domingo, 2 de diciembre de 2012

Un absurdo plan de vida



Tengo 25 años y se siente exactamente igual que tener 24, 22, 19 y demás,  lo único que ha cambiado es que en este punto ya me queda muy claro que la mayoría de las cosas son mentiras.

Mis 25 han sido como ese día en el que te enteras que ni Santa ni los reyes magos existen, que todo lo compran tus padres y que por eso nunca pudiste aquella costosa petición que no estaba al alcance del bolsillo familiar.

Y he caído en cuenta de esto hace algunas semanas cuando mi entusiasta prima de 15 años se acerco a mi llena de energía e ilusión para que la ayudara a decidir que carrera podía ser la mejor para ella.

¨Si estudio ingeniería podría ganar mas dinero y no tendría que trabajar todo el tiempo, entonces podría estar mas tiempo con mi esposo y mi familia en casa. Si estudio arquitectura, tal vez podría trabajar desde mi casa, pero aunque es muy bonito no todo el mundo llama a un arquitecto, los ingenieros son mas imprescindibles¨, este fue el razonamiento de mi joven prima, la cual jamás imagine ya tendría en su cabeza tener una casa, un marido y muchísimo menos el cuidar la calidad de tiempo a dedicarles.

Tuve la tentación de decirle que no planeara tanto, que de esos planes tantas cosas cambian en el camino y uno va dejando los pedazos del corazón en el proceso hasta entender  cual es la realidad de las cosas.

Yo por ejemplo, quería ser una gran profesional, en cualquier cosa que fuera mi vocación (aun no sabia que seria), porque me dijeron que cuando estudias eres importante y ganas buen dinero. Además cuando adquieres un titulo la gente tiene que respetarte… La realidad es que no todos los que estudian consiguen mejores trabajos o puestos en algo afín a lo que estudio, aquellos que si lo logran tienen que pasar por muchas cosas y si, hay bastante de aguante, de irrespeto y hasta de esclavitud en el proceso.

Y en cuanto al sueldo… Habrá mas y menos dichosos, pero en mi caso, me tomo años lograr tener un sueldo decente.

El tema del marido, la casa, los niños, uff… Particularmente, esta parte de la vida ha sido la mayor de las desilusiones, porque es el reto mas grande que cualquiera pueda asumir, pero te lo pintan tan fácil y natural que te sientes una extraterrestre por no verlo así.

A mi nadie me dijo que el amor no era suficiente para que una relación funcionara, tampoco que los hombres y las mujeres por mucho que nos gustemos no dejamos de ser abismalmente diferentes, es increíble que alguien haya decidido que tendríamos que elegirnos como compañeros de camino. ¡Que idea tan desquiciada!.

Encima, hace muy poco me entero, que luego de ser criada con la idea de que yo no existo para resolverle la vida a ningún hombre, dos de mis amigas casadas me dicen que uno debe aguantar bastante para mantener funcionando una relación, hacerse la loca, dejar pasar, llorar a solas sin que ellos se enteren, que no importa que te ignoren, que no te entiendan, que olviden ser cariñosos y detallistas, pero encima de todo esto  hay que tratar ellos encuentren complacencia en nosotras.

El matrimonio es tragar sangre y hierro, me dijo una de ellas. Dándome a entender que si yo tenia la idea del ¨Y fueron felices por siempre¨  o ¨Esto va a ser mejor que ser novios¨ después de la boda, estaba mas que loca y perdida.

¿Cómo proceso esto?, después de 25 años creyendo otra cosa, ¿por qué si esto es así nadie me lo dijo antes?

En fin, un panorama no apto para adolescentes o gente feliz e ilusionada… Quisiera decir que soy yo en mi faceta mas pesimista, pero lamentablemente son cosas que la vida ha ido explicándome a trancazos. Algunas todavía no las creo.

 No, no le diré nada de esto a mi prima, mientras mas pueda conservar sus ilusiones mas fácil se le hará existir. Es mas, ojala vendieran la ilusión por onzas para yo invertir una quincena y comprarme un poco.

Nada es como lo imagine, como lo planee o como yo quisiera, la vida que me toco es mas parecida a una carrera de obstáculos en la que hay que mantenerse corriendo aun cuando se te olvide en el camino porque corres y cual es el sentido, si te extravías analizándolo de inmediato aparece una cerca que saltar solo para que regrese tu concentración en el camino y continúes corriendo.

