domingo, 9 de mayo de 2010

Un bloquecito de hielo


Un bloquecito de hielo entre las piernas, eso es lo que la madre, la tía y la abuela de Carolina le aconsejaban imaginarse cada vez que sintiera la tentación de entregarse a algun noviecito.
Las repetidas conversaciones sobre los embarazos de las jovencitas del barrio buscaban aleccionarla, “Ya se jodio fulana, dejándose embarazar”, les escuchaba decir al trío de mujeres que se encargo de criarla.
Y fue así como la idea del embarazo se convirtio en sinónimo de fracaso para Carolina, quien tampoco nunca tuvo permitido llevar un novio a su casa o tenerlo a escondidas.
Jamás se atrevio a admitirlo en voz alta, pero tal era su miedo que en muchas ocasiones soño estar embarazada y en su desesperación se escuchaba decir, “No lo voy a tener, nadie se va a enterar”…
Un bloquecito de hielo fue lo que siguio teniendo entre las piernas cuando se caso con Esteban, el novio que le entendio su decisión de llegar virgen al matrimonio y quien le hizo la primera (y ella sospechaba que la única que podria recibir) proposición matrimonial de toda su vida.
Por meses no hablo de otra cosa que no fueran las flores, el color de los vestidos, la cita con la modista, no exceder el presupuesto y el cursillo matrimonial de la iglesia.
Todas aguardamos a que se acercara la fecha del matrimonio para organizarle una despedida de soltera, pues de todo se había ocupado menos de averiguar que cosas podían esperarle la noche de bodas y las siguientes…
“Eso se resuelve por puro instinto, no creo que haga falta tanto consejo”, nos dijo Carolina deteniendo la atrevida dinámica que nos disponiamos a empezar.
La creciente desesperación que vivía en las sesiones de besos con su prometido, la hicieron esperar aquel momento con ansias, creando expectativas tan altas como el tamaño de su desilusión luego de la luna de miel.
La noche de boda no fue lo que había imaginado, me confeso dos años después, se quedo esperando las estrellitas que tanto le habían anunciado las canciones y el instinto en el que tanto confio, se le quedo mudo cuando su hasta entonces tierno novio asumio una faceta completamente desconocida para ella, en la que la ternura no formaba parte.
Frente a sus ojos entreabiertos, por la verguenza, vio como Esteban se transformo en un devorador impaciente, silencioso y distante.
Ella no hacía nada, solo se tumbaba a esperar que su marido encontrara el placer que ella aún desconocía, el miedo de ser inmoral o de un embarazo la mortificaba, la inmovilizaba. Y pensando en esto el corazón se le quería salir del pecho… Nunca de la emoción, siempre del susto.

El hombre que había idealizado se había convertido en una realidad decepcionante, no se sentía enamorada, más bien un conveniente mueble del hogar que tenía la responsabilidad de tener una casa impecable y estar siempre dispuesta para cuando las necesidades carnales de su marido apremiaran.

Cuando Esteban comenzo a reclamarle un poco más de participación en la intimidad, su pavor crecio al punto de empezar a sentir pánico al verlo acercarse a ella.
“Me quiero divorciar, no quiero seguir viviendo con este miedo”, me dijo una mañana por teléfono.
Dos semanas después abandono su casa y el rol de esposa para comenzar a vivir a su manera. Fue a partir de entonces que fue abriendo su mente al mundo y a maldecir la educación que había recibido en casa para ser una mujer “decente”.

Se propuso transformar el miedo que vivio en su matrimonio en el placer que nunca experimento.

“Quiero que me hagan ver estrellitas”, nos dijo entre risas una noche de copas. Esa vez, no solo nos conto toda la verdad sobre su fallido matrimonio, sino que también pidio que le dieran todos los consejos que se nego a escuchar en su despedida de soltera.

Advertencias y recomendaciones que en realidad no le sirvieron para nada, pues cuando finalmente logro ver las añoradas estrellitas junto a un hombre, lo único que tuvo que hacer fue derretir el bloquecito de hielo que siempre imagino entre sus piernas y asfixiar con la almohada todos los prejuicios con los que le intoxicaron la cabeza al crecer…

sábado, 8 de mayo de 2010

Mujer regalada, mujer relajada...


Cuando Miriam nos dijo que dentro de tres días se mudaría a otra provincia para iniciar una nueva vida junto a su nuevo amado, todas quedamos pasmadas.
No sabíamos determinar que parte de la noticia era la más impactante, si el hecho de que abandonara y sin más todo lo que había construido, que nos lo anunciara tres días antes de su partida o que el motivo de todo aquello fuera un hombre que apenas tenía un mes en su vida y al que nunca le habíamos visto la cara.
Pero ella no nos estaba pidiendo permiso, nos lo estaba comunicando, por eso pellizque a Lolita cuando la vi tomar impulso para decirle par de verdades.
“Te deseo la mejor de las suertes”, le dije.
Lolita y Martha se quedaron calladas, Miriam sin disimulo se enojo y decidio abandonar la mesa.
Una pequeña de dos años y medio la esperaba en casa, su hija, era la sobrina de todo el grupo y quien precisamente motivaba nuestra preocupación.
El día antes de partir al destino escogido paso por mi casa, me pidio algo de dinero prestado y luego se descargo arremetiendo contra Martha y Lolita, acusandolas de envidiosas, haciendo énfasis en lo justo que era que finalmente alguien la hiciera feliz.
Nosotras más que nadie sabíamos todo lo que habia tenido que pasar tras salir embarazada de la pequeña Luz, todas las lágrimas que rodaron por sus mejillas luego de que su familia la abochornara y de que su novio de hacia cinco años la abandonara porque no quería ser papa.
Sabíamos de toda la soledad que vivio y de lo fuerte que fue asumiendo el rol de padre y madre a la vez, pero también sabíamos que esa misma soledad no la estaba dejando pensar con claridad y que estaba tomando una decisión muy precipitada e impulsiva.
Lejos de nosotras, quien la ayudaría?
Pasaron meses sin que supieramos nada de ella; Miriam no tenía tiempo para nada, trabajaba hasta doce horas corridas, comenzo a hacer rifas, a vender ropa interior y hasta a ofrecer sus servicios como doméstica en los fines de semana, pero aun así pedía prestado a todo el que conocía, le debía dinero hasta al mendigo de la esquina.
La pequeña Luz paso a un segundo plano, Miguel, el nuevo amor de Miriam, demandaba bastante y ella hacía todo por complacerlo.
El quería una casa con cierto estilo, con muebles que lo invitaran a quedarse más tiempo en casa, pues los que Miriam había llevado les deprimían, eran algo desfasados, eran “de pobres”, como el decía.
Sacar los muebles a crédito fue la solución que Miriam le dio a las exigencias de su nuevo “marido”, las cuotas mensuales, las pagaría ella, por supuesto... Pero ninguno de los dos contaba con que al auto de Miguel se le dañaría el motor justo la semana en que se pagaba la primera mensualidad de los muebles y como el nuevo marido había perdido su empleo, el problema era integramente de la recién estrenada esposa.
Las facturas del comedor de la esquina se fueron acumulando en la mesa de la sala, pues a Miguel no le gustaba el sazón de Miriam y preferia pedir comida diariamente.
“No te mortifiques mi negra, que eso se paga a final del mes”, le decia Miguel mientras la acariciaba con imprudencia, igual que lo hacia por las noches, cuando ella regresaba exhausta, despues de un día agotador.
No le quedaban fuerzas para disfrutar del amor, para gozar el hombre que tantos sacrificios le estaba costando.
El se impacientaba, reclamaba tiempo y pasión en la cama, la acusaba de excusarse siempre con el cansancio, la amenazo con buscarse a otra… Y lo cumplio.
Siete meses después de su brusca partida, Miriam regreso a la ciudad, toco la puerta de mi casa, bajo a la niña de sus brazos y se desmorono en el mueble de la sala, lloro hasta que se sintio ahogarse, luego me conto todo lo sucedido…
Una vez más fracasada, fue como se declaro esa tarde en que finalmente entendía sus errores.
La tarde en que yo confirme que una vez mas mami tenía razon cuando me decía que una mujer jamas debe acomodar a un hombre en lo material, porque aunque la dignidad de una mujer sea insobornable, en ninguna de sus interpretaciones uno se puede regalar…

viernes, 2 de abril de 2010

Qué nombre le pondremos matarile rile rile...?


Desde hace más de un año Cinthia y Orlando se ven casi a diario, se llaman más de dos veces al día, comparten besos, abrazos, expresiones afectuosas, salen juntos a todos lados y hasta han servido de soporte el uno para el otro en situaciones difíciles, pero no son novios.
Tampoco son amigos, ni una relación para pasar el rato o solteros, digamos que no hay un estado civil que defina lo que tienen o al menos eso dicen ellos.
Estaban muy felices, con solo verlos juntos quedaba en evidencia, pero Cinthia, de pronto sintio la imperante necesidad de ponerle nombre a lo que tenía con Orlando, por lo que comenzo a lanzar insistentes indirectas que su compañero sentimental esquivo con impresionante habilidad.

El día en que quiso sincerarse y poner las cartas sobre la mesa la cara de su amado se descompuso y con un tono de voz muy serio le explico que no estaba preparado para asumir un noviazgo, se levanto y se fue, dejandola en espera de una llamada, un cambio o simple arrepentimiento.

Y pensar que cuando eramos adolescentes, cualquiera con el que prontamente simpatizaramos le otorgabamos el título de “novio”, sin importar que la relación solo durara dos semanas, que fuera conveniente o que lo que sientieramos fuera real o no.

En ese entonces las cosas no eran tan complejas, no requerían de tanto análisis ni explicaciones, simplemente sucedían y si funcionaban o no era un asunto que se descubría en el camino, nada parecido a los “mil requisitos” y miedos que ahora ponemos de por medio antes de considerar que nombre otorgarle a esa relación que tenemos, con ese alguien que parece especial.

Que en la práctica, indiscutiblemente se trate de una relación sentimental satisfactoria, no sirve de nada cuando se le tiene miedo a las palabras, a los titulos, a sentirse de alguna manera atado, aunque el corazán ya tenga tiempo atado a esa persona…

Un mal incurable de muchos que nos deja con pocas opciones cuando nos involucrados con ellos, solo dos alternativas se presentan ante nosotras: O nos quedamos firmes en nuestra determinación de conseguir que nos otorguen el título de novia o nos hacemos las desentendidas y continuamos viviendo el día a día dandole prioridad a ser felices.

A mi hace tiempo que me dejaron de interesar los títulos o los análisis complicados sobre lo que podría ser o no, en mis cortos años de vida, si algo he aprendido es que igual nadie tiene el control sobre el futuro, ni una cercana idea de las vueltas que dara la vida o lo que sucedera.

De nada me sirve decretar que este o el otro será el amor de mi vida o una emoción pasajera a la que no vale la pena apostarle mucho, cuando hechos inesperados cambian el rumbo de las cosas y te hacen amar, aborrecer o hasta olvidar al objeto de tu afecto…

Yo prefiero dejarle las definiciones al tiempo, vivir el momento y si me nace o no otorgarle el título de “novio” a quien mantiene a mi corazón contento, lo hare sin miramientos al futuro, sin pensar más de la cuenta…

No me interesa tener una palabra para definir mi estado civil, me interesa que en mi corazón y en mi rostro siempre hayan motivos y evidencia de felicidad.




miércoles, 31 de marzo de 2010

Música y pasos de baile


Me gusta bailar, es una de las cosas que más me divierten. No es que sepa como hacerlo o que me considere una experta, sencillamente me gusta. De hecho, sospecho que no me sale tan bien como quisiera porque en más de tres ocasiones diferentes hombres, que han sido mi pareja en la pista, se han detenido y con amabilidad me han solicitado que me deje guiar…
Igual que lo hizo Michael, mi nuevo prospecto amoroso , en los primeros días en que compartimos juntos. En lugar de ofenderme o avergonzarme me dije “el tiene razón, dejalo que te lleve”…
Yo tan acostumbrada a llevar las riendas de todo en mi vida y hasta en la de Leonardo, sabía que iba a tener que hacer un esfuerzo sobrehumano para “dejarme llevar” por Michael, pero al menos quería intentarlo.
No sé como me fue esa noche con el baile pero en mi "nueva" relación la fórmula como que no funciono... Mi nuevo príncipe azul fue asumiendo derechos y roles que jamás le otorgue a nadie y la divertida misión de “transformar” mi vida con su presencia rapidamenre se convirtio en una incomoda realidad.
Las conversaciones pausadas y con cierto sentido no eran su estilo, así que me tuve que conformar con su forma muy particular de comunicarse, que era entre chistes y comentarios pasados de tono.
Mi sensibilidad emocional, así como la costumbre de poder desnudar mi alma sin miedo, de pronto se convirtio en una verguenza, pues no sabe reaccionar ante ninguna de estas situaciones; Desconcertada y algo confundida con respecto a lo que tenía que hacer, me parecio que la más sensatas de las decisiones era anularme, ocultar esa parte de mi… Justa y precisamente esas cosas que me hacen ser Yuyita, pero que no muchos logran entender…
El amor por mis libros, mi mundo de letras y la tranquilidad se fueron por un caño, desde su entrada a mi vida, pues él ya tenía planificado mi tiempo libre y hasta el mi tiempo de obligaciones.
Luego de no sé cuantos años viviendo y haciendo las cosas como mejor me parecía, volví a sentirme custodiada por alguien que se dio la tarea de "reeducarme", indicarme en que cosas estaba mal y todo lo que me faltaba por aprender en la vida...
Y si osaba a quejarme por alguna cosa me decía “ya te acostumbraras”…
Hasta que me pregunte “y por que tengo que acostumbrarme a cosas que no quiero, que no son parte de mi?, por que no se acostumbra él a mi mundo, a mis gustos, sin burlarse, sin huir, aceptandome tal cual soy?”
Que yo tenga una visión y manera diferente de ver y enfrentar las cosas no significa que YO este errada y que tenga que cambiar.
El ya tenía planes conmigo, me quería transformar , yo era su muñeca, él ponía la musica, la fiesta y los pasos de baile, yo simplemente debía seguirlo.
No es por ser rebelde o nada que se le asemeje pero me da la ligera impresión de que yo no soy la mujer que el anda buscando, definitivamente él no es el que busco yo.
Porque un hombre que me haga sentir verguenza de mis sentimientos, de mi manera de ser, con el que tema expresar lo que yo siento, ser tan romántica y hasta absurda (como muchas veces lo soy), no merece mis besos, mucho menos un lugar en mi corazón.
Un corazón muy valioso para un descerebrado controlador.
Tal vez si deba dejarme guiar algunas veces, no querer controlar el mundo todo el tiempo y bailar otras melodías, así como aprender nuevos pasos, esta en mis planes que esto suceda, pero creo que no será Michael quien determine la fiesta, los pasos ni la música, eso es definitivo.

sábado, 27 de marzo de 2010

Un Facebook en el corazón


En mis días de adolescencia, las citas Bíblicas formaban parte de mi cotidianidad por estar en un colegio católico. Tal vez por eso suelo relacionar tantas situaciones cotidianas con alguna de las que aún recuerdo.
Por ejemplo hoy no me sale de la cabeza la parábola sobre la lámpara , aquella que dice “Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de una cama? No, una lámpara se pone en lo alto para que alumbre…”
El hecho no es que hoy me sienta particularmente religiosa, son los reclamos de Leonardo de ser incluido en mi vida virtual, lo que me hacen pensar en esto.

Si porque desde que el Facebook se convirtio en el oráculo de mi generación, se asume que todo lo que realmente te importa debe de estar en el mismo y como Leonardo no aparece en el mio, da la impresión de que no existe para mi y el exige una explicación.

Al contrario de muchas otras parejas, a las cuales confieso envidiar a más no poder, mi estado civil no dice “en una relación”, mucho menos indica el nombre de mi tormentoso amor y mis fotos tratan cualquier tema o evento, pero en ninguna figura él, como lo hacia hace años en mi habitación de adolescente, donde un portaretrato justo al lado de mi cama lo llevaba en el centro, provocandome suspiros y besos que fueron deteriorando la imagen .

Foto que hoy descansa guardada en mi cajita de recuerdos más preciados, justo en el primer nivel de mi abarrotado librero.

Quise tener argumentos para responderle algo convincente, que no lo hiriera, que no le hiciera pensar lo peor, pero no se me ocurrio nada.

La verguenza no es la razón, la estrategia de parecer siempre soltera tampoco, menos la intención de ocultar lo que tenemos, pero nuestra relación tampoco es una lámpara que puede iluminar una habitación.

Entre los dos hay miedo, inseguridades, inestabilidad y hasta un poco de dolor guardado, solo para aquellos momentos en que las crisis afloran y los agravios tienen licencia…

Y aunque nada de eso se vea en una simple foto o con cambiar el estado civil a “en una relacion”, me sentiría hipocrita si un día llena de ira o con el corazón hecho cuadritos nos veo a los dos sonriendo, pareciendo una pareja feliz, como si nada de lo que nos decimos cuando llegamos al punto de no soportarnos, hubiese atravesado mis oídos o lo que es peor… Mi corazón.

Ningun otro estado civil describe mejor nuestra relacion como “it’s complicated”, porque realmente lo es… No podemos estar juntos porque nos matamos, ni estar separados porque nos morimos…

Hoy me desperte dandole vueltas a este insignificante asunto cibernetico y me llevo la sorpresa de haber sido borrada de su lista de amigos en Facebook, o sea, que no tengo acceso a su cuenta y él no puede ver la mia… Luego confirme que tampoco estoy en ninguna de sus fotografías…

Y fue así como de repente Yuyita salio del sistema de Leonardo, sin avisos, sin escándalos, sin deseos de revancha, solo con la simple voluntad de ser borrada para siempre… Dejándome con las inmensas ganas de tener un facebook en e l llugar del corazón y con igual facilidad borrarlo de mi lista de “amigos” hasta el final de los tiempos…

sábado, 20 de marzo de 2010

Otra manera de ser feliz...


De acuerdo a un estudio estadounidense el 58 % de las mujeres ha sido infiel, de estas más del 38 % confeso haberlo hecho por una crisis de pareja, la segunda razón la ocupa el deseo de tener experiencias nuevas en un 20% , en tercer lugar la insatisfacción sexual con un increible 15 % (!hay que ver que somos tontas y resignadas!), solo uno de cuatro hombre se percata de la infidelidad y en un 40 % reaccionan de manera violenta y tormentosa.
De acuerdo a la opinión de muchos hombres la liberación que nos ha dado el tener una profesión y ganar nuestro propio dinero nos ha hecho olvidar los valores que antes nos caracterizaban, o sea… El de ser fieles por obligación y tener una actitud resignada ante las deslealtades de la pareja, porque hasta nuestras madres continuan diciendo que ser infiel forma parte de la naturaleza masculina... Y yo hasta creo que es verdad.
Porque los hombres engañan por engañar, hacen por hacer, sin pensar, sin sopesar, sin medir consecuencias… Las mujeres no.
Y aqui empieza mi historia…
Aquel día me desperte sintiendo inmensos deseos de ser infiel, yo la correctisima Yuyita Flores, la que nunca comprendio ese sentimiento y siempre lo condeno, ahora lo llevaba dentro de mi y no tenía el más minímo deseo de espantarlo.
Mi amiga Lolita ya era toda una experta en esos afanes, después de haber vivido en carne propia la más grande de las desilusiones, habia dejado engavetado su vocación a la fidelidad y cada vez que coincidia con el interés aventurero de algun galan le daba rienda suelta a sus impulsos.
Yo siempre escuche sus historias preguntandome para mis adentros que se requería para poder ser así, para dejar a un lado todo lo que había en mi cabeza y en mi corazón que me impedian hacer algo semejante.
Por eso pense en Lolita esa mañana, me imagine lo feliz que se sentiría al ver que abandonaba decididamente mi rol de novia sufrida para dejarme llevar por la emoción de un romance.
La situación con Leonardo era un caso sin remedio, la desilusión y sus ausencias fueron ahuecando mis sentimientos, hasta me sorprendí maldiciendo el dia en que decidí volver a sus brazos…
Tantos sentimientos reprimidos, estaban a punto de hacer explosión dentro de mi, por un momento dude y considere esperar la cordura, pero aunque la cordura llegara el amor y el deseo perdido no regresarían con ninguna magia, suceso milagroso o brujería.
No había nada que hacer, excepto intentar ser feliz de otra manera.
Michael tenía meses buscando mi atención de todas las formas imaginables, pero yo estaba demasiado ocupada esperando que pasara el tiempo y sucediera un milagro con Leonardo como para prestarle atención, hasta ese día en que sus historias me desconectaron del mundo y me sorprendí sintiendome feliz, tranquila y a gusto a su lado
Desde entonces me cuesta sacarmelo de la cabeza y aunque la prudencia me mantenia en control, esa mañana yo desperte queriendo meter a la prudencia en una caja, ponerle candado y lanzarla al mar.
Lo cite para vernos esa noche, yo estaba nerviosa, pero al menos no temblaba como él…
Su veneración hacia mi era algo con lo que ya no estaba familiarizada, las sensaciones del simple roce de sus manos con las mías me hacian sentir estallidos en el alma, finalmente se le hacía justicia a mi corazón y casi lloro de la emoción al darme cuenta que en mi vientre revoloteaban felices las mariposas que crei muertas, yo queria parar el mundo en aquel instante y ponerle “Fin” como en las películas para que ninguna otra cosa dañara el futuro.
No paso nada y paso de todo a la vez, la verdad es que era la medida justa de lo que necesitaba.
Ni siquiera se si califique de “infidelidad” y para ser sincera me importa un comino, a partir de ese día yo lo unico que quiero es ser feliz…

P.S. Para que no te quejes de mi Keyla Santana arias Juliana... Aqui esta la famosa historia que tanto esperaste... Gracias por estar ahi para mi, te quiero!!!

lunes, 22 de febrero de 2010

¿Todos los hombres son iguales?


Toda mi vida he escuchado a muchas mujeres decir con cierta amargura, “Todos los hombres son iguales.” Por muchos años no estuve de acuerdo con esta afirmación hasta que mis experiencias sumadas a los relatos tan increiblemente parecidos a los míos me convencieron de que la expresión era una sentencia tan comprobable y exacta como cualquier ejercicio matemático.
El inacabable deseo sexual, la fascinación por los deportes, la obsesión con sus automoviles, videojuegos y novedades tecnológicas, el sagrado lazo con tienen con sus amigos (algo que defienden a morir), su apatía por las compras, los aniversarios o fechas que impliquen algun tipo de romanticismo, la habilidad que tienen para hacernos barbaridades y luego venir como el perro arrepentido… Con el hocico partido y el rabo entre las piernas a pedir perdón y prometer un cambio o un “te amo”, son características que definen a la mayoría de los representantes del sexo masculino. Hasta el más santo e inofensivo de los hombres comparte el extraño e inexplicable síndrome que convierte a las “aventuritas” en tentaciones completamente imposibles de resistir que suelen justificar con ambiguas explicaciones que incluyen un "de verdad no sé lo que me paso", en conclusión ninguno parece tener la capacidad para aguantar el deseo de echar “una canita al aire”, simplemente porque son hombres, porque la sociedad se los permite y porque la mujer que tienen (la oficial) al final de cuenta los terminara perdonando tras par de escenitas dramáticas donde lloren y juren arrepentimiento.
Mientras que a nosotras parece no quedarnos otra alternativa más que compartir nuestras desgracias unas con otras mezclando el humor con nuestro dolor de manera ingeniosa y dandonos cuenta de que nuestras historias no son para nada asombrosas u originales, mas bien bastante comunes y repetitivas…
Por esa razón Gabriela me dijo que aunque los problemas en su muy joven matrimonio superaban por millas los momentos de felicidad, ella prefería seguir con un malo conocido que un bueno por conocer, pues si buscaba otro, tarde o temprano iba a terminar con la misma desilusión.
Sorprendentemente yo no proteste ni sentí el impulso de contradecir sus ideas, de hecho coincidía con ella. Es que la desilusión entre las mujeres que conozco abunda de tal manera que ya lo considero una epidemia.
Las relaciones son complicadas, los hombres no logran comprender nuestro universo de sentimientos, nosotras no podemos entender sus reacciones tan básicas, instintivas y desacertadas. Es como si nos hubieran creado para hacernos la vida especialmente dificil, para que nos la pasaramos tratando de buscar fórmulas para encajar, para soportarnos, comprendernos al mismo tiempo que buscamos esa emoción y sensación de estar en el paraíso que solo se siente esporadicos momentos luego de que pasan los primeros años de relación.
O para que aprendieramos a resignaramos con lo que nos toco vivir porque al parecer el asunto de que todos los hombres son iguales y no hay manera de cambiarlos, es una verdad tan implacable como la misma muerte de la que ninguno de nosotros tiene escapatoria.
Y pensar que nos afanamos tanto para no estar solas y decir orgullosas que tenemos pareja, pero cuando ellos estan a nuestro lado, la realidad va desprendiendo con paciencia las plumas de las alas que mantienen volando a nuestro corazón, dejandolo caer sin remedio.
Sin importar lo que yo o nadie pudiera decir Gabriela habia decidido su destino o al menos así parecía hasta el día en que una solicitud de amistad en facebook le cambio el rostro y quebranto su recién tomada determinación. La pantalla de su ordenador decía que Eduardo Mármol quería ser su amigo en Facebook y le daba la opción de aceptar o ignorarlo.
Eduardo había sido un amor pasado, uno de esos que terminan por situaciones ajenas a la voluntad de ambas partes, pero que se quedan clavadas en el muro de asuntos pendientes del corazón. Tenían años sin verse pero el mismo deseo de saber del otro, de estar juntos. Ella acepto la invitación en facebook y desde entonces cada día le pesa más compartir el techo, el baño, la cama y la vida con su marido, el mismo al que le había jurado amor eterno frente a la imagen de una vírgen en una iglesias católica, el mismo que la hacia llorar con sus desplantes, el mismo que la insultaba cada vez que tenían una pelea...
Un viejo amor le recordó los sueños que una vez tuvo de ser feliz, cuando todavía ignoraba las complicaciones que traen consigo las relaciones sentimentales, cuando ni siquiera imaginaba alguna vez pudiera aguantar tantas cosas resguardandose con el argumento de que todos los hombres son iguales… Y fue así como la Gabriela que conocí en mi adolescencia volvio a nacer, decidida y feliz nos anuncio que esta resuelta a divorciarse y a darle una nueva oportunidad a ese amor de la juventud que le había hecho despertar de su pesadilla.
Probablemente en esencia, todos los hombres sean iguales pero definitivamente no todos nos hacen sentir igual...