domingo, 12 de agosto de 2012

Peticiones sin sentido


José Carlos es el nombre del que fue mi primer novio. Yo siempre he creído que fue mi primer novio, aunque ahora que lo pienso bien, era más bien un amigo del que me agradaba su atención. Nunca nos dimos un beso,  éramos más niños que adolescentes cuando decidimos llamarnos novios y además de conversaciones diarias por teléfono, nunca compartimos nada más.

A los tres meses decidí terminar la relación, quien sabe por qué y el siguiente año y medio me la pase suspirando por él.
Lo que yo mas deseaba en aquella época, con todas mis fuerzas, era que el regresara, que me llamara, que volviera a tener esa conversación diaria por teléfono. Ahora eso es muy poco, pero en aquel entonces, significaba demasiado para mí.

Cada vez que yo rezaba, le pedía a Dios casi con lagrimas en los ojos que trajera a José Carlos de regreso. Por esta causa hasta llegue a usar el chantaje con Dios, le dije que si el existía que hiciera que José Carlos me llamara en ese mismo momento.

Me obsesione con la idea de recibir esa llamada, el pasar del tiempo hizo que me distrajera con el asunto. Poco después de un año y medio de ausencia, el teléfono sonó y era él.
No lo podía creer, la emoción era tan grande que ni me concentre en lo que me decía, cuando me fui calmando y escuchándolo, me percate de que no estaba sintiendo nada fantástico como imagine sucedería si volvíamos a hablar. No era cierta aquella conexión mágica que tantas veces fantasee. Yo no sentía nada. Aquella fue una llamada cualquiera y punto.

Pienso en esto porque hace dos semanas fui a la iglesia, después de más de un año de rebeldía con mi fe, la iglesia y otros temas similares. Fui mas a agradecer que a pedir, pero sí, también pedí. Quería pedirle que de alguna manera trajera de regreso a Leonardo y que me dejara entender si con Enrique ( si, sigo pensando en Enrique) existía la posibilidad de construir algo beneficioso para ambos, o que abriera otro camino para mi, que me diera la oportunidad de ganar, después de tantas perdidas.

Pero me detuve porque pensé en José Carlos, en mis expectativas, en mi obsesión, en mi chantaje de que para creer en Dios las cosas tenían que ser como yo decía y en el momento que lo decía. Sin siquiera darme cuenta que lo que con tanta insistencia pedía ya realmente ni me importaba.

Cuando yo insistía con José Carlos, ya eso había pasado, ya no me hacia feliz, y esa fuerza superior, se llame Dios, Buda, Mahoma o como sea, sabía mejor que yo lo que en verdad sentía, y continua siendo el que sabe cuando algo ya no conviene, cuando hay que abrir espacio para lo nuevo.

Entonces en lugar de pedir que se ejecutara el guión que tenía en mi cabeza, decidí pedir por Enrique, por Leonardo, por mi y nuestras situaciones aparte, le pedí con todo el corazón a Dios que derramase todas las bendiciones que pudiera regalar a cada uno de ellos, para que encontráramos nuestros caminos, sin que YO interviniera en la decisión de nadie. Para mi pedí toneladas de paz y equilibrio. Con eso me basta para continuar.

Y como si la vida se estuviera burlando de mí, yo en aquella actitud zen que tanto me costó adquirir, recibo una llamada perturbadora. Era Leonardo.  Mire hacia el techo de mi habitación y le dije a Dios: “¿Qué paso con la paz que te pedí?”.

Era quizás la primera vez, en años, que no me dirigía a Dios para pedirle que me ayudara a hacer que mi relación con Leonardo funcionara y la primera vez que recibía una respuesta tan positiva e inesperada.

Era otro Leonardo el que me hablaba al teléfono, más calmado, más dulce, más parecido al hombre del que me enamore. Me deje envolver ante aquella especie de aparición que lucía más una invención mia que otra cosa, y no le dije que no a nada, le seguí el juego en todo lo que me dijo y me pidió.

Cuatro días después ahí estaba yo con él sentada en un mueble abrazados, viendo la televisión, como en los viejos tiempos, solo que esta vez, mi mente no estaba a mil revoluciones pensando si esto era señal de que todo estaba bien o si debía ya estar psicológicamente preparada para nuestro próximo enfrentamiento o la próxima vez que él decidiera decirme todo lo que no soy, todo lo que me falta, todo lo que le abrumo.

Esta vez pensaba en mi celular, en los amigos que estarían hablándome, en el libro que deje a mitad de leer en mi mesita de noche, en ese mail que podría estar enviando antes de que mi jefe  se durmiera, en los asuntos que debía tener pendiente resolver a primera hora en el trabajo.
En fin, mi mente no estaba allí y me pasó algo que jamás imagine sucedería: extrañe mi soltería.

Creo que ese ser superior me hizo ver una vez más, que las miles e insistentes peticiones que le hice no tenían el más mínimo sentido. Yo ya no quería a Leonardo y honestamente estaba más que bien por mi cuenta.

Había creado ya un mundo nuevo para mí, y ni siquiera  me había percatado hasta entonces.
Aquello fue chocar contra una pared, pero una que me daba las buenas nuevas de que al fin había dejado atrás aquel cuento tan cansón de “Yuyita y Leonardo, forever together”.

A veces nos convencemos de que cuando algo específico (y casi siempre, medio imposible) llegue, podremos tener al fin la felicidad plena. Cuando tenía 8 años  pensé que eso sería unos patines, con 12 años yo creí que era la llamada de José Carlos, ahora con 25, pensé que sería el regreso de Leonardo, pero que va, la alegría y la tranquilidad que al fin siento dentro de mi no tiene nada que ver con ninguna de estas cosas, es lo más cercano a la felicidad que he probado en años y no la pienso poner en riesgo por cualquier invento de necesidad mía o ajena.

Lo acepto, más que conforme y feliz, no soy dueña del destino, ese cargo ya tiene dueño y a él lo dejare hacer lo suyo sin intervenir.


domingo, 29 de julio de 2012

Princesa desencantada


Cuando el amor se acaba no hay un momento específico que uno pueda pronunciar como ¨hora de la muerte¨, es un proceso impreciso, continuo y casi imperceptible muy parecido a cuando apagan las luces de un teatro. Primero apagan la parte de atrás, siguen los focos del centro y finalmente los del frente.

Ya cuando faltaban esas imaginarias luces del frente por apagarse, yo deje de sentirme especial, ya no era esa princesa encantada que él adoraba, por la que hubiera peleado mil batallas para rescatarla.
En este punto ya podía ignorarme con facilidad y mi desesperación por encontrar una explicación a lo ocurrido solo lograba alejarlo más. Era como si él ya no estuviera allí, como si alguien menos gentil y totalmente desinteresado en mi, le hubiera usurpado el alma.

Descartar la relación en esas circunstancias no es una opción, es lo que sucede aún te quedes estática y negada a aceptarlo. Desde el momento justo en que toda la magia se esfumó el único deseo que sentí fue el de volver a sentirme amada, valorada, importante. Volver a sentirme una princesa, la más especial de todas.

Y entonces apareció Enrique, con su pelo ondulado castaño, su look de artista bohemio, rebelde, osado, tan seguro de sí mismo y silencioso. Hasta el día en que ví a Enrique no creí en el llamado ¨amor a primera vista¨. Lo adore desde el primer instante, ni siquiera creí que contara con lo requerido para llamar la atención de alguien así.

Pero para mi sorpresa si lo hice y comenzamos a hablar de muchas cosas, hasta llegar al que siempre seria nuestro tema estelar ¨música y letras¨. El era músico sabía tocar  tres instrumentos, pero su favorito era la guitarra; y aún cuando no tenía ningún instrumento a mano, creaba melodías hasta dando toques con los dedos en cualquier superficie que encontrara.

Todo tiene un sonido musical para él, inclusive los sentimientos. Cuando nuestra amistad se fue afianzando, un día me llevó a un ensayo de jazz y luego de una pieza, que mi me pareció magistral, me dijo que yo era idéntica a esa música.  Yo, idéntica al jazz, ¡wow!.

Y si en algún momento dude de lo que quería con él, ese día, en aquel instante, cualquier indecisión, confusión o ambivalencia se evaporo.

Con muchísimo esfuerzo, contuve el imperioso deseo de besarlo, de brincarle encima, de gritarle al mundo que él me tenía loca de amor, con la ilusión renovada,  con la sonrisa más sincera y alegre que recuerdo haber lucido en mucho tiempo.

Cada vez que él se acercaba algo dentro de mí creaba chispas, algo se encendía con fuerza y determinación en mi interior.

Una vez  su brazo descubierto quedo muy junto al mío y el solo roce de su piel, me hacia respirar muy hondo y en silencio para contener tantas emociones, era una avalancha de sentimientos muy intensos.

¨¡Pero díselo!¨, me aconsejaban mis amigas, es que ellas no entendían que con él no eran fácil esas cosas, yo que no paro de hablar y hablar, cuando él estaba cerca prefería entrar en su silencio.
Siempre tan callado y tan musical, me decía una y otra vez que debía intentar escribir canciones para que él pudiera musicalizarlas. Lo intente varias veces, pero no podía, todo lo que conseguía escribir eran cosas relacionadas a lo que él provocaba en mi y no me alcanzaba el valor de entregárselas.

Entonces un día, de esos tantos que compartimos el silencio, me dijo que era la inspiración de sus más recientes composiciones, que podría hacer álbumes completos que hablaran de mí.

Sentí tambores imaginarios retumbar, pensé  ¨¡Dios mío, por fin me lo va a decir!¨, pero ya no me dijo más nada, dirigió su mirada a la guitarra y continuo tocando. Cuando me despedí no se levanto, regularmente nunca lo hacía. Todo continúo como si nada y así mismo pasaron los siguientes días.

Me pregunte si estaba loca, si había confundido sus palabras, sus intenciones, si había imaginado la situación, si en realidad aquello nunca pasó…
Y me pasé aquellos días con la estrofa de una canción dándome vueltas en la cabeza:
¨Tal vez nos volveremos a ver, mañana no sé si podré, ¿Qué estas jugando?, me muero si no te vuelvo a ver…¨

Así me sentía yo, con ganas de correr a verlo cada día… Así se supone se siente cuando uno ya no se puede sacar tan fácil a alguien del corazón y los pensamientos.

Entonces lo entendí, no sentíamos lo mismo. Me atormente pensando que había tantas posibilidades de estar equivocada porque su silencio guardaba cosas que no sabía y que quizás si yo las sabía sacar de él entonces podría llevarme la sorpresa esperada.

Pero no podía hacerlo, no podía enfrentarlo y arriesgarme a perder otra vez, no podía defraudar esa necesidad de mi amor propio por sentirme otra vez valorada. Un alguien que viniera por mi, no que tuviera yo que subirme en un corcel vestida de armadura y lanza para pelear por él, como por tanto tiempo lo hice antes de que el amor que compartía con Leonardo lo atacara un implacable cáncer.

Yo, que ya estaba con la armadura puesta, con intención de agarrar la lanza y terminar de subirme al corcel por el amor de Enrique, me dije ¨esta vez no¨.
Quiero cambiar el personaje, darle un receso a la heroína guerrera y ser otra vez la princesa del castillo por la que hay que vencer dragones y villanos.

Esta fuera de moda, lo sé. Pero la guerrera valiente que hay en mi esta cansada de tantas guerras y batallas, ganadas o perdidas da igual al final, de tanto pelear uno termina sintiendo que de todas formas fue vencido.

sábado, 14 de julio de 2012

Lo que no me falta


Sospecho que estoy en el mejor momento de mi vida, y si no es así es algo muy parecido.  Definirlo no fue nada fácil, porque uno jamás duda para saber cuando está pasando uno de los momentos más horribles o difíciles de su existencia, pero si nada trascendental sucede y no hay tarjetas o fiestas en las que se pueda celebrar lo que estás viviendo, entonces solo se puede catalogar como “tiempo ordinario”, así como en el año eclesiástico.

No es mi cumpleaños, ni hay cumple mes o aniversario de pareja, baby shower, despedida de solera, boda, graduación, bautizo, ni nada de eso. No me ascendieron, tampoco me hicieron un aumento de sueldo.
¿Qué fue lo que me paso?, pues nada del otro mundo…


Hace unas semanas desperté y no me sentí desesperada, ni angustiada, ni atormentada. Mi primer pensamiento del día no lo ocupo un problema, ni un hombre, tampoco el trabajo. El sol me hizo voltear hacia la ventana y no pude evitar sonreír al ver un pajarito cantar, yo sentí que cantaba para mí.
Me encontré en el espejo y por fin vi a la muchacha de la que muchos me hablaron era bonita y con tantas cualidades que yo no podía ver.


Durante demasiado tiempo sentí que era cualquier cosa, menos maravillosa, como tantos amigos y familiares muy queridos, me decían casi con ira. Porque sin importar que tan serio o convencidos lo dijeran,  yo era incapaz de verlo, en cambio sentía que había fallado en tantas maneras y no era digna de muchas cosas.


Esa hermosa mañana decidí  que era un día para ver  y disfrutar de la gente, compartir y reír hasta que me doliera la barriga.
Y pensar que cuando comencé a salir tras mi aparatosa separación con Leonardo, casi me obligaba a hacerlo, y en lugar de hacerme sentir mejor la compañía de los demás, me desorientaba, me sentía perdida, me hacia querer salir corriendo a buscarlo y pedirle que no me dejara sola entre tanta gente y cosas desconocidas.


Prefería mil veces la soledad de mi habitación, la costumbre de años, aunque ya me aburrieran a morir. Tal era mi desesperación que los pleitos y las desilusiones me llegaron a parecerme un precio justo con tal de tener el remedio de tanta angustia y desequilibrio.
Ahora puedo decir, ¡qué cosa tan maravillosa, esta idea de obligarme a estar sola!.  Ya hasta aprendí de quienes debo correr y que compañías conservar.


En los primeros días fueron Mercedes y Conchita las que se ocuparon de mi, asumieron mi mal de amores como una causa propia y se dieron la tarea de sacarme de la casa, sin escuchar mis excusas ni hacerle caso a mis miradas perdidas o expresiones de aburrimiento extremo. Ambas son casi inseparables, viven a pocas casas de distancia y lo que las unió fue precisamente el desamor, o como dicen ellas “la mala suerte con los hombres”.


Mercedes es madre de un niño idéntico a su papa, el hombre que se convirtió en el centro y fin de su existencia. Durante cinco años fue su novia, todo estuvo bien hasta el segundo año, después comenzaron las infidelidades de él, los pleitos, las reconciliaciones y las distancias. El cada día mas lejos, ella cada día mas obsesionada con tenerlo. Se le ocurrió la original idea de quedar embarazada para hacerlo recapacitar y esto lo hizo correr todavía más y sin retorno. Ahora tiene ya varios años siendo madre soltera.


Conchita se enamoro de un mentiroso que le hizo todos los cuentos del mundo, ella todo lo perdono. Le hizo creer que se iban a casar y cuando faltaba solo un mes para la boda se fue a Estados Unidos, diciendo que iba a buscar el dinero para armar la casa. Han pasado ya seis años de eso y él aún insiste en que lo espere, que va a regresar. Ella dice que no, pero todos sabemos que lo está esperando.


Y con estas dos amargadas chicas me pase dos meses saliendo y hablando constantemente, hasta que me di cuenta que al verlas, salía mas cargada de lo que llegaba, me tiraban sus frustraciones, me hacían sentir desesperanzada, como si nada tuviera solución, como si fuera imposible encontrar una salida o  un buen hombre en el mundo, como si la felicidad fuera un asunto basado completamente en lo que otra persona decida sentir o hacer por ti.


Sé que querían ayudarme, pero me estaban hundiendo más. Entonces me aleje.
Aprendí a evitar las conversaciones de hombres, de fracasos, de nostalgias, desesperanzas y cosas tristes, eso se convierte en un círculo sin fin…


Mi tio vino hace poco al país y me hablo de las maravillas de gringolandia  (como si en la tv ya no dijeran suficientes cosas)  me propuso irme una temporada con él, a conocer y hasta probar suerte profesional en el extranjero, me pareció descabellado, nunca he considerado esa opción. Nací sin el sueño americano integrado a mi sistema.


Pero lo reconsidere, ¿Por qué no?, ¿Qué me ata a esta tierra?, ¿Qué responsabilidades tengo?, ¿Qué grandes necesidades cubre el dinero que gano?.
Estoy viviendo por y para mí, no hay cuerdas que me aten, no hay nada que deba hacer si no lo deseo. En este momento de mi vida me puedo dar el lujo de muchas cosas soñadas.


Como si me hubieran dado un boletín de último minuto, una primicia inimaginable, así me sentí cuando me di cuenta de que mi vida, era mía. Solo mía y de más nadie.
Qué cosa tan feliz, puedo hacer lo que yo quiera y no me estorba nada. ¡Puedo elegir!
Suena estúpido, lo sé, pero eso ha cambiado todo en mi.  Es que por primera vez siento que no me falta nada.


Esta no es la vida que me toco, es la que estoy eligiendo porque quiero. Puede que lleguen mejores cosas, pero honestamente, hasta ahora, esta es la mejor de mis etapas, cuando todavía no sé nada, cuando en cualquier momento todo puede cambiar, cuando todo lo mio es solo mio y cualquier cosa es posible.

martes, 26 de junio de 2012

Ser buena


No sé si fue por haber pasado más de la mitad de mi vida en un colegio de monjas que hablaban del servicio, del amor, el sacrificio y las obras desinteresadas, o si el asunto esta más relacionado con mi familia y su a veces extrema bondad para con los demás. Mi jefe le llamaría a esto ¨falta de carácter¨ y en este punto ya he llegado a la conclusión de que es simple y llana estupidez.

Bueno, el asunto es que Gloria, la misma que se quedo por ¨accidente¨ con todo el crédito de haber realizado un proyecto que hice yo sola, me escribió el otro día por facebook un mensaje tan conmovedor que me volvió el alma un agua de azúcar. Pensé para mis adentros, ella ni siquiera planeo lo que sucedió, las cosas se dieron así y esto demuestra que esta arrepentida… Y con estos pensamientos acepte la invitación a su casa para preparar unos tacos.

Entusiasmada y sonriente llegue, la encuentre muy estresada, me pide que la ayude en la cocina, lo hago sin problemas. Noto su ausencia unos minutos que se extendieron cada vez más y más, luego comienzo a escuchar voces. Termino de cocinarlo todo y cuando saco la cabeza a la sala me encuentro con una reunión de personas desconocidas para mi, y Gloria en el medio de la sala de lo más risueña y despreocupada.
Me escabullí entre todo aquel jolgorio y me fui sin decir nada. Recibí otro mensaje de ella en facebook casi una semana después: ¿Y qué paso que no te volví a ver?

Me pregunto si ella pensara que los tacos que se comieron ese día habrán aparecido listos por obra y gracia del Espíritu Santo o si nunca reparo en el asunto.
Pero ok, lo dejo ir…

Hace casi tres meses que intento hacer que coincidan la apretada agenda de mi odontólogo y la mía para una consulta.
Un martes por la mañana me llamo para decirme que iba a estar disponible hasta el mediodía, quise aprovechar la oportunidad pero me hizo sentir mal tener que pedirle a alguien más de la oficina que me cubriera ese par de horas, cuando ese día estaba siendo especialmente estresante. Al final decidí no abrumar a nadie por mis cosas y me quede trabajando.

Leila me juro que sentía tanta pena como la que yo sentí aquel día pero tenía una emergencia que se imponía y necesitaba que la cubriera, y así lo hice, ese y muchos otros días más.
Mi trabajo se duplico, Leila se relajo con el asunto, cada vez lo hacía con mayor confianza, al punto que agarraba la cartera en la mano para irse y desde la puerta me decía, ¨ya tu sabes¨ y se iba.

La enfrente y le dije que ya no podía seguirla cubriendo, ella se molesto, me retiró permanentemente la palabra y comenzó a hablar mal de mi.
Poco tiempo después me entere, que las salidas urgentes de Leila tenían que ver con un ruso que vino a conocerla al país, a quien llevaba a pasear mientras yo me ahogaba con su trabajo y el mío.

Debí haber sido la alumna más aventajada de todas las monjas de mi colegio, asumí cada cosa que me enseñaron como si fuera ley sagrada. Me enseñaron a dar más de lo que la gente espera de mí, por eso cuando conseguí mi primer trabajo de inmediato se hizo notar mi eficacia. Mi trabajo era archivar y sacar copias, pero además comencé a ayudar a los que se encargaban de las facturas, hacia de recepcionista de cuando en vez y la jefa al ver mi grado de ¨disposición¨ pronto hizo de mi su asistente. No, no fue un ascenso, mi puesto seguía siendo el mismo por el que me contrataron, mi sueldo también era el mismo y si fallaba en alguna de mis responsabilidades, las que originalmente tenía y las que luego me autoasigné, no se hacia esperar el reclamo o el reproche.  ¨Bien ganao´  Yuyita¨, es lo que me digo cada vez que pienso en eso.

Yo y los regalos somos otro tema, tuvieron que pasar muchos años para yo entender que no debo regalarle a todo el que esta en mi vida solo porque este agradecida por algo que hizo, porque me caiga bien o porque alguien diga que tengo que hacerlo. Yo le compraba regalos a todo el mundo si me enteraba que cumplía años, si era el día del amor, del padre, de la tía, la madre, de los vecinos,  la Navidad, del fin del mundo, el día del nunca jamás o lo que fuera. Tan sentimental yo, tan boba…

Como aquel primer día de san Valentín con novio, en el que vencí la vergüenza de ser apenas una adolescente y sentirme observada por todos en las tiendas con cara de ¨este bicho dizque comprando regalo de san valentin¨.
Le compre un t-shirt que costo 300 pesos, un dineral para aquel entonces, pero sobretodo para mis bolsillos que tardaban más de un mes para reunir aquella suma.
Hice que lo envolvieran con la mayor delicadeza posible, le compre una tarjeta, la dedique sin firma, guarde el regalo esperando la fecha con ansiedad, emocionada se lo entregue y… Nada. No dijo gracias, no se si le gusto, si alguna vez se lo puso y de regalo para mi ni un miserable e hipócrita ¨feliz día de san Valentín¨.

¿Qué por qué ando haciendo este recuento de situaciones ridículas y bochornosas?, pues para no sentirme mal por no ir a los eventos de gente a la que realmente no le importo, para explicarle a mi corazón que aunque se sienta poco útil, debe dejar que cada quien resuelva sus cosas, para tener argumentos validos con los cuales enfrentarme a mi consciencia cuando me quiera hacer sentir culpable por cerrarme a los sentimentalismos. Para convencerme que no estoy haciendo nada mal al concentrarme en mi camino y ser solo para quienes son conmigo.

Lo intento, yo se que lo lograre, pero no dejo de pensar que si todos seguimos tan enfocados en lo nuestro ignorando lo de los demás no hay esperanza de que algo realmente cambie en el mundo.

Si, yo sé, ni me lo digan, lo mío es un caso perdido…


viernes, 15 de junio de 2012

Yuyita en Pink

Esta es la segunda publicación de Yuyita en la revista Pink, disponible desde ayer en  Bondelic de la Sarasota, Outback, Hooters, Friday, Springfield, Carmel, Champagne Cafe, Rosalinda, Casa Avila, Chilis, Cafe Magnolia y Cinnabon de Blue Mall. Es completamente gratis.
La historia escogida para esta entrega fue el post ¨Flores porque sí¨ el cual puedes leer en su versión original clickeando AQUI



La historia elegida para la primera entrega fue ¨Viviendo la vida loca¨, otro post que puedes disfrutar en su versión completa clickeando AQUI.
Pueden sugerir libremente cual de estas historias entiende merece la próxima publicación en la revista Pink.

¡Gracias por tanto apoyo y por el seguimiento!
 Yuyita y yo estamos muy agradecidas


martes, 12 de junio de 2012

El ganador



Mi caso está en manos de una psicóloga desde hace meses, después de pasar por un largo e innecesario mal de amores crónico entendí que necesitaba un poco de ayuda.  Igual como le pasa a algunas mujeres que deciden dar a luz natural y sin nada que les calme el dolor y ya casi en el parto no resisten más y ruegan por cualquier droga que les de algún alivio.

Me ha mandado a conocer hombres, me lo ha asignado como tarea, dice que la idea no es enamorarme de nadie y que debo aceptar cualquier invitación aun cuando se trate de alguien que no me guste.
Siento un frio nada divertido en el estomago cuando ella dice eso, llega de inmediato a mi mente esas salidas tan insípidas y estúpidas junto a gente que nada tienen que ver conmigo.

Bueno pero hay que hacerle caso a lo que dice entonces yo acepto la invitación que tanto he rebotado para una pizzería que publicitan como lo último de los muñequitos. El tipo no se ve mal, es inteligente, estudiado, tiene su propio negocio y todo encajaría perfecto si… ¡el jevo no discutiera todo lo que yo digo!,  no está de acuerdo con nada, hasta la cantidad de servilletas que había en la mesa se convirtió en un tema de discusión. Extrañamente al final de la noche termino de lo más encantado diciéndome que quería repetir pronto la salida y hasta  me dio un beso que estuvo más próximo a mi boca que a la mejilla.
¡Descartado!, demasiado conflictivo, además tiene un bigotico medio raro que me molesta de solo pensarlo.

Javier fue el siguiente, me invito a caminar por la zona colonial, nos sentamos en un banco y hablo hasta casi dormirme. Hablo de religión, de política, de misterios del universo, de la literatura griega, de su familiaridad con Balaguer y no sé cuantas cosas más. Luego de dos horas mi estómago sonaba del hambre, él no se callaba y tampoco parecía que hubiera plan de comer. Le dije “deberíamos comer algo” y entonces saco de sus bolsillos dos barritas de granola. Fue todo lo que me ofreció, además de su extenso e inacabable monólogo.

La experiencia me sirvió para cuando acepte salir con Elías, le advertí que iría al cine pero que después tenía que cenar y así fue. No tengo quejas de
él, era el tipo más divertido con el que había compartido en mucho tiempo. Nos entendíamos, no me aburría, las conversaciones de todo y nada no se acababan y esa salida fue solo el inicio de algo que se fue poniendo muy interesante.
Una mañana abrí los ojos e instintivamente encendí el celular para ver si el ya me había escrito algo, ahí me di cuenta de que él era mi primer pensamiento del día, lo que yo buscaba para sentir que desperté.

No, no me emocione, me pase la mañana preocupada pensando que estaba sintiendo la necesidad de Elias y no me gustaba para nada la sensación.

Decidí llamarlo y le mentí, le dije que habia regresado con Leonardo y que no podría seguir en comunicación con él.

Entonces deje de pensar en Elias y regrese mi mente y sus ideas recurrentes, a Leonardo, a mi frustración, a mi realidad aparentemente imposible de cambiar, a mis deseos cambiantes, estancados, errados.

Me faltaban dos hombres más para completar la tarea que se me asigno y como un mes para regresar a ver a la psicóloga, pero adelanté la cita y me le senté de frente para decirle:

"Mire doctora, yo creo en su capacidad y la respeto, pero tengo que ser sincera conmigo y con usted, aunque todo este muy mal yo amo a Leonardo y ese amor por mas que yo he tratado, no tiene condición alguna, lo amo si me falla, si se va, si regresa, si me ignora, si me ama, lo amo siempre, todos los días. Lo pienso, lo respiro, lo adoro.
Por más hombres que conozco y más cosas que vivo, nada es mejor que él para mi. Nadie tiene la capacidad de hacerme tan miserable o tan feliz como el lo hace."

Dije todo eso y no puedo explicar lo libre que me sentí de admitir en voz alta que lo amo a pesar de todo.

Esta decidido, de todos los hombres, de todas las bendiciones, las dichas y todo lo bueno, él es el ganador, al menos para mí que no encuentro nada que lo supere todavía.

¿Qué hare?, la pregunta del millón de pesos, ya no seguiré pataleándole a la vida ni queriendo resolverlo todo en un chasquido de dedos. Seré una Penélope moderna, tal vez no me siente a tejer en un muelle o en el banco de una estación de trenes, más bien seguiré tecleando y corriendo en mi trabajo mientras pasan los días, pasa el tiempo y llega nuevamente mi hora…

Tal vez no vuelva, pero yo esperare y apostaré a que sí.




jueves, 7 de junio de 2012

El chantaje



Cuando le di el “si” a Rafael, yo no estaba ni la mitad de interesada de lo que él lo estaba de mí.
Decidí decirle que si por recomendación de mi psicóloga, quien tenía la interesante teoría de que me había dedicado a “autoboicoteando”  y aunque apareciera el mismísimo príncipe azul del cuento, lo vería como el más grande de los sapos porque internamente continuaba en el capitulo “Leonardo y Yuyita forever together”.
Bueno, pues cuando Rafi me pidió como por quinta vez que le diera una oportunidad, se la di.
Me sentía tan injusta.
Cuando salíamos, a cada rato lo sorprendía mirándome fijamente con una cara de borrego a medio morir que en verdad me causaba cierta lastima.
Y de esa pena, nació mi deseo de ser un poco más colaboradora con la situación, ya no le hacía tan difícil las conversaciones conmigo, comencé a llamarlo, a ser más receptiva, las cosas comenzaron a fluir (para mi sorpresa) y bueno el noviazgo se hizo real.
Un sábado en la tarde se me hizo raro no haber tenido noticia alguna de Rafael y decidí llamarlo, el teléfono sonó y sonó, pero no respondió. Dieron las 10 de la noche, ya debían haber al menos unas doce llamadas mías en su celular y en la próxima llamada el móvil sencillamente ni timbro, me mando directamente a la grabadora.
“Lo apago!”, me dije en voz alta, y la ira que nació dentro de mi me hizo decidir que si se le ocurría aparecer iba a ser solo para escucharme dejar la relación de manera estrepitosa.Y así fue.
Cuando él llamo a la medianoche para darme explicaciones me escucho gritarle llena de ira un montón de cosas (algunas que ni venían al caso) y finalmente mandarlo al carajo con todo y explicación.
Lo dije todo muy en serio y no esperaba ni tenía el objetivo de que él reaccionara buscándome o enmendando la situación, es que la verdad él no significaba la gran cosa para mí y en el corto tiempo en que estuvo no logró encender nada en mi ser, no como esas chispas que antes vi volar alrededor de mi cuando me enamore de Leonardo (si, ya le creo a la psicóloga, estoy obsesionada).
Pero Rafael apareció con flores en la puerta de mi casa, tomo mis manos, me miro a los ojos y me dijo que haría lo que tuviera que hacer para hacerme feliz y mantenerme a su lado.
No lo podía creer,  ¿a mí me estaban diciendo esas cosas?, hace demasiado tiempo que nadie mostraba un interés tan bonito e increíble en mí. Y más por desconcierto y hasta por gratitud hacia aquel galante gesto, accedí a continuar con él.
El supo cómo irme enamorando, me fui creyendo el cuento sin darme cuenta y por primera vez en mucho tiempo no tuve miedo de que todo se volviera repentinamente un caos.
Pero como los seres humanos somos complejos e inconformes hasta con la felicidad, yo comencé a tomar la costumbre de que cada vez que algo no me gustaba, por más mínimo que fuera, le armaba un pleito a Rafael y lo amenazaba con dejarlo.
No lo hacía de manera consciente pero creo que lo que me impulsaba a hacer eso era el deseo de verlo desesperado, rogando y prometiendo cosas, queriendo serlo todo para mí.
Sí, yo la malvada Yuyita, hacia eso y él seguía al pie de la letra la rutina que esperaba, sufriendo y llorando, cuando yo en realidad estaba diciéndome internamente “el pobre, se cree que es de vida o muerte que lo deje, si supiera que es solo un juego y que no le hare la maldad de abandonarlo”.
Y todo fue muy feliz para mi hasta el día en que Rafael no siguió el libreto acostumbrado, le dije  “pues te dejo” y él se quedo callado. El silencio fue su respuesta y para mí un verdadero castigo.
Al fin estaba pagando las que les había hecho. Lo busque yo y arreglamos las cosas, la siguiente discusión intensa lo volví a amenazar con el famoso “pues terminamos” y en lugar de silencio me respondió muy decidido “pues terminamos”.
Y así de fácil se me acabo el chantaje, a pesar de que regresamos y yo trate de suavizar las cosas no volví a ver sus ojitos de borrego a medio morir, ni lo volví a descubrir mirándome fijamente, se volvió apático a mis charlas, las discusiones las esquivaba y me ignoraba cuando me veía molesta.
¿Me lo gane?, hay una parte que si, mis chantajes lo hastiaron, pero sobretodo me quitaron importancia y poder, ya no tenía manera de llamar su atención, de hacerle saber que era importante o serio lo que decía y encima, sospecho que acabe con su admiración hacia mí, y no hablo de amor, porque el amor siempre dura un poco más para irse.
Oh Yuyita, ¿quién te entiende?, encuentras un hombre bueno y lo que se te ocurre es abusar de su paciencia y buenas intenciones.
 Después de todo parece que el dinero que estoy invirtiendo en terapia no está siendo del todo en vano, no está funcionando porque yo no hago caso a lo que la psicóloga me dice pero ella suele tener la razón en todo, especialmente en esa insistente idea de que me he dedicado a autoboicotearme.
¿Y el final de esta historia?
Bueno, pues se me acabo la armonía, la relación con Rafael y mi eterno chantaje.