Yo quisiera poder parar la carrera, aligerar mi equipaje para ir mas cómoda y caminar disfrutando el camino. Todavía no me entero si cuento con esta opción, por el momento sigo corriendo.

jueves, 22 de noviembre de 2012

La normalidad, el amor y los tiempos


Yo no creo en los ¨tiempos¨ que piden muchos en la relación.

Hasta este día yo nunca he necesitado pedir uno, y hoy, no es que lo pida, mas bien aprovecho este silencio para pensar con la cabeza en equilibrio.

Enrique habita el lado izquierdo de mi pecho desde hace meses ya, esto me quedo bastante claro, sobretodo en estos días que le he extrañado tanto. No, no anda de viaje, ni estamos peleados, tampoco es el trabajo. 

El entra con alegría y gran alboroto a mi vida, me vuelve el mundo una fiesta y sin explicar ni yo poder comprender, apaga la música, camina hacia la puerta y se ausenta por días y días.
Su único argumento es que ¨el es asi¨, pero ¿así como?, ¿así de inconstante?, ¿así de indescifrable?, ¿así de extraño?

Me he puesto celosa, le he investigado todo, como buena alumna de CSI y todas las demás series de investigación (ninguna me las pierdo), pobrecito porque tengo una habilidad y una puntería impresionante para buscar y encontrar. Deberían contratarme en algún departamento de criminología.

El hombre esta limpio, no me esta engañando con nadie, tampoco emite las señales de ¨hombre distraído con otra falda¨.

Solo me queda esta vaga explicación de que ¨el es asi¨…

Me he dicho a mi misma ¨ok, tal vez no recuerdes muy bien como era esto de tener novio, o quizás tengas que acomodarte a esta forma tan independiente y extraña de el ser¨ e intento hacer mi vida sin contar con el o hablarle mucho.

Aunque no se supone que una pareja debe ser así de distante, ni uno debería de sentir miedo de hablarle para no molestar o estar la mayor parte del tiempo en una crisis de ansiedad, sin saber que pasa o cuando pasara.

Y cuando soy yo la que quiere estar acompañada, cuando soy yo la que quiere sentirse amada, ¿qué pasa conmigo?, ¿Por qué es que no tengo siquiera la posibilidad de pedírselo?, porque si lo hago se enoja y entonces tarda muchísimo mas en volver.

Pero entonces el regresa, modalidad torbellino, con toneladas de amor y mimos, quiere estar conmigo todo el tiempo, me habla a todas horas, reclama mi presencia desde que se despierta, una manifestación abrumadora que me lleva al punto del ahogo.

Luego pasamos al silencio y la distancia, entonces mi corazón se queda colgando con sus dudas, su ausencia y el malestar que esto provoca en mi.

El amor no debe ser así.

Sospecho que esto no esta bien, se que la ¨normalidad¨ es un concepto subjetivo, pero si en algún país del mundo esto es normal, el debería mudarse allá y yo permanecer bien lejos. Este sube y baja emocional me esta enloqueciendo.

Esto no le hace bien a mi corazón y mas que enamorada ando nerviosa, pendiente del celular, queriendo que amanezca y anochezca rápido para ver si le pasa el hechizo y regresa. Mortificada cuando vuelve porque no se el momento en que volverá a marchar.

Tal vez me precipite creyéndome esta historia, dejándolo entrar a mi corazón sin siquiera dejar que las cosas sucedieran. Quizás se me hizo tan increíble que no pensé.

Oh Yuyita, ¿cuándo dejaras de pensar con el corazón?

Lo adoro, me enloquece, pero ya yo se lo que es dejar en manos de otra persona tu estado anímico, tu estabilidad. No puedo permitirle a nadie mas que mantenga mi corazón colgando en la incertidumbre.

Ya lo viví con Leonardo y esto no puede pasar una vez mas, el que esta tiene que estar o deberá irse. Así como las clases de la universidad que después de un numero especifico de faltas repruebas inevitablemente  la materia.

Enrique ya ha quemado varias materias conmigo, a estas alturas ya se gano la expulsión.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Mi realidad vs la realidad ajena


Desde hace un tiempo a la fecha mis amigas se dividen entre las que se declaran miserables y las que son inmensamente felices. No, no hay términos medios.

Yo, de unas y de otras me he alejado, deseando con todas mis fuerzas encontrar gente que este como yo, simplemente viviendo, sin exceso de felicidad ni en medio de un vendaval existencial.

Las de inmensa alegría, intentan convencerme de que necesito lo que ellas tienen para estar completa, para conseguir su nivel de éxtasis. 
Las de tristeza y dolor, me arrastran a un lugar oscuro del pasado, de donde no creí iba a poder salir y en el cual no quiero ni pensar.

Si, me siento mala amiga, mala persona también. Pero yo no hice las reglas, el mundo gira todos los días con milagros y desgracias por montón, a cada quien solo les toca llorar o celebrar las que les asignan, y claro, aquellas que le son muy cercanas.

Una de las cosas que aprendí en mi más reciente crisis de vida, es que mientras más uno revuelve las miserias, más se lamenta y más las piensa, más se aferran ellas a uno, estas se van fusionando contigo, se convierten en tu himno, tu escudo, y si las dejas, hasta en tu cedula de identidad. Encima se empeñan en contagiar a todo el que puedan, si los demás se descuidan y lo permiten.

Algo de mi rechaza los contagios de emociones, será que con el tiempo uno aprende a cuidarse la salud mental… Lo peor es que buenas o malas, las emociones se quedan contigo sin tener nada que ver con tu realidad. Ya a estas alturas yo me cuido y les tengo más asco que a la tos o el estornudo viral de cualquiera.

 He renunciado a las películas empalagosas, femeninas y cursi, así como la española y popular ¨Tres metros sobre el cielo¨, que encima tiene una continuación. Porque si la veo estando soltera me hace sentir miserable y desesperada por encontrar ese alguien. Y si estoy en una relación, siento que con quien estoy no es lo suficientemente wow, como aquel protagonista y aquella historia.

He tenido un pleito fuerte con la famosa trilogía ¨50 sombras de Grey¨, es una propuesta insulsa para quienes estamos acostumbrados a la lectura, pero bueno lo he asumido como una tarea de marketing. Entender lo que le gusta a las masas.
Vuelo páginas enteras, me harta exceso de descripciones sexuales, la poca creíble potencia de ese hombre inagotable, lo repetitivo de sus diálogos e ideas. Pero ok… Admito que llega a partes en las que atrapa mi atención y me hace entrar en el ¨mood¨ Christian Grey, no en lo sado, pero si en lo cursi, en lo seducida, en lo enamorada de ese personaje tan paradójico que juega con el poder, la humillación, los golpes y el sexo, pero además es capaz de bajar el cielo por su amada, ser tan expresivo como soñamos fueran todos y encima estar buenísimo y podrido en dinero.

Si… Me trauma, al terminar de leer par de paginas quiero que Enrique me llame y me diga todo lo que le dijeron a Anastasia Steele, que busque un helicóptero y volemos de una ciudad a otra solo para cenar. En fin…

Un día en que estaba sumergida en esta lectura, se me ocurrió llamar a Enrique como esperando provocar en él la inspiración de decirme todo lo que yo era para el, escuchar cosas tan exageradas como que no podía vivir sin mi, y cursilerías por ese estilo. Yo con la expectativa por las nubes lo escucho responder el teléfono y decirme con desgano… ¨Estoy dormido¨, lo que es sinónimo de ¨hablamos después¨. Obviamente colgue.

Llamando Yuyita a tierra… Y aterrizo.  

Esta es mi realidad, y me hace quedar por encima de mucha gente que esta pasando por momentos muy difíciles y aunque eso me encoje el corazón, no hay mucho que yo pueda hacer.
Esta es mi realidad, aunque quede por debajo de tantos cuentos de princesas, castillos, dragones y príncipes, es mi realidad porque la elegí, y si bien quisiera que a veces lloviera confeti mágico del cielo y algunos momentos tuvieran fanfarria, lo que me toco lo elegí porque es lo que quiero.

Estoy conforme y me dedico a disfrutar de este cuento que es humano, es real, pero dependiendo de cómo lo veas, es hermoso, casi un milagro; porque después de aquella tormenta emocional de la que no creí poder salir, ya al fin todo esta en paz, equilibrio y armonía.

Todo el que ha vivido cosas difíciles, sabe que esto es mucho más que suficiente para sentirse conforme con la vida. Yo lo estoy.

sábado, 25 de agosto de 2012

Enrique, el esperado


Su nombre comienza con E de entusiasmo, de energía, de esperanza, y todo eso trajo él a mi vida de un solo golpe cuando llego. Su nombre es Enrique y lo quiero desde el primer día en que lo vi.
El con su misterio, su sonrisa, sus rizos en el pelo, su música, su pasión por la vida, por las cosas, en fin… Pensarlo me hace olvidar la realidad y sonreír.
Pero su silencio y sus ausencias interminables me hicieron dudar de todo y pasarme los días descifrando sus palabras y acciones. Cada mínima cosa me hacía pasar del “me quiere” al “no me quiere”.
Finalmente opte por creer que no me quería, porque el que quiere no duda y tiene una necesidad imperiosa y desbocada por asegurar el objeto amado. Lo sé porque lo dicen los poemas, las canciones, porque lo he sentido, porque me lo enseño Leonardo.
Como ya mi corazón tiene practica, lo dejó ir sin mucho pataleos y a pesar de lo mucho que lamente todo lo que pudo haber sido y no fue, con los días él se me fue haciendo más pequeño, remoto y distante.
Después de tres semanas sonó mi teléfono y era él. “¿Te puedo ver hoy?” , me dijo sin saludar.
Una hora y media después, ahí estaba él frente a mí, con el pelo bien peinado, nada de rizos rebeldes, una camisa que lucía nueva, pantalones y zapatos en combinación. Se esmero arreglándose, algo no habitual en él.
Por primera vez no me llevo a un restaurante bohemio ni express, lo sentí tenso y nervioso desde que nos encontramos.

“Creo que necesito que estés conmigo”, me dijo
“¿Y para qué?”, respondí como un spring
“Para no sentirme tan solo, para seguir haciendo buena música, para ver si es verdad que empecé a enamorarme de ti”
Letra por letra, fue exactamente lo que me dijo, y ni que lo hubiera inventado yo habría salido tan perfecto.

Se me quito el hambre de repente y le dije que nos fuéramos de aquel bullicio a un lugar donde pudiéramos hablar y escucharnos. Justo en la mesa de al lado había un cumpleaños  de una adolescente que me tenía los nervios de punta, gritaban y sonaban unas cornetas que me hacían dar brincos involuntarios en la silla. Esto que estaba sucediendo merecía otro escenario.

Me subo en el auto, voy al volante y espero tranquila a que él se suba del otro lado, pero no lo veo llegar. Dos golpes suaves en mi cristal me hacen notar que él está ahí, parece que no quiere exponerse a mi terrible habilidad de conducir, pero me niego a cederle el volante. Abro la puerta y le digo “tranquilo que yo manejo”.
El prácticamente se abalanzó sobre mí y me planto un beso en la boca que todavía no me regresa el aliento.

Le insistí en ir a otro sitio, no quería que ese feo parqueo fuera un lugar para recordar, pero me dijo que ya no quería seguir perdiendo más tiempo. Tomo mis manos, se puso casi de rodillas para quedar al nivel del asiento, y me dijo “vamos a intentarlo, seamos más que solo amigos”.

En otras condiciones yo hubiera preguntado mil cosas, asegurándome que estuviera hablando en serio y consciente de lo que “vamos a intentarlo” significa para mí. Pero no me hizo falta esta vez, sabía que me estaba hablando con el corazón en la mano y que no había trucos en lo que proponía.
Entonces yo lo bese como respuesta y así nos pasamos la noche, entre besos y conversaciones interrumpidas por más besos.

Es como si Enrique hubiera encontrado sin dificultad alguna el interruptor que enciende la luz de mi alma, una luz que ya ni siquiera recordaba. Ahora todo parece tener sentido, todas las decepciones, los fracasos, las lagrimas, los intentos, la espera.

No, esto no es como con Leonardo. Dicen que el primer amor es incomparable, pero sin dudas y por muchas buenas razones, el segundo es mejor.
Enrique, el esperado, por fin había hecho su entrada triunfal y yo tengo muy buen presentimiento al respecto.

domingo, 12 de agosto de 2012

Peticiones sin sentido


José Carlos es el nombre del que fue mi primer novio. Yo siempre he creído que fue mi primer novio, aunque ahora que lo pienso bien, era más bien un amigo del que me agradaba su atención. Nunca nos dimos un beso,  éramos más niños que adolescentes cuando decidimos llamarnos novios y además de conversaciones diarias por teléfono, nunca compartimos nada más.

A los tres meses decidí terminar la relación, quien sabe por qué y el siguiente año y medio me la pase suspirando por él.
Lo que yo mas deseaba en aquella época, con todas mis fuerzas, era que el regresara, que me llamara, que volviera a tener esa conversación diaria por teléfono. Ahora eso es muy poco, pero en aquel entonces, significaba demasiado para mí.

Cada vez que yo rezaba, le pedía a Dios casi con lagrimas en los ojos que trajera a José Carlos de regreso. Por esta causa hasta llegue a usar el chantaje con Dios, le dije que si el existía que hiciera que José Carlos me llamara en ese mismo momento.

Me obsesione con la idea de recibir esa llamada, el pasar del tiempo hizo que me distrajera con el asunto. Poco después de un año y medio de ausencia, el teléfono sonó y era él.
No lo podía creer, la emoción era tan grande que ni me concentre en lo que me decía, cuando me fui calmando y escuchándolo, me percate de que no estaba sintiendo nada fantástico como imagine sucedería si volvíamos a hablar. No era cierta aquella conexión mágica que tantas veces fantasee. Yo no sentía nada. Aquella fue una llamada cualquiera y punto.

Pienso en esto porque hace dos semanas fui a la iglesia, después de más de un año de rebeldía con mi fe, la iglesia y otros temas similares. Fui mas a agradecer que a pedir, pero sí, también pedí. Quería pedirle que de alguna manera trajera de regreso a Leonardo y que me dejara entender si con Enrique ( si, sigo pensando en Enrique) existía la posibilidad de construir algo beneficioso para ambos, o que abriera otro camino para mi, que me diera la oportunidad de ganar, después de tantas perdidas.

Pero me detuve porque pensé en José Carlos, en mis expectativas, en mi obsesión, en mi chantaje de que para creer en Dios las cosas tenían que ser como yo decía y en el momento que lo decía. Sin siquiera darme cuenta que lo que con tanta insistencia pedía ya realmente ni me importaba.

Cuando yo insistía con José Carlos, ya eso había pasado, ya no me hacia feliz, y esa fuerza superior, se llame Dios, Buda, Mahoma o como sea, sabía mejor que yo lo que en verdad sentía, y continua siendo el que sabe cuando algo ya no conviene, cuando hay que abrir espacio para lo nuevo.

Entonces en lugar de pedir que se ejecutara el guión que tenía en mi cabeza, decidí pedir por Enrique, por Leonardo, por mi y nuestras situaciones aparte, le pedí con todo el corazón a Dios que derramase todas las bendiciones que pudiera regalar a cada uno de ellos, para que encontráramos nuestros caminos, sin que YO interviniera en la decisión de nadie. Para mi pedí toneladas de paz y equilibrio. Con eso me basta para continuar.

Y como si la vida se estuviera burlando de mí, yo en aquella actitud zen que tanto me costó adquirir, recibo una llamada perturbadora. Era Leonardo.  Mire hacia el techo de mi habitación y le dije a Dios: “¿Qué paso con la paz que te pedí?”.

Era quizás la primera vez, en años, que no me dirigía a Dios para pedirle que me ayudara a hacer que mi relación con Leonardo funcionara y la primera vez que recibía una respuesta tan positiva e inesperada.

Era otro Leonardo el que me hablaba al teléfono, más calmado, más dulce, más parecido al hombre del que me enamore. Me deje envolver ante aquella especie de aparición que lucía más una invención mia que otra cosa, y no le dije que no a nada, le seguí el juego en todo lo que me dijo y me pidió.

Cuatro días después ahí estaba yo con él sentada en un mueble abrazados, viendo la televisión, como en los viejos tiempos, solo que esta vez, mi mente no estaba a mil revoluciones pensando si esto era señal de que todo estaba bien o si debía ya estar psicológicamente preparada para nuestro próximo enfrentamiento o la próxima vez que él decidiera decirme todo lo que no soy, todo lo que me falta, todo lo que le abrumo.

Esta vez pensaba en mi celular, en los amigos que estarían hablándome, en el libro que deje a mitad de leer en mi mesita de noche, en ese mail que podría estar enviando antes de que mi jefe  se durmiera, en los asuntos que debía tener pendiente resolver a primera hora en el trabajo.
En fin, mi mente no estaba allí y me pasó algo que jamás imagine sucedería: extrañe mi soltería.

Creo que ese ser superior me hizo ver una vez más, que las miles e insistentes peticiones que le hice no tenían el más mínimo sentido. Yo ya no quería a Leonardo y honestamente estaba más que bien por mi cuenta.

Había creado ya un mundo nuevo para mí, y ni siquiera  me había percatado hasta entonces.
Aquello fue chocar contra una pared, pero una que me daba las buenas nuevas de que al fin había dejado atrás aquel cuento tan cansón de “Yuyita y Leonardo, forever together”.

A veces nos convencemos de que cuando algo específico (y casi siempre, medio imposible) llegue, podremos tener al fin la felicidad plena. Cuando tenía 8 años  pensé que eso sería unos patines, con 12 años yo creí que era la llamada de José Carlos, ahora con 25, pensé que sería el regreso de Leonardo, pero que va, la alegría y la tranquilidad que al fin siento dentro de mi no tiene nada que ver con ninguna de estas cosas, es lo más cercano a la felicidad que he probado en años y no la pienso poner en riesgo por cualquier invento de necesidad mía o ajena.

Lo acepto, más que conforme y feliz, no soy dueña del destino, ese cargo ya tiene dueño y a él lo dejare hacer lo suyo sin intervenir.


domingo, 29 de julio de 2012

Princesa desencantada


Cuando el amor se acaba no hay un momento específico que uno pueda pronunciar como ¨hora de la muerte¨, es un proceso impreciso, continuo y casi imperceptible muy parecido a cuando apagan las luces de un teatro. Primero apagan la parte de atrás, siguen los focos del centro y finalmente los del frente.

Ya cuando faltaban esas imaginarias luces del frente por apagarse, yo deje de sentirme especial, ya no era esa princesa encantada que él adoraba, por la que hubiera peleado mil batallas para rescatarla.
En este punto ya podía ignorarme con facilidad y mi desesperación por encontrar una explicación a lo ocurrido solo lograba alejarlo más. Era como si él ya no estuviera allí, como si alguien menos gentil y totalmente desinteresado en mi, le hubiera usurpado el alma.

Descartar la relación en esas circunstancias no es una opción, es lo que sucede aún te quedes estática y negada a aceptarlo. Desde el momento justo en que toda la magia se esfumó el único deseo que sentí fue el de volver a sentirme amada, valorada, importante. Volver a sentirme una princesa, la más especial de todas.

Y entonces apareció Enrique, con su pelo ondulado castaño, su look de artista bohemio, rebelde, osado, tan seguro de sí mismo y silencioso. Hasta el día en que ví a Enrique no creí en el llamado ¨amor a primera vista¨. Lo adore desde el primer instante, ni siquiera creí que contara con lo requerido para llamar la atención de alguien así.

Pero para mi sorpresa si lo hice y comenzamos a hablar de muchas cosas, hasta llegar al que siempre seria nuestro tema estelar ¨música y letras¨. El era músico sabía tocar  tres instrumentos, pero su favorito era la guitarra; y aún cuando no tenía ningún instrumento a mano, creaba melodías hasta dando toques con los dedos en cualquier superficie que encontrara.

Todo tiene un sonido musical para él, inclusive los sentimientos. Cuando nuestra amistad se fue afianzando, un día me llevó a un ensayo de jazz y luego de una pieza, que mi me pareció magistral, me dijo que yo era idéntica a esa música.  Yo, idéntica al jazz, ¡wow!.

Y si en algún momento dude de lo que quería con él, ese día, en aquel instante, cualquier indecisión, confusión o ambivalencia se evaporo.

Con muchísimo esfuerzo, contuve el imperioso deseo de besarlo, de brincarle encima, de gritarle al mundo que él me tenía loca de amor, con la ilusión renovada,  con la sonrisa más sincera y alegre que recuerdo haber lucido en mucho tiempo.

Cada vez que él se acercaba algo dentro de mí creaba chispas, algo se encendía con fuerza y determinación en mi interior.

Una vez  su brazo descubierto quedo muy junto al mío y el solo roce de su piel, me hacia respirar muy hondo y en silencio para contener tantas emociones, era una avalancha de sentimientos muy intensos.

¨¡Pero díselo!¨, me aconