drástico cambio y comenzo a salirse en grandes cantidades, sin que hubiera otra cosa que pudiera hacer además de cortarlo casi por completo y sufrir la espera del crecimiento.
Cuando anuncie lo que deseaba estudiar en la universidad, más de un ceño fruncido, silencios incomodos y comentarios desalentadores recibí como respuesta; inclusive, una de mis más cercanas amigas se me acerco con cara de preocupación y me dijo que me quería tanto como para decirme que eso que yo quería era muy complicado y aunque reconocía que soy bonita, no lo era lo suficientemente como para poder llegar a algún lado en este oficio que para la sorpresa de muchos hoy ejerzo...
Pero lo que realmente me llevo a tomar la decisión de no escuchar más consejos fue mi amiga Katy.
Ella siempre tan ecuanime, coherente y equilibrada, jamás ha llegado a comprender mis enredos de vida, que yo reconozco no tienen pies o cabeza, y que desde que me conocio la motivaron a emprender la misión de sacarme del alocado mundo en que vivía con sus "sabios" consejos.
Luego de que le contara de una pelea entre Leonardo y yo (una de las más insignificantes en comparación a otras tantas), más para desahogarme que para cualquier otra cosa, Katy casi raya en la histeria y llena de indignación decretó: “no puedes seguir con él”.
De aquel día en lo adelante era difícil esquivarle el tema o tratar de conversar algo diferente con ella, hizo uso de su poder persuasivo, saco todos los argumentos validos y hasta los inexistentes con tal de convencerme de que dejarlo, no solo era lo mejor para mi, era una obligación conmigo misma y mi dignidad.
Sus charlas eran realmente motivadoras, luego de escucharla hablar del poder de mi mente, mi valor como mujer y la recompensa de encontrar al hombre soñado, me sentía invencible, creí que al fin había descubierto la luz y que en poco tiempo todo lo vivido anteriormente me iba a parecer una historia de horror.
El día que termine con Leonardo me sentí orgullosa, realizada, llena de optimismo y me dedique a esperar con alegría todo lo que mi amiga me había augurado para un futuro cercano.
Pero el tiempo paso y no me sentí más valiosa, ni valiente, ni mujer, ni siquiera con esperanza. Los hombres que conocía no le llegaban a los talones a Leonardo y en las abundantes noches de soledad, mi amiga Katy no ocupo ni siquiera los escasos tres segundos que uno tarda en leer un minimensaje con un “Hola amiga, como estas?”.
Como por arte de magia ella desaparecio.
De pronto ya no tenía tiempo para ir al cine, hablarme por teléfono, juntarnos para compartir o siquiera mandarme un saludo por alguna de las redes sociales que nos conectan. Ella prefería estar con amigos más alegres, que estuvieran menos relacionados con la soledad, menos despechados y olvidados, lo veía en sus fotos del facebook, casi cada noche tenía una fiesta diferente y sin importar que se dieran a una esquina de mi casa, que yo formara parte de eso, no era siquiera una opción.
Con la ida de Leonardo en mi vida, ella y el montón de personas que me criticaban la decisión de permanecer a su lado tuvieron un tema menos en su lista de conversaciones para socializar, descansaron los consejos para darle paso a palmaditas de aliento que no trascienden a nada más, saludos que no esperaban respuesta y la satisfacción de haber logrado convencer a una amiga de salir de una situación que todos, menos ella, sabían que no le convenía…
Puede que tengan la razón, es muy probable que este equivocada y falle mil veces, que no vea con objetividad las situaciones, que deje escapar cosas que para otros saltan a la vista, pero yo he elegido afrontar el mundo sin opiniones externas, para que las consecuencias sean solo responsabilidad mia y deje de sentir esta rabia absurda con alguien más que me convencio para decidir algo que yo sola jamás hubiese escogido

martes, 1 de junio de 2010

Una inversión para toda la vida



Hoy me siento filosófica, y aunque confieso no saber de filosofía mas que lo básico que me enseñaron en la universidad, creo que las conclusiones de mis pensamientos bien cabrían en este renglón… Al menos hoy.
Sentada en una cafeteria inevitablemente escucho una conversación de dos señoras de unos 40 años de edad, una se quejaba con la otra y le decía que se sentía muy sola la mayor parte del tiempo. Sus tres hijos, adolescentes y adultos jovenes, entraban y salían de la casa antojadisamente, sus vidas ya no la incluían y al igual que su marido, solo sabían decirle “mami tengo hambre”, “estoy rapido” y a veces (si lo recordaban o no llegaban de madrugada), “Buenas noches”.
Ninguno le preguntaba si había comido, si se sentía bien o como le habia ido en el día, todos tenían prisa y no habia tiempo para esas cosas…
Escuchandola, me llego a la cabeza una historia que una vez escuche que hablaba de un hombre ateo que iba todos los domingos a la iglesia y participaba de la misa; Cuando alguien le pregunto porque sin creer en eso iba cada semana, el respondio que estaba haciendo una inversión de tiempo, pues si en realidad existía un Dios que puso todas las reglas que decía la iglesia, él iría al cielo pues aunque no creía, hacía todo lo que la iglesia mandaba y si no existía tal cosa, el no perdio más que algunas horas de su vida.
Pense en esto porque la señora que se quejaba había hecho igual que el señor ateo, con la diferencia de que probablemente ella si se caso creyendo en el matrimonio, pero de igual manera decidio invertir su juventud y sus fuerzas en un matrimonio y una familia para no estar sola…
Porque como dice mi abuela… Los hijos hay que tenerlos para tener a quien importarle cuando te vuelves viejo… O sea, es una inversión, una medida de precaución para evitar el desamparo, el abandono y la temida soledad.
Ese mal que nos lleva a tomar tantas decisiones desesperadas, que por más que le huyamos siempre encuentra la manera de inundarnos el alma, de robarnos las ilusiones y hacer que la esperanza parezca tan imposible.
No estoy en plan pesimista, pero cuando me pongo a considerar las opciones que uno tiene en la vida, el resultado de ninguna parece alentador, en todas nos persigue la soledad y el olvido. No hay matrimonios, hijos, trabajos, bonches o pasatiempos que llenen cada espacio de toda una vida, pero sobretodo nada de eso logra llenar los huecos del alma que a veces duelen, a veces se agrandan…
Lamentablemente no existe una fórmula para vivir con éxito y sin importar que tanto nos esforcemos, ninguno sobrevive a esta tierra y sus males, haciendo parecer que el único fin de la vida es la muerte, pero eso es algo que jamás ninguno lograremos comprender, al menos no mientras estemos vivos.
No sé si realmente estas líneas puedan clasificar como filosofia… Sospecho que no; Si no lo es, me conformo con que sea simple literatura, pues dice el escritor italiano Antonio Tabucchi que la filosofia parece ocuparse solo de la verdad, pero quizas no diga mas que fantasias, y la literatura parece ocuparse solo de fantasias, pero quizas diga la verdad…

domingo, 9 de mayo de 2010

El experto besador


Cuando él llegaba por las mañanas su perfume inundaba todo el lugar y yo tenía el secreto rito de cerrar los ojos unos segundos cuando sentía su aroma acercarse.
Lo respiraba cada mañana en la distancia y sin importar lo pendiente que me mantuviera, él cada día lograba sorprenderme con un beso.
Nunca en la boca, la mayoría de las veces en las mejillas, cuando llegaba con el pelo recogido se acercaba a mi cuello, cuando traía alguna blusa que dejaba mis hombros al descubierto me besaba la espalda.
Cada vez que me besaba (nunca en la boca) me estremecía todo el cuerpo, me costaba volver a concentrarme en lo que hacía, se me desconectaba la razón.
Yo tragaba en seco, aguantandome, fingiendo estar molesta.
Quería estar tan o más cerca de lo que él me decía que deseaba estar de mi.
Pero mi sentido de lo correcto me detenía constantemente.
El tenía novia y a diario lo escuchabamos hablar con ella por teléfono, el la amaba y no temía gritarlo en la oficina, todos sabíamos que su corazón estaba más que ocupado por ella, la rubia flaca que aparecía en cada una de sus fotos de Facebook.

Pero su enloquecido amor por Karina no lo frenaba cuando me encontraba en los pasillos vacíos, momentos que aprovechaba para perseguirme, acorralarme y decirme cosas en el oído, iniciando un divertido combate, él tratando de besarme, yo tratando de zafarme…

“Cuando tu no tengas novia, hablas conmigo de besos, mientras tanto ni te me acerques”, le decía.

Mi corazón, mi mente, toda yo, quedaba alborotado tras aquellos encuentros frustrados, donde sus labios jamás se encontraron con los míos, pero quedaba la emoción de lograr lo imposible de ya no resistirme y entregarme al anhelado beso.

Semanas después se le veía cabizbajo, sus chistes ya no animaban las mañanas, estaba silencioso y tranquilo, justo como no solía ser. Me confeso, por el chat, que Karina lo había dejado y no tenia ni animos para disimular que estaba abatido. Yo casi brinco de la emoción cuando leí aquellas palabras en la pantalla del ordenador, al fin estaba libre y yo lo estaba esperando.
El cumpleaños de Maribel, la recepcionista, se anunciaba para el próximo sábado y toda la oficina andaba alborotada con la noticia, todos irían y yo pense , “esta será nuestra oportunidad”.

La fiesta estaba encendida, todos bebían felices, las mujeres practicamente se disputaban los pocos hombres que habían para bailar, mientras que yo estuve toda la noche con él en la pista, bailando pegaditos hasta los comerciales, provocandonos mutuamente con roces y peligrosos acercamientos cara a cara.

Pero no fue hasta que todos se congregaron frente al bizcocho para cantarle a la cumpleañera cuando finalmente me beso en la boca. Fue todo un fracaso.

No sé como describir su manera de besar, ni es que me crea toda una experta en besos, pero ni siquiera cuando fui una adolescente recibí un beso tan extraño y desconcertante como el de esa noche.

Todo aquel jugueteo y emoción reprimida tuvo como recompensa un fiasco de beso. Era el peor besador que había conocido y hasta a mi me daba verguenza admitirlo.

Me esforce en disimular mi decepción y creo que lo hice muy bien porque en los dias sucesivos, él me envio mensajitos haciendome referencia a nuestro espectacular encuentro en la vacía pista de baile, pero no me decía que le encanto poder besarme o que anhelaba repetir el momento, no.
El hizo énfasis en lo buen besador que era y de las habilidades amatorias que poseía y que yo aún desconocía pero que podía disfrutar a su lado…

Y yo tragandome las ganas de decirle que nunca nadie me había dado un beso tan insulso y mal dado como ese que me dio en plena pista vacia.

Pero por más disparates e insinuaciones que me manifestara la sinceridad no me alcanzaba para hablar y decirle la verdad. Preferí cuidar su ego, guardar con llave aquel secreto y alejarme del chico del perfurme embriagador.

Nunca como en aquel entonces tuvo sentido para mí el dicho que reza: “dime de que presumes y te dire de que careces”.