miércoles, 23 de junio de 2010

Consejos inutiles


Yo deje de oir consejos, fue una decisión personal… Tampoco creo en los psicólogos o religiosos, ambas cosas las intente para darme cuenta de que la respuesta siempre estaba en mi y que no tan a final de cuentas sus consejos tenían la finalidad de llevarme por donde a ellos les convenía; al padre para hacerme sentir culpable y motivarme a "colaborar" con la iglesia y el psicólogo para extender lo que se pudiera el número de sesiones y así poderme sacar más y más dinero.
Luego de pasar por tres psicólogos y cuatro líderes espirituales (de tres diferentes religiones) fue que comprendí que buscaba respuestas en personas que no me podían ayudar y a las que sin entender por qué, no les era del todo sincera.
A quienes si les contaba las cosas con lujos de detalle tampoco fueron muy útiles, de hecho, me confundieron más y hasta me desmoralizaron.
Como aquel día en que Dorita me dijo que debía de cambiar mi manera de ser o ningún hombre además de Leonardo, iba a ser capaz de quererme.
O el día en que me deje convencer de que me estaba perdiendo de uno de los placeres más grandes de la vida por no beber alcohol, así que me deje llevar y bebí tres vasos de vodka por los que luego pase dos días luchando con un malestar estómacal insoportable.
O cuando quise complacer a mi madre, que llevaba años diciendome que el rubio era mi color de pelo. Al poco tiempo de teñirme vi como mi cabellera se rebelaba ante el drástico cambio y comenzo a salirse en grandes cantidades, sin que hubiera otra cosa que pudiera hacer además de cortarlo casi por completo y sufrir la espera del crecimiento.
Cuando anuncie lo que deseaba estudiar en la universidad, más de un ceño fruncido, silencios incomodos y comentarios desalentadores recibí como respuesta; inclusive, una de mis más cercanas amigas se me acerco con cara de preocupación y me dijo que me quería tanto como para decirme que eso que yo quería era muy complicado y aunque reconocía que soy bonita, no lo era lo suficientemente como para poder llegar a algún lado en este oficio que para la sorpresa de muchos hoy ejerzo...
Pero lo que realmente me llevo a tomar la decisión de no escuchar más consejos fue mi amiga Katy.
Ella siempre tan ecuanime, coherente y equilibrada, jamás ha llegado a comprender mis enredos de vida, que yo reconozco no tienen pies o cabeza, y que desde que me conocio la motivaron a emprender la misión de sacarme del alocado mundo en que vivía con sus "sabios" consejos.
Luego de que le contara de una pelea entre Leonardo y yo (una de las más insignificantes en comparación a otras tantas), más para desahogarme que para cualquier otra cosa, Katy casi raya en la histeria y llena de indignación decretó: “no puedes seguir con él”.
De aquel día en lo adelante era difícil esquivarle el tema o tratar de conversar algo diferente con ella, hizo uso de su poder persuasivo, saco todos los argumentos validos y hasta los inexistentes con tal de convencerme de que dejarlo, no solo era lo mejor para mi, era una obligación conmigo misma y mi dignidad.
Sus charlas eran realmente motivadoras, luego de escucharla hablar del poder de mi mente, mi valor como mujer y la recompensa de encontrar al hombre soñado, me sentía invencible, creí que al fin había descubierto la luz y que en poco tiempo todo lo vivido anteriormente me iba a parecer una historia de horror.
El día que termine con Leonardo me sentí orgullosa, realizada, llena de optimismo y me dedique a esperar con alegría todo lo que mi amiga me había augurado para un futuro cercano.
Pero el tiempo paso y no me sentí más valiosa, ni valiente, ni mujer, ni siquiera con esperanza. Los hombres que conocía no le llegaban a los talones a Leonardo y en las abundantes noches de soledad, mi amiga Katy no ocupo ni siquiera los escasos tres segundos que uno tarda en leer un minimensaje con un “Hola amiga, como estas?”.
Como por arte de magia ella desaparecio.
De pronto ya no tenía tiempo para ir al cine, hablarme por teléfono, juntarnos para compartir o siquiera mandarme un saludo por alguna de las redes sociales que nos conectan. Ella prefería estar con amigos más alegres, que estuvieran menos relacionados con la soledad, menos despechados y olvidados, lo veía en sus fotos del facebook, casi cada noche tenía una fiesta diferente y sin importar que se dieran a una esquina de mi casa, que yo formara parte de eso, no era siquiera una opción.
Con la ida de Leonardo en mi vida, ella y el montón de personas que me criticaban la decisión de permanecer a su lado tuvieron un tema menos en su lista de conversaciones para socializar, descansaron los consejos para darle paso a palmaditas de aliento que no trascienden a nada más, saludos que no esperaban respuesta y la satisfacción de haber logrado convencer a una amiga de salir de una situación que todos, menos ella, sabían que no le convenía…
Puede que tengan la razón, es muy probable que este equivocada y falle mil veces, que no vea con objetividad las situaciones, que deje escapar cosas que para otros saltan a la vista, pero yo he elegido afrontar el mundo sin opiniones externas, para que las consecuencias sean solo responsabilidad mia y deje de sentir esta rabia absurda con alguien más que me convencio para decidir algo que yo sola jamás hubiese escogido

martes, 1 de junio de 2010

Una inversión para toda la vida



Hoy me siento filosófica, y aunque confieso no saber de filosofía mas que lo básico que me enseñaron en la universidad, creo que las conclusiones de mis pensamientos bien cabrían en este renglón… Al menos hoy.
Sentada en una cafeteria inevitablemente escucho una conversación de dos señoras de unos 40 años de edad, una se quejaba con la otra y le decía que se sentía muy sola la mayor parte del tiempo. Sus tres hijos, adolescentes y adultos jovenes, entraban y salían de la casa antojadisamente, sus vidas ya no la incluían y al igual que su marido, solo sabían decirle “mami tengo hambre”, “estoy rapido” y a veces (si lo recordaban o no llegaban de madrugada), “Buenas noches”.
Ninguno le preguntaba si había comido, si se sentía bien o como le habia ido en el día, todos tenían prisa y no habia tiempo para esas cosas…
Escuchandola, me llego a la cabeza una historia que una vez escuche que hablaba de un hombre ateo que iba todos los domingos a la iglesia y participaba de la misa; Cuando alguien le pregunto porque sin creer en eso iba cada semana, el respondio que estaba haciendo una inversión de tiempo, pues si en realidad existía un Dios que puso todas las reglas que decía la iglesia, él iría al cielo pues aunque no creía, hacía todo lo que la iglesia mandaba y si no existía tal cosa, el no perdio más que algunas horas de su vida.
Pense en esto porque la señora que se quejaba había hecho igual que el señor ateo, con la diferencia de que probablemente ella si se caso creyendo en el matrimonio, pero de igual manera decidio invertir su juventud y sus fuerzas en un matrimonio y una familia para no estar sola…
Porque como dice mi abuela… Los hijos hay que tenerlos para tener a quien importarle cuando te vuelves viejo… O sea, es una inversión, una medida de precaución para evitar el desamparo, el abandono y la temida soledad.
Ese mal que nos lleva a tomar tantas decisiones desesperadas, que por más que le huyamos siempre encuentra la manera de inundarnos el alma, de robarnos las ilusiones y hacer que la esperanza parezca tan imposible.
No estoy en plan pesimista, pero cuando me pongo a considerar las opciones que uno tiene en la vida, el resultado de ninguna parece alentador, en todas nos persigue la soledad y el olvido. No hay matrimonios, hijos, trabajos, bonches o pasatiempos que llenen cada espacio de toda una vida, pero sobretodo nada de eso logra llenar los huecos del alma que a veces duelen, a veces se agrandan…
Lamentablemente no existe una fórmula para vivir con éxito y sin importar que tanto nos esforcemos, ninguno sobrevive a esta tierra y sus males, haciendo parecer que el único fin de la vida es la muerte, pero eso es algo que jamás ninguno lograremos comprender, al menos no mientras estemos vivos.
No sé si realmente estas líneas puedan clasificar como filosofia… Sospecho que no; Si no lo es, me conformo con que sea simple literatura, pues dice el escritor italiano Antonio Tabucchi que la filosofia parece ocuparse solo de la verdad, pero quizas no diga mas que fantasias, y la literatura parece ocuparse solo de fantasias, pero quizas diga la verdad…

domingo, 9 de mayo de 2010

El experto besador


Cuando él llegaba por las mañanas su perfume inundaba todo el lugar y yo tenía el secreto rito de cerrar los ojos unos segundos cuando sentía su aroma acercarse.
Lo respiraba cada mañana en la distancia y sin importar lo pendiente que me mantuviera, él cada día lograba sorprenderme con un beso.
Nunca en la boca, la mayoría de las veces en las mejillas, cuando llegaba con el pelo recogido se acercaba a mi cuello, cuando traía alguna blusa que dejaba mis hombros al descubierto me besaba la espalda.
Cada vez que me besaba (nunca en la boca) me estremecía todo el cuerpo, me costaba volver a concentrarme en lo que hacía, se me desconectaba la razón.
Yo tragaba en seco, aguantandome, fingiendo estar molesta.
Quería estar tan o más cerca de lo que él me decía que deseaba estar de mi.
Pero mi sentido de lo correcto me detenía constantemente.
El tenía novia y a diario lo escuchabamos hablar con ella por teléfono, el la amaba y no temía gritarlo en la oficina, todos sabíamos que su corazón estaba más que ocupado por ella, la rubia flaca que aparecía en cada una de sus fotos de Facebook.

Pero su enloquecido amor por Karina no lo frenaba cuando me encontraba en los pasillos vacíos, momentos que aprovechaba para perseguirme, acorralarme y decirme cosas en el oído, iniciando un divertido combate, él tratando de besarme, yo tratando de zafarme…

“Cuando tu no tengas novia, hablas conmigo de besos, mientras tanto ni te me acerques”, le decía.

Mi corazón, mi mente, toda yo, quedaba alborotado tras aquellos encuentros frustrados, donde sus labios jamás se encontraron con los míos, pero quedaba la emoción de lograr lo imposible de ya no resistirme y entregarme al anhelado beso.

Semanas después se le veía cabizbajo, sus chistes ya no animaban las mañanas, estaba silencioso y tranquilo, justo como no solía ser. Me confeso, por el chat, que Karina lo había dejado y no tenia ni animos para disimular que estaba abatido. Yo casi brinco de la emoción cuando leí aquellas palabras en la pantalla del ordenador, al fin estaba libre y yo lo estaba esperando.
El cumpleaños de Maribel, la recepcionista, se anunciaba para el próximo sábado y toda la oficina andaba alborotada con la noticia, todos irían y yo pense , “esta será nuestra oportunidad”.

La fiesta estaba encendida, todos bebían felices, las mujeres practicamente se disputaban los pocos hombres que habían para bailar, mientras que yo estuve toda la noche con él en la pista, bailando pegaditos hasta los comerciales, provocandonos mutuamente con roces y peligrosos acercamientos cara a cara.

Pero no fue hasta que todos se congregaron frente al bizcocho para cantarle a la cumpleañera cuando finalmente me beso en la boca. Fue todo un fracaso.

No sé como describir su manera de besar, ni es que me crea toda una experta en besos, pero ni siquiera cuando fui una adolescente recibí un beso tan extraño y desconcertante como el de esa noche.

Todo aquel jugueteo y emoción reprimida tuvo como recompensa un fiasco de beso. Era el peor besador que había conocido y hasta a mi me daba verguenza admitirlo.

Me esforce en disimular mi decepción y creo que lo hice muy bien porque en los dias sucesivos, él me envio mensajitos haciendome referencia a nuestro espectacular encuentro en la vacía pista de baile, pero no me decía que le encanto poder besarme o que anhelaba repetir el momento, no.
El hizo énfasis en lo buen besador que era y de las habilidades amatorias que poseía y que yo aún desconocía pero que podía disfrutar a su lado…

Y yo tragandome las ganas de decirle que nunca nadie me había dado un beso tan insulso y mal dado como ese que me dio en plena pista vacia.

Pero por más disparates e insinuaciones que me manifestara la sinceridad no me alcanzaba para hablar y decirle la verdad. Preferí cuidar su ego, guardar con llave aquel secreto y alejarme del chico del perfurme embriagador.

Nunca como en aquel entonces tuvo sentido para mí el dicho que reza: “dime de que presumes y te dire de que careces”.

Un bloquecito de hielo


Un bloquecito de hielo entre las piernas, eso es lo que la madre, la tía y la abuela de Carolina le aconsejaban imaginarse cada vez que sintiera la tentación de entregarse a algun noviecito.
Las repetidas conversaciones sobre los embarazos de las jovencitas del barrio buscaban aleccionarla, “Ya se jodio fulana, dejándose embarazar”, les escuchaba decir al trío de mujeres que se encargo de criarla.
Y fue así como la idea del embarazo se convirtio en sinónimo de fracaso para Carolina, quien tampoco nunca tuvo permitido llevar un novio a su casa o tenerlo a escondidas.
Jamás se atrevio a admitirlo en voz alta, pero tal era su miedo que en muchas ocasiones soño estar embarazada y en su desesperación se escuchaba decir, “No lo voy a tener, nadie se va a enterar”…
Un bloquecito de hielo fue lo que siguio teniendo entre las piernas cuando se caso con Esteban, el novio que le entendio su decisión de llegar virgen al matrimonio y quien le hizo la primera (y ella sospechaba que la única que podria recibir) proposición matrimonial de toda su vida.
Por meses no hablo de otra cosa que no fueran las flores, el color de los vestidos, la cita con la modista, no exceder el presupuesto y el cursillo matrimonial de la iglesia.
Todas aguardamos a que se acercara la fecha del matrimonio para organizarle una despedida de soltera, pues de todo se había ocupado menos de averiguar que cosas podían esperarle la noche de bodas y las siguientes…
“Eso se resuelve por puro instinto, no creo que haga falta tanto consejo”, nos dijo Carolina deteniendo la atrevida dinámica que nos disponiamos a empezar.
La creciente desesperación que vivía en las sesiones de besos con su prometido, la hicieron esperar aquel momento con ansias, creando expectativas tan altas como el tamaño de su desilusión luego de la luna de miel.
La noche de boda no fue lo que había imaginado, me confeso dos años después, se quedo esperando las estrellitas que tanto le habían anunciado las canciones y el instinto en el que tanto confio, se le quedo mudo cuando su hasta entonces tierno novio asumio una faceta completamente desconocida para ella, en la que la ternura no formaba parte.
Frente a sus ojos entreabiertos, por la verguenza, vio como Esteban se transformo en un devorador impaciente, silencioso y distante.
Ella no hacía nada, solo se tumbaba a esperar que su marido encontrara el placer que ella aún desconocía, el miedo de ser inmoral o de un embarazo la mortificaba, la inmovilizaba. Y pensando en esto el corazón se le quería salir del pecho… Nunca de la emoción, siempre del susto.

El hombre que había idealizado se había convertido en una realidad decepcionante, no se sentía enamorada, más bien un conveniente mueble del hogar que tenía la responsabilidad de tener una casa impecable y estar siempre dispuesta para cuando las necesidades carnales de su marido apremiaran.

Cuando Esteban comenzo a reclamarle un poco más de participación en la intimidad, su pavor crecio al punto de empezar a sentir pánico al verlo acercarse a ella.
“Me quiero divorciar, no quiero seguir viviendo con este miedo”, me dijo una mañana por teléfono.
Dos semanas después abandono su casa y el rol de esposa para comenzar a vivir a su manera. Fue a partir de entonces que fue abriendo su mente al mundo y a maldecir la educación que había recibido en casa para ser una mujer “decente”.

Se propuso transformar el miedo que vivio en su matrimonio en el placer que nunca experimento.

“Quiero que me hagan ver estrellitas”, nos dijo entre risas una noche de copas. Esa vez, no solo nos conto toda la verdad sobre su fallido matrimonio, sino que también pidio que le dieran todos los consejos que se nego a escuchar en su despedida de soltera.

Advertencias y recomendaciones que en realidad no le sirvieron para nada, pues cuando finalmente logro ver las añoradas estrellitas junto a un hombre, lo único que tuvo que hacer fue derretir el bloquecito de hielo que siempre imagino entre sus piernas y asfixiar con la almohada todos los prejuicios con los que le intoxicaron la cabeza al crecer…

sábado, 8 de mayo de 2010

Mujer regalada, mujer relajada...


Cuando Miriam nos dijo que dentro de tres días se mudaría a otra provincia para iniciar una nueva vida junto a su nuevo amado, todas quedamos pasmadas.
No sabíamos determinar que parte de la noticia era la más impactante, si el hecho de que abandonara y sin más todo lo que había construido, que nos lo anunciara tres días antes de su partida o que el motivo de todo aquello fuera un hombre que apenas tenía un mes en su vida y al que nunca le habíamos visto la cara.
Pero ella no nos estaba pidiendo permiso, nos lo estaba comunicando, por eso pellizque a Lolita cuando la vi tomar impulso para decirle par de verdades.
“Te deseo la mejor de las suertes”, le dije.
Lolita y Martha se quedaron calladas, Miriam sin disimulo se enojo y decidio abandonar la mesa.
Una pequeña de dos años y medio la esperaba en casa, su hija, era la sobrina de todo el grupo y quien precisamente motivaba nuestra preocupación.
El día antes de partir al destino escogido paso por mi casa, me pidio algo de dinero prestado y luego se descargo arremetiendo contra Martha y Lolita, acusandolas de envidiosas, haciendo énfasis en lo justo que era que finalmente alguien la hiciera feliz.
Nosotras más que nadie sabíamos todo lo que habia tenido que pasar tras salir embarazada de la pequeña Luz, todas las lágrimas que rodaron por sus mejillas luego de que su familia la abochornara y de que su novio de hacia cinco años la abandonara porque no quería ser papa.
Sabíamos de toda la soledad que vivio y de lo fuerte que fue asumiendo el rol de padre y madre a la vez, pero también sabíamos que esa misma soledad no la estaba dejando pensar con claridad y que estaba tomando una decisión muy precipitada e impulsiva.
Lejos de nosotras, quien la ayudaría?
Pasaron meses sin que supieramos nada de ella; Miriam no tenía tiempo para nada, trabajaba hasta doce horas corridas, comenzo a hacer rifas, a vender ropa interior y hasta a ofrecer sus servicios como doméstica en los fines de semana, pero aun así pedía prestado a todo el que conocía, le debía dinero hasta al mendigo de la esquina.
La pequeña Luz paso a un segundo plano, Miguel, el nuevo amor de Miriam, demandaba bastante y ella hacía todo por complacerlo.
El quería una casa con cierto estilo, con muebles que lo invitaran a quedarse más tiempo en casa, pues los que Miriam había llevado les deprimían, eran algo desfasados, eran “de pobres”, como el decía.
Sacar los muebles a crédito fue la solución que Miriam le dio a las exigencias de su nuevo “marido”, las cuotas mensuales, las pagaría ella, por supuesto... Pero ninguno de los dos contaba con que al auto de Miguel se le dañaría el motor justo la semana en que se pagaba la primera mensualidad de los muebles y como el nuevo marido había perdido su empleo, el problema era integramente de la recién estrenada esposa.
Las facturas del comedor de la esquina se fueron acumulando en la mesa de la sala, pues a Miguel no le gustaba el sazón de Miriam y preferia pedir comida diariamente.
“No te mortifiques mi negra, que eso se paga a final del mes”, le decia Miguel mientras la acariciaba con imprudencia, igual que lo hacia por las noches, cuando ella regresaba exhausta, despues de un día agotador.
No le quedaban fuerzas para disfrutar del amor, para gozar el hombre que tantos sacrificios le estaba costando.
El se impacientaba, reclamaba tiempo y pasión en la cama, la acusaba de excusarse siempre con el cansancio, la amenazo con buscarse a otra… Y lo cumplio.
Siete meses después de su brusca partida, Miriam regreso a la ciudad, toco la puerta de mi casa, bajo a la niña de sus brazos y se desmorono en el mueble de la sala, lloro hasta que se sintio ahogarse, luego me conto todo lo sucedido…
Una vez más fracasada, fue como se declaro esa tarde en que finalmente entendía sus errores.
La tarde en que yo confirme que una vez mas mami tenía razon cuando me decía que una mujer jamas debe acomodar a un hombre en lo material, porque aunque la dignidad de una mujer sea insobornable, en ninguna de sus interpretaciones uno se puede regalar…

viernes, 2 de abril de 2010

Qué nombre le pondremos matarile rile rile...?


Desde hace más de un año Cinthia y Orlando se ven casi a diario, se llaman más de dos veces al día, comparten besos, abrazos, expresiones afectuosas, salen juntos a todos lados y hasta han servido de soporte el uno para el otro en situaciones difíciles, pero no son novios.
Tampoco son amigos, ni una relación para pasar el rato o solteros, digamos que no hay un estado civil que defina lo que tienen o al menos eso dicen ellos.
Estaban muy felices, con solo verlos juntos quedaba en evidencia, pero Cinthia, de pronto sintio la imperante necesidad de ponerle nombre a lo que tenía con Orlando, por lo que comenzo a lanzar insistentes indirectas que su compañero sentimental esquivo con impresionante habilidad.

El día en que quiso sincerarse y poner las cartas sobre la mesa la cara de su amado se descompuso y con un tono de voz muy serio le explico que no estaba preparado para asumir un noviazgo, se levanto y se fue, dejandola en espera de una llamada, un cambio o simple arrepentimiento.

Y pensar que cuando eramos adolescentes, cualquiera con el que prontamente simpatizaramos le otorgabamos el título de “novio”, sin importar que la relación solo durara dos semanas, que fuera conveniente o que lo que sientieramos fuera real o no.

En ese entonces las cosas no eran tan complejas, no requerían de tanto análisis ni explicaciones, simplemente sucedían y si funcionaban o no era un asunto que se descubría en el camino, nada parecido a los “mil requisitos” y miedos que ahora ponemos de por medio antes de considerar que nombre otorgarle a esa relación que tenemos, con ese alguien que parece especial.

Que en la práctica, indiscutiblemente se trate de una relación sentimental satisfactoria, no sirve de nada cuando se le tiene miedo a las palabras, a los titulos, a sentirse de alguna manera atado, aunque el corazán ya tenga tiempo atado a esa persona…

Un mal incurable de muchos que nos deja con pocas opciones cuando nos involucrados con ellos, solo dos alternativas se presentan ante nosotras: O nos quedamos firmes en nuestra determinación de conseguir que nos otorguen el título de novia o nos hacemos las desentendidas y continuamos viviendo el día a día dandole prioridad a ser felices.

A mi hace tiempo que me dejaron de interesar los títulos o los análisis complicados sobre lo que podría ser o no, en mis cortos años de vida, si algo he aprendido es que igual nadie tiene el control sobre el futuro, ni una cercana idea de las vueltas que dara la vida o lo que sucedera.

De nada me sirve decretar que este o el otro será el amor de mi vida o una emoción pasajera a la que no vale la pena apostarle mucho, cuando hechos inesperados cambian el rumbo de las cosas y te hacen amar, aborrecer o hasta olvidar al objeto de tu afecto…

Yo prefiero dejarle las definiciones al tiempo, vivir el momento y si me nace o no otorgarle el título de “novio” a quien mantiene a mi corazón contento, lo hare sin miramientos al futuro, sin pensar más de la cuenta…

No me interesa tener una palabra para definir mi estado civil, me interesa que en mi corazón y en mi rostro siempre hayan motivos y evidencia de felicidad.




miércoles, 31 de marzo de 2010

Música y pasos de baile


Me gusta bailar, es una de las cosas que más me divierten. No es que sepa como hacerlo o que me considere una experta, sencillamente me gusta. De hecho, sospecho que no me sale tan bien como quisiera porque en más de tres ocasiones diferentes hombres, que han sido mi pareja en la pista, se han detenido y con amabilidad me han solicitado que me deje guiar…
Igual que lo hizo Michael, mi nuevo prospecto amoroso , en los primeros días en que compartimos juntos. En lugar de ofenderme o avergonzarme me dije “el tiene razón, dejalo que te lleve”…
Yo tan acostumbrada a llevar las riendas de todo en mi vida y hasta en la de Leonardo, sabía que iba a tener que hacer un esfuerzo sobrehumano para “dejarme llevar” por Michael, pero al menos quería intentarlo.
No sé como me fue esa noche con el baile pero en mi "nueva" relación la fórmula como que no funciono... Mi nuevo príncipe azul fue asumiendo derechos y roles que jamás le otorgue a nadie y la divertida misión de “transformar” mi vida con su presencia rapidamenre se convirtio en una incomoda realidad.
Las conversaciones pausadas y con cierto sentido no eran su estilo, así que me tuve que conformar con su forma muy particular de comunicarse, que era entre chistes y comentarios pasados de tono.
Mi sensibilidad emocional, así como la costumbre de poder desnudar mi alma sin miedo, de pronto se convirtio en una verguenza, pues no sabe reaccionar ante ninguna de estas situaciones; Desconcertada y algo confundida con respecto a lo que tenía que hacer, me parecio que la más sensatas de las decisiones era anularme, ocultar esa parte de mi… Justa y precisamente esas cosas que me hacen ser Yuyita, pero que no muchos logran entender…
El amor por mis libros, mi mundo de letras y la tranquilidad se fueron por un caño, desde su entrada a mi vida, pues él ya tenía planificado mi tiempo libre y hasta el mi tiempo de obligaciones.
Luego de no sé cuantos años viviendo y haciendo las cosas como mejor me parecía, volví a sentirme custodiada por alguien que se dio la tarea de "reeducarme", indicarme en que cosas estaba mal y todo lo que me faltaba por aprender en la vida...
Y si osaba a quejarme por alguna cosa me decía “ya te acostumbraras”…
Hasta que me pregunte “y por que tengo que acostumbrarme a cosas que no quiero, que no son parte de mi?, por que no se acostumbra él a mi mundo, a mis gustos, sin burlarse, sin huir, aceptandome tal cual soy?”
Que yo tenga una visión y manera diferente de ver y enfrentar las cosas no significa que YO este errada y que tenga que cambiar.
El ya tenía planes conmigo, me quería transformar , yo era su muñeca, él ponía la musica, la fiesta y los pasos de baile, yo simplemente debía seguirlo.
No es por ser rebelde o nada que se le asemeje pero me da la ligera impresión de que yo no soy la mujer que el anda buscando, definitivamente él no es el que busco yo.
Porque un hombre que me haga sentir verguenza de mis sentimientos, de mi manera de ser, con el que tema expresar lo que yo siento, ser tan romántica y hasta absurda (como muchas veces lo soy), no merece mis besos, mucho menos un lugar en mi corazón.
Un corazón muy valioso para un descerebrado controlador.
Tal vez si deba dejarme guiar algunas veces, no querer controlar el mundo todo el tiempo y bailar otras melodías, así como aprender nuevos pasos, esta en mis planes que esto suceda, pero creo que no será Michael quien determine la fiesta, los pasos ni la música, eso es definitivo.