domingo, 7 de agosto de 2011

Regalos costosos


Después de escuchar por semanas a Lucía hablándome de las invitaciones de la boda, anunciándome una y otra vez que estoy incluida entre sus invitados y que desea que no falte, hoy finalmente recibo la invitación en mi oficina.
Hermoso el sobre, delicadísimos dise
ños de colores en la tarjeta, pero no solo es una invitación, son dos. También he sido invitada a la despedida de soltera. Caramba, me siento realmente honrada, Lucía y yo no es que somos las mejores amigas del universo y sin embargo, ella se ha tomado el tiempo de decirme que mi presencia en su boda es importante, también ha querido compartir conmigo su despedida de soltera, algo que a mi criterio, es para compartir entre las más íntimas amigas.

Me siento especial, me pongo algo meditabunda y pienso que no se que habré hecho para conseguir tan alta estima de alguien a quien no tengo en ninguna lista especial en mi vida. Pero me siento contenta, porque esta podría ser una oportunidad para ganarme a una amiga. Las amigas nunca sobran, siempre hacen falta y le dan alegría a la vida.

Entonces me dispongo a leer con detenimiento la invitación de la boda, abajo con letras no menos pequeñas que las del resto de la invitación dice: Para accede a la recepción de la boda, es imprescindible llevar esta invitación y regalo en mano, favor entregar en la entrada.

Releí varias veces con atención, tal vez no había entendido bien, tal vez estaba mal redactado, quizás le había faltado un punto, comillas, punto y coma, que se yo.
No podía ser posible que para entrar a la recepción fuera obligatorio llegar con un regalo en mano, me resulta algo grosero y descarado.

La curiosidad me mata, y a pesar de que mi sentido común me dice que no le pregunte, yo me apresuro a tomar el BB y preguntarle a Lucía por el asunto. Apenas llegue a escribirle la frase: "Tengo una duda respecto a lo del regalo", y ella se me adelanto respondiendo: “ay sí, ya me di cuenta del error en la invitación, que pena con todos los invitados, no les especificamos donde está la lista de bodas, es en la tienda “Finissimo”. Recuerda que sin regalo no puedes entrar a la recepción, así que ve temprano a buscar el tuyo”.

Me quede en shock, no podía creer lo que ella me estaba diciendo, no me equivoque. El regalo es obligatorio para entrar a la fiesta de celebración, y no puede ser cualquier regalo, dado lo costosa y exclusiva que es esta tienda.
Reviso la otra invitación, la de la despedida de soltera y para esa también hay una lista de regalos, en otra tienda carísima de lencería. En esta no tiene carácter obligatorio el regalo, al menos no lo especifica en la tarjeta, pero me imagino que ya queda claro con la otra invitación que si vas se espera lleves un regalo, y no cualquier regalo.

Entre una actividad y otra hay una semana de diferencia, o sea que ellos esperan que el que vaya a las dos actividades tendra que dejar más de una quincena invertida en regalos. Mi economía no lo sustenta.

Pero más que nada lo que no lo sustenta es el coraje que me hace sentir esta petición tan descarada, y el hecho de que una vez más preferí pensar bien de los demás, no supe ver mas allá y aquí pase yo nuevamente por tonta, creyendo en amistad y cosas bonitas aún cuando hace ya mucho tiempo sé que detrás de todas las cosas, aún las que parecen más sagradas, hay una segunda intención, un interés, algo que buscar.

Las cosas más importantes de la vida no tienen precio, dicen los anuncios, la gente, las religiones, ect. Pero yo cada vez estoy más escéptica al respecto, no es que tenga paranoia o desconfíe de todos pero curiosamente todo lo que tiene algo de especial, sentimental o importante, siempre conlleva algún aporte o colaboración.

Voy a la iglesia y hay que dar una “limosna” para los pobres, el aporte para la iglesia o no sé qué. Cambio de iglesia, ¡y es peor!, esta no recoge con una canastita sino que tiene una gran urna para que todos aporten mucho más de lo que puedan dar, dicen ellos que eso “agrada a Dios”.

Asisto a una actividad benéfica y no es más que un circo, donde los afectados (niños, gente con cáncer, con sida, síndrome de down, ancianos, ect) son usados para tomarse fotos para las sociales con gente de sociedad, de olores caros, ropa de marca y maquillaje inmaculado. Los abrazan frente a las cámaras, les prometen cosas que no van a cumplir, tratan de conmover a todo el que pueden y le piden a la gente que aporten dinero, nunca que se unan a los voluntarios, que hagan tal o cual cosa, que aporten tal o cual aparato o medicamento, siempre dinero.
Parecería malintencionado dudar del buen destino que se le da a este dinero, que es necesario y útil, pero es que no entiendo para que montar un musical, mandar a hacer camisetas, crear un area vip, brindar buena comida a los invitados especiales, contar con las mejores bebidas, vender souvenir y llenar la ciudad de grandes carteles, cuando lo que se busca es ayudar a quienes más lo necesitan.

¿No sería mejor utilizar todos esos recursos que se requiere para armar todo esto y donarlos directamente a estas instituciones que lo necesitan, sin tanto bulto y aparataje?

Y los eventos sociales, que solían ser para compartir, ya todos incluyen regalos, al paso que vamos ya hasta los “sancochos” y “epaguetadas” en las casas van a contar con lista de regalos.

Si yo sé que probablemente este exagerando, que quizás no esté siendo muy objetiva, pero es que me siento utilizada, estafada, víctima del consumismo. Tantos cumpleaños, días del padre, de la madre, del abuelo, del vecino, del colmadero, de su abuela, que ya tienen mis bolsillos cansados, y nada de eso se traduce a más cariño, mayor consideración o siquiera compañía. Mucho menos en regalos para mí.

Y no es que quiera que me llenen de regalos ni nada parecido, pero no comprendo el negocio de los regalos. Tanto agradar a otros, tanto gastar, sin ningún sentido.

Lo siento por Lucía, su boda, su despedida de soltera y su especial interés de contar conmigo en eventos tan trascendentales de su vida, me perdió tan pronto como leí el sentido de obligatoriedad de los regalos. Si para ser “especial” tengo que pagar por ello, entonces seré felizmente común y corriente todos los días de mi vida.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Setenta veces siete


Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?

Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aún hasta setenta veces siete.

Y aquí comienza mi historia:

El semáforo se pone rojo y él sale como de la nada entre los carros, apoyándose de dos muletas, en una mano tiene agarradas unas gafas que ofrece a los conductores de los vehículos y más abajo se nota la ausencia de una de sus piernas. Vestido con una franela que se deshila, una gorra que alguna vez fue naranja y un pantalón muy desgastado.

El corazón se me encoge, me siento mal por tener tantas cosas y que él tenga tan poco, me espanto el sentimiento diciéndome a mi misma: oye no te engañes, eso es lo que él busca causar en ti y en todos los que le ven.

La lástima es un negocio.

Es cierto que me toco una vida más dichosa, mejores oportunidades y que estamos en desventaja, pero no hay nada que pueda yo hacer para cambiar eso, ni siquiera comprarle lo que está vendiendo, porque eso no lo sacara de su miseria.

Los argumentos que le ofrecí a mi consciencia para que no se sintiera culpable, son muy parecidos a los que tuve que usar cuando finalmente decidí dejar ir a Leonardo de mi vida, luego de largo vía crucis que llamábamos relación.

Poquísimo tiempo después de que pasara la ceguera pasional del primer año juntos, comencé a ver la realidad sin velos ni distracciones, no hizo falta mucho para que comenzaran a surgir cosas que no me gustaban nada y para que yo sintiera el impulso de decirme para mis adentros, ¨yo no quiero seguir¨.

Lo pensé mucho, lo veía muy enamorado y sin la más remota idea de lo que me pasaba por la cabeza o por el corazón. Un día quise ser valiente y le dije que quería terminar.

El lloro, no lo acepto, me pidió una oportunidad para hacer bien las cosas, yo sentí que me deshacía por dentro al ver a este hombre llorando y suplicando por mi cariño, igual yo lo amaba. Entonces no me fue difícil decirle que si, abrazarnos y tratar de obviar mis inconformidades.

Con el tiempo, ¨terminamos¨ se convirtió en una palabra frecuente entre los dos, dejo de tener aquel efecto inmediato que tenía en él, irónicamente se fue convirtiendo en mi kriptonita.

Tantas veces me sentí ahogada, perdida, inconforme, pero no me atreví a irme. Cuando nos distanciábamos yo lo imaginaba en un mar de lagrimas y confusión, me sentía culpable y me decía, ¨Por qué lo haces sufrir así si él solo quiere estar contigo y tu también lo quieres?¨, entonces lo buscaba y volvía.

Me trague mil veces mis frustraciones, mis deseos de ir a bailar, las ganas de hacer tantas cosas que la gente de mi edad hacía, quise complacerlo. Me decía cada sábado, ¨esto es solo por este fin de semana, ya el fin de semana que viene le voy a decir que hagamos algo que quiero¨. Nunca lo hice, y las veces que me atreví a decirle que quería otras cosas, solo motive peleas y más lagrimas de él, quien frustrado me decía que nos teníamos que separar para que yo pudiera hacer todo lo que él no me permitía.

Más de una vez escuche a mi madre decir que yo seguía con él por lástima, y cada vez que me lo decía yo me enojaba mucho, sentía que me daba una patada en el corazón, como si tocara una parte sensible de mi que ni yo misma me atrevía siquiera a mirar.

Me lo negué a mi misma, me lo negué por años, pero eventualmente entendí que nada era más cierto.

Yo siempre estaba pensando en dejarlo, cada día tenía más motivos para hacerlo, pero no lo hacía porque…. Y aquí empiezan los porque: porque su cumpleaños se estaba acercando, porque ya casi era día de san Valentín, porque no podía pasarme las navidades sola, porque él se esta portando como bien, porque ya había comprado el regalo de aniversario, porque lo despidieron, porque su gato se murió, porque esta pasando por un momento delicado, porque necesita mi apoyo, porque, porque, porque, porque yo fui una estúpida.

Y por estar empeñada en el juego de querer ir en contra de lo que marca el destino pague un precio muy alto. Hoy ya sé, que si la vida te dice suelta, lo mejor es soltar y seguir, de lo contrario se crea un malestar en el ciclo del universo que te acarrea mucho sufrimiento.

Fui muy infeliz durante largo tiempo, pero yo ni siquiera me di cuenta, estuve tan concentrada en crear nuevas formulas para sustentar lo insustentable que no mire dentro de mi.

Entonces un día cualquiera y sin esperarlo o tomar en cuenta las fechas que pronto se iban a celebrar, él me dijo que ya no quería continuar la relación y yo me quede pasmada.

Me hablo con una frialdad y actitud que no conocía, me dijo que era una decisión irrevocable y no me dio razón alguna. Cuando le pregunte el por qué, se transformo en una fiera, me hizo todos los reclamos del mundo y me dijo que no me metiera más en su vida.

Creo que la vida se rió a carcajadas de mí ese día y me dijo: ¨Mira al manso corderito que tú tratabas de proteger, el débil corderito que no podía caminar, se convirtió en lobo o más bien en cuervo, y te saco los ojos¨.

El con sus lágrimas, sus problemas y complejos, yo con mi lástima eterna, mis excusas, mi complejo de avestruz, con la cabeza metida en la tierra para no ver la realidad…

No, yo no sé en que pensaba, no sé que me paralizo durante tanto tiempo, en que trance mental me encontraba, no sé lo que me pasó. Tal vez fueron todas las veces que las monjas me dijeron que uno debe perdonar setenta veces siete si es necesario, todas las reflexiones y libros de superación personal que decían que hay que intentarlo una y otra vez.

Quizás fue el modus vivendi de mi familia que todo lo deja pasar, prefiere perder a hacer daño. Probablemente sea el corazón tan flojo que tengo, pero sospecho que las más altas probabilidades las tiene el no tener la madurez, el conocimiento de la vida, de la verdadera naturaleza de las personas y la falta de un carácter más firme a lo que debo esta lamentable experiencia.

Setenta veces siete lo perdone, setenta veces siete me calle lo que de verdad sentía, setenta veces siete me obligue a estar en situaciones que no deseaba, setenta veces siete lloré.

El se fue con la frente muy en alto, sintiéndose ganador. Yo me quede con el aprendizaje de lo que probablemente será mi más grande lección de vida.

La vaca muerta


Dentro de la mayoría de las familias se utilizan expresiones que solo tienen significado para sus miembros. Por ejemplo, en mi familia un envase es una “cantimplora”, una mujer embarazada esta “abimba”, un hijo fuera del matrimonio es un “hijo bartolo” y así sucesivamente.
Probablemente la expresión más extraña y poco común de mi familia es el de “la vaca muerta”.
Este concepto se aplica a las mujeres que se muestran débil con un hombre y le proporcionan materialmente lo que este le requiera, o sea, mujeres que de alguna manera mantienen a los hombres.
Todas las mujeres de mi familia hemos sido llamadas “vaca muerta” alguna vez por mi abuela y no necesariamente por mantener un hombre, basta con mostrar cierta debilidad o deseos de complacer para que se nos aplique el calificativo.
Y yo creo que he cumplido con todos los requisitos que se requieren para obtener este título, con las tontas decisiones que he venido tomando desde hace más de un año, cuando conocí a Rafael.
Rafi, era el nuevo en la oficina, tenía un buen humor contagioso, siempre estaba cantando o contando chistes y era agradable tenerlo cerca.
Tanto hablábamos y compartíamos, que las horas de trabajo se hacían ligeras y agradables, luego comenzamos a vernos fuera del trabajo y eventualmente comenzaron a aflorar sentimientos.
Nos volvimos novios y yo anduve montada en una nube durante más de dos meses, hasta el día en que se acerco el concierto de Shakira.
Yo había esperado ese evento durante meses, le había dicho en cientos de ocasiones como esperaba esa fecha, y una vez iniciamos nuestra relación quedamos en asistir juntos, él dijo que compraría las boletas.
Justo el día del concierto me dijo que lo perdonara pero que no había podido comprarlas porque se le presento un imprevisto y se quedo sin dinero. Me lo dijo con una dulzura y un encanto que logro suavizarme por dentro y hacer que yo me concentrara en correr a buscar las boletas.
Tres horas y un aguacero después, tenía las boletas en mano, me costaron 3 veces su valor inicial. Respire hondo y trate de no darle importancia.
El me dijo, “tranquila mi amor, tan pronto como me salga un cheque que estoy esperando, te repongo ese dinero”. Eso nunca paso.
A partir de allí nuestros encuentros se hicieron cada vez más contados, cuando le reclame que estaba pasando, me dijo que andaba con el presupuesto corto y estaba controlando el gasto en gasolina. Entonces para poder seguir viéndolo con la frecuencia acostumbrada, comencé a ser yo la que lo visitara.
Igual, cuando andábamos juntos más de una vez me toco “prestarle” dinero para la gasolina, pues el tanque andaba casi en reserva.
El dueño del chimi de la calle de su casa se hizo hasta amigo mío, pues fue tanto lo que me toco cenar allí que ya tenía la confianza de servirme yo misma el jugo y terminar de prepararme mis hot dog cuando había mucha gente.
El no tenía dinero para nada mejor de ahí, y yo comencé a perderme las cenas y cumpleaños de mis amigos porque todos eran en restaurantes para los que él mismo decía no poder ni entrar.
Cuando me canse del chimi y mi gesto de “solidaridad” ya estaba teñido de frustración entonces, decidí tomar el toro por los cuernos, elegir donde quería ir, pasarlo a buscar y pagar yo.

Rafael estuvo muy tímido los dos primeros días que yo pague la cena, me dijo en tono dramático que se sentía poca cosa al no poder darme lo que yo merecía, pero esto no impedía que pidiera lo más caro de la carta y que comiera tanto que luego ya no le quedaban deseos ni de conversar.

Rápido se acostumbro y ya estaba que me enviaba mensajes diciéndome que deberíamos repetir tal o cual sitio o comida, porque se despertó con el deseo.

La hora de pagar la cuenta se volvió muy incomoda para mi, los camareros siempre se la daban a él, las primeras veces yo se las arrebataba para que no se sintiera abochornado, después, él mismo le decía al camarero, ¨dásela a ella¨.

Con el pasar de los días y en situaciones que ni sé explicar, comencé a comprarle ropa, porque según él, su vestimenta no estaba a la altura de los lugares que visitábamos, comencé a colaborar con sus gastos, porque supuestamente enfermó y había que comprar medicamentos y una que otra cosa que tuviera que pagar encontraba auspicio en mis bolsillos.

No me pregunten por qué lo hacía, yo misma no lo sé, estaba como en una especie de trance, el conseguía todo de mí y me dejaba sonriente. Hacerme muy feliz, le salía fácil y yo pagaba por eso.

Yo era una vaca muerta feliz hasta el día en que me entere que mi amado se estaba estrenando como padre. Una foto etiquetada a su facebook lo delato. Sus familiares y conocidos llenaron su muro de felicitaciones y él a nada respondió.

Yo tenía la esperanza de que fuera una confusión y me negara que eso era verdad, pero que va. El era el padre de una niña, me lo confesó cabizbajo. Me pidió comprensión y me aseguro que eso no afectaría nuestra relación, que deseaba seguir conmigo.

Honestamente yo quise creerle, la idea de separarnos no me agradaba, a pesar de todo lo que me costaba tenerlo en mi vida. Pero saque numeritos y me di cuenta que esa niña había sido concebida a inicios de nuestra relación, justo cuando el dinero comenzó a escasear.
Entonces comprendí, que no solo había sido traicionada, también había sido utilizada para costear los gastos de ese embarazo y si me quedaba con él, todo parecía indicar que mis bolsillos aportarían bastante en la crianza de esa niña y ni hablar de la creciente mata de cuernos que seguiría creciendo en mi cabeza.

Un montón de sacrificios, un exceso de comprensión, deseos de complacer, mi obstinación de querer estar montada en mi imaginaria nube de felicidad y hacerme la ciega ante tantas cosas que no estaban bien, me llevaron a este punto. Siento que tengo mucha culpa de que esto me pasara.

Me deje llevar de que dentro de esta gran ¨modernidad¨ que estamos viviendo, cada vez se hace más frecuente y normal que una mujer gane más que un hombre, ocupe posiciones más importantes en el ámbito profesional y obtenga mayor reconocimiento. Por consecuencia, a nosotras nos esta tocando hacer cosas que antes no se hacían, como pagar la cuenta, ayudar económicamente a la pareja, pretender ser menos de lo que somos, demostrar que no hay ningún problema en hacer cosas como comer un chimi, cuando en realidad queremos una fastuosa cena en un restaurante que si podemos pagar.

Lo digo no solo por mi, también por muchas de mis amigas que viven esa realidad; y la lógica me indica que esa es la nueva corriente que dominara las relaciones sociales, puesto que el número de mujeres en las universidades supera por mucho el número de hombres, y hasta en esta súper machista sociedad, las mujeres están rompiendo los esquemas ocupando posiciones cada vez más encumbradas. Estamos teniendo más oportunidades porque estamos más dispuestas, queremos superarnos y estamos más preparadas. Y esto no lo digo con orgullo, yo no quiero vivir en una sociedad de desventajas, donde los hombres tengan miedo de acércasenos porque se intimidan, porque ganamos más o en la que estos elijan ser infieles y violentos para compensar sus complejos de inferioridad.

No quiero ser pesimista, pero me parece que ante esta situación, a todas las mujeres de esta generación nos tocara en algún momento jugar el rol de ¨la vaca muerta¨.

Y yo la verdad es que no me quejaría, siempre y cuando al menos recibiéramos a cambio respeto, honestidad y amor sincero.

sábado, 23 de julio de 2011

Palabras feas


Dicen que quien no perdona esta condenado a vivir solo y amargado, yo creo que es cierto; pero claro, siempre es fácil teorizar sobre el perdón porque mientras uno lo hace anda pensando en los errores que ha cometido y en las personas que uno quisiera nos dejaran pasar tantas cosas que hicimos mal, en las que continuamos errando y las faltas del futuro.

Cuando el perdón debe venir de nosotros hacia los demás entonces ya el asunto cambia, se hace más serio, más complejo…

Quienes más ponen a prueba nuestra capacidad de perdonar y comprender son los amigos, esos seres tan necesarios y especiales, que al mismo tiempo representan el lado fino de la soga en nuestras relaciones interpersonales; pues la familia y la pareja tienen un sentido de obligatoriedad e importancia que consumen casi toda nuestra capacidad de querer, comprender y perdonar.

Mi amiga Dorita puso a prueba todo lo anteriormente mencionado el día de su boda.

Hasta ese día habíamos sido como hermanas, ella conocía todas mis tragedias y alegrías desde que estábamos en séptimo curso. Yo había sido su paño de lágrimas, su compañera de compras y todas esas ridiculeces que uno comparte con tanto gusto entre amigas.

Cuando su novio le pidió que se casara con ella, empezó la locura. Me lo contó y yo supe que la avalancha de trabajo que venía para encima de mi no iba a ser poca, pero eso no importó, yo estaba muy feliz y emocionada por ella y sin darme cuenta me convertí en su ¨wedding planner¨.

Cumplí sus exigencias, me emocione con cada detalle hasta las lágrimas, organice la despedida de soltera, recorrí diez floristerías y cuatro reposterías hasta encontrar las flores y el bizcocho que ella deseaba y hasta me mantuve pendiente de que el novio pasara a tiempo por la lavandería a recoger su traje para la ceremonia.

El día antes de la boda, Dorita me envió un mensaje explicándome que para mejorar su relación con la familia del novio, había decidido nombrar a su cuñada dama de honor y como la cuñada y yo éramos delgadas no iba a ser ningún problema que yo le cediera mi vestido de dama de honor y me pusiera el de la cuñada.

Me sentí tan ofendida y agredida que no asistí a la boda a pesar de las más de 40 llamadas perdidas que se registro ese día en mi celular.

Tres semanas después, recibí un correo de Dorita que concluía diciendo que yo estaba envidiosa de su felicidad.

Yo no respondí, aún intento contener la avalancha de reclamos e indignación que me provoca su desconsideración.

Creo que Dorita me ha hecho entender a mi amiga Estela, la que me dejo de hablar un día de repente y sin explicación. A estas alturas ya no debería llamarla¨amiga¨, pues ella decidió dejar de ser mi amiga sin avisarme.

Estela y yo nos volvimos muy unidas, compartíamos detalles muy confidenciales de nuestras existencias, pero un día ella comenzó a juzgarme, a recriminarme el por que tomaba las decisiones que tomaba y a señalarme que me equivocaba con frecuencia.

Yo la quería mucho, disfrutaba de su compañía pero empecé a ya no querer contarle mis cosas y hasta a inventarme cosas que no eran ciertas solo para no decirle la verdad: que seguía equivocándome y haciendo todo lo que ella condenaba.

Tengo la teoría de que se dio cuenta que mentía, se decepciono y eligió sacarme de su vida. Rara vez la veo y cuando nos vemos me trata con distancia, como si no hubiésemos sido confidentes.

Me da tristeza cada vez que pienso en Estela y lo que perdimos, tristeza como la que trata de inspirarme mi amiga Valentina, que de valiente no tiene nada. La quiero como a poca gente he llegado a querer en la vida, pero reconozco que es un saco de lamentaciones andante.

Cuando la conocí pensé que estaba en un mal momento de su vida, pues cada renglón importante de su existencia parecía marcado por la tragedia.

Tiene un corazón enorme y siempre esta dispuesta a sacrificarse por mí o por cualquiera, creo que precisamente por eso vive triste y con problemas, pues no solo carga con los suyos, también siente la necesidad de cargar con los ajenos.

La quiero, es mi amiga, pero esa forma de vivir me afecta, sufro viéndola sufrir, me llena de impotencia que se empeñe en estar mal. Por eso he decidido estar en distancia con ella, pero me da tristeza, no quisiera que tenga que salir de mi vida.

La que si necesito que salga de mi vida es Lolita, que se ha dado la tarea de andarme mortificando contándome paso por paso como van los preparativos de la boda de mi ex novio. Como si eso no me afectara.

No es que yo siga enamorada de él o que quiero que regresemos, pero caramba, a quien le cae bien que a alguien a quien amaste, con quien intentaste crear un futuro, este ahora con otra a quien le ofrece con alegría lo que tantas veces le reclamaste para ti.

Yo lo deje ir hace tiempo, pero Lolita insiste en hacerlo presente con sus cuentos de lo que hace, lo que planea hacer y yo no entiendo con que propósito me dice esas cosas.

¡Que rabia!, prefiero no hablar con ella, alguien que te lastime haciéndose el que no sabe que te hace daño, no puede ser amigo tuyo.

Yo quiero perdonar, aceptar, comprender y ser tan paciente, espiritual y correcta como dicen todas esas reflexiones que circulan por Twitter y Factbook, pero que va.

La gente se la pone a uno demasiado difícil.

La vida debería ser tan correcta, limpia y civilizada como decimos, pero las realidades que se nos presentan y nuestros sentimientos, complican las cosas.

No esta bien gritar, pero gritamos, no esta bien ofender, pero ofendemos, no esta bien que abandonemos, pero abandonamos. Lo mejor siempre es hablar, pero hay cosas en las que jamás podremos ser comprendidos, por eso elegimos callar.

Entonces la indiferencia, el silencio, el desprecio y la distancia, por más feas que sean en su definición, resultan ser, muchas veces, la medicina de nuestros males.

martes, 7 de junio de 2011

Viviendo la vida loca


Una de las cosas más difíciles de admitir en voz alta es “me botaron” y no es que yo sea diferente al resto del mundo, pero no voy a decir que me cansé y lo mande a volar, que nos estamos dando un tiempo o a inventarme una historia que pronto olvidare y eventualmente me hará quedar como una mentirosa entre mis conocidos.

Leonardo me boto, me dijo muy claramente que ya no desea continuar nuestra relación y como si fuera poco abrió la puerta de la casa invitándome a salir.

Después de llorar con jipio, maldecirlo con todas mis amigas, amargarme hasta con las letras del himno nacional y casi estrellarme contra un poste de luz por andar manejando con los ojos llorosos; me dije: Ya esta bueno de estar dando asco, total que él ni se entera y que tal si se entera, ¿acaso quieres que regrese a ti porque le da tanta lastima tu condición que siente que no tiene otra opción? No señor, no porque él me haya botado quiere decir que yo este de más en el mundo.

Me fui al salón e hice lo que toda mujer en despecho hace: cambiarse el corte y color de pelo.
Salí y me sentí otra, olvide mis estrictas reglas de ahorro y gaste lo que se antojo en mi tienda favorita (en la que todo cuesta un riñón, pero es tan lindo), me veía fenomenal, las compras me revitalizaron, ahora solo faltaba buscar con quien salir. Después de varios minutos de búsqueda exhaustiva en mis contactos del bb, del chat de gmail, de mis mensajes directos en el twitter y los comentarios sugestivos de mi facebook, recordé la existencia de Braulio, un colega que hace meses quiso darse la tarea de conquistarme y decidí frenar de golpe para continuar en la relación que termino hastiando a Leonardo.

Muy dispuesto Braulio acepto mi invitación, yo para evitar conversaciones, darle chance a que se pusiera serio o en plan de estrategia, le dije que me llevara a bailar. Efectivamente, entre la música y el alcohol nos aturdimos, solo recuerdo que bailamos a más no poder y que salí descalza de la discoteca, esta es la fecha que no sé donde deje mis zapatillas doradas. Pero qué más da, esas me las regalo Leonardo.

No tengo costumbre de beber alcohol, por lo que al día siguiente de la bailadera amanecí con un malestar que creí estar agonizando.

Como toda persona resacada jure que nunca jamás en mi vida volvería a probar un trago de alcohol, dos días más tarde, iba por la segunda copa de margarita y no había quien aguantara la risa incontenible que tenía (si no me graban con el celular no se los creo). Mis amigas que armaron una salida para distraerme y darme apoyo moral, terminaron muy arrepentidas de aquella iniciativa, luego de la vergüenza que les hice pasar con mi exagerada risa y un improvisado baile que intente hacer sobre la mesa.

Braulio me volvió a llamar para que saliéramos, yo que estaba más que decidida a vivir “la vida loca” hasta olvidar a Leonardo le dije que sí y sin darnos cuenta comenzamos a vernos diario, siempre con un plan diferente. Se atrevió a besarme en la tercera salida, no puse oposición y durante los siguientes días seguimos el improvisado romance.

Andábamos agarrados de la mano, hablábamos por horas, jamás trato de pedirme un nombre para lo que teníamos o de exigirme publicar en mi facebook que teníamos una relación. Nadie nunca hablo de eso. Y yo nunca lo pensé hasta el día en que para referirse a él dijo “nosotros”.

Ahí fue cuando sentí que me sacudieron y escuche un imaginario grito: “!oye Yuyita despierta!”

La estaba utilizando y no debía, porque a pesar de andar pregonando que no quería saber de Leonardo y querer demostrarle al mundo que era mucho más feliz de lo que jamas fui en la vida, en realidad todo lo estaba haciendo por él. Yo creí que quería olvidarlo pero que va, lo único que quería era que alguien le dijera que me vio muy feliz, sexy y enamorada para ver si regresaba a rescatarme de mi locura.

El único “Nosotros” que yo conozco es el que me incluye junto a Leonardo, por más patético que eso suene en estos momentos, la verdad ante todo.
Por eso hable con Braulio, me aleje de él, ya no lo he buscado más y estoy siendo un poco más sincera conmigo.

¿Qué hago yo dizque usando colaless como ropa interior diaria? Por más sexy que digan que es eso, es la cosa más incomoda del universo, además esa no soy yo, he regresado a mis ropa interior de niña buena.

Y en este preciso momento salen de mi closet las blusas de escote exagerado, no sé en que pensaba cuando compre todas estas blusas atrevidas hace algunos días atrás, yo ni siquiera tengo suficiente material para provocar más que la pregunta ¿y para que ella está usando eso?

Ya no tendré que fingir que no tengo sueño para continuar el recorrido por todos los bares y discotecas de la ciudad, no sé si es señal de vejez o que pero no tengo espíritu para disfrutar eso, prefiero la paz de una buena conversación y la sobriedad que me impide querer subirme en las mesas a bailar y terminar mostrándoles a todos mis lunares de nacimiento.

Hasta aquí Yuyita y la vida loca, me resigno a vivir lo que me toca, soy una mujer botada, en despecho, loca porque me recojan y punto.


jueves, 2 de junio de 2011

Una mujer exitosa

Me ascendieron, la mitad de la oficina se pregunta que he hecho yo para merecer semejante ¨distinción¨, ya cada quien tiene su propia teoría al respecto. La otra mitad de la oficina se divide entre los indiferentes y los que de verdad se alegran de mi progreso.

Yo ando asustada. No esperaba el cambio.

Se supone que debería andar alegre, orgullosa y brincando en un pie, pero la verdad es que me siento desorientada. Lo que hago ahora no se parece mucho a lo que hacía, ando torpe aprendiendo paso a paso, y preguntándome cuando llegara el día en que esto se me haga natural.

Mi muro de Facebook se ha llenado de felicitaciones, varios mensajes privados me preguntan como logre conseguir el puesto; la mayoría finalizan sus correos pidiendo que los tome en cuenta o que los recomiende (piensan que tengo algún tipo de poder cuando en realidad sigo siendo un peón en esta tabla de ajedrez). Mi familia dice que soy su orgullo. Yo me siento perdida.

Quería cambios en mi vida, es cierto que los pedí, y antes de iniciar el año presentí que lo que sucedería conmigo estaba fuera de mi control y mis deseos, lo supe cuando al tratar de trazarme metas no podía visualizar nada, no podía decidirme, la mente siempre se me quedaba en blanco… Y eso no es usual en mí.

Algo muy importante para alguien como yo que esta acostumbrada a creer en sus presentimientos, pues me confieso con cierta sensibilidad paranormal, probadas en mis acertadas adivinaciones y predicciones futuras.

Actualmente, mis ingresos son casi el triple de lo que obtenía antes del ascenso…

Pero inexplicablemente el dinero se va más rápido de lo que nunca se fue; he visto llegar varias quincenas contando solo con 500 pesos o menos como mi capital absoluto. Algo que tampoco es usual en mi.

No sé a donde se fue mi sentido de la prudencia y el ahorro, ni mi don de buena administradora. Ando aferrada al derroche y a pesar de eso, el sentimiento de culpa no me deja disfrutar de todo lo que compro.

Estoy más triste, más confundida, esperando a que se me pase el malestar de la adaptación, tratando de seguirle el ritmo a mis muchas obligaciones, intentando no olvidarme de vivir, pero que va, todo se me vuelve un lío y pasan los días sin que mejore el estrés o el malestar.

Poco antes de mi ascenso, había pasado un buen tiempo analizando mis opciones y la dirección que deseaba darle a mis pasos, para esos días me encontré con una persona, de esas que parece manda Dios para darte algún mensaje, y entre tema y tema me dijo: “mucha gente se queda con una pareja que ya no quiere, en un trabajo que no le gusta y en situaciones que no desea, solo por miedo a no encontrar algo mejor; cuando le damos cabida al miedo le dejamos a los demás la decisión de lo que sucederá con nuestras vidas. Cuando esa pareja decida dejarnos, cuando ese jefe decida despedirnos, cuando esa situación nos obligue a tomar otro camino, entonces ahí buscamos otra alternativa”.

Y esas palabras dieron vueltas en mi cabeza por muchos días, aún siguen muy presentes, pero desde el primer momento en que las escuche pude admitirme sin temor que ya no quería continuar en el trabajo que tenía.

En los días en que organizaba todo para renunciar, me llamaron para anunciarme mi ascenso. Yo quede muda, agradecía las felicitaciones y me aguantaba las ganas de gritar: “!Esto no es lo que yo quiero, estoy abrumada, no me feliciten!”

Siento que no me dejaron elegir, esto no lo decidí yo.

Si, es cierto que se siente bien cuando alguien me pregunta a que me dedico y puedo recitarle mi nuevo y fastuoso cargo, logra impresionar a la gente y a mí me deja la satisfacción de hacerle sentir a los demás que he llegado a ser importante; aún cuando yo no lo sienta así.

Pero aparte de eso no hay ninguna otra recompensa. Mis niveles de estrés son alarmantes, mi tiempo libre no existe, mi infelicidad va en aumento, mi confusión crece con el pasar de los días.

Eso sin contar los constantes regaños, exigencias y malos ratos por los que me hace pasar este nuevo puesto, claro pero de eso nadie sabe, esas cosas no se hablan para no aniquilar la ilusión de que soy muy importante y que este puesto es el mejor de todos.

Ya he perdido la cuenta de las veces que me ha pasado por la cabeza ir a renunciar, el día que estaba más decidida se lo dije a una de mis mejores amigas por teléfono, iba caminando a la oficina de mi jefe para decírselo y mi amiga me convenció de que tenía que pensar mejor las cosas… Y aquí estoy semanas después pensando y sintiendo lo mismo.

¿Qué dirá el mundo de mí si renuncio?

Que soy una loca, tal vez. Que jamás tendré otra oportunidad como esta, que le estoy dando patadas a mi buena suerte.

Mi jefe es un hombre importante, es reconocido hasta en el extranjero, un gran profesional, me impresionan sus destrezas, me maravillan sus estrategias, pero su vida personal dista mucho de este gran éxito. Nunca se ha casado, dice que no encontró a la mujer de su vida a tiempo, tiene hijos con varias mujeres, con ninguno tiene un vínculo que lo haga sentir realmente padre, porque nunca tuvo tiempo para serlo, había mucho que hacer en la oficina. Ahora ya no cree en mujeres ni en sus hijos, piensa que todos andan tras su dinero o quieren beneficiarse de su posición.

Como dice una expresión por ahí: es tan pobre que solo tiene dinero.

Yo no quiero ser así, me espanta la soledad del éxito, me asusta la falsedad de las felicitaciones y los halagos, me presionan las expectativas de quienes me rodean.

Prefiero trabajar en algo que disfrute hacer, ganar lo que me permita tener una vida digna y estar fuera del abrumador foco del éxito.

Quiero tener la vida que elija, no la que me impongan los demás, no me importa si eso implica no ser considerada una mujer de éxito.

¡Ah la vida que es difícil y compleja!, hasta lo bueno fuera de sitio y tiempo resulta ser un mal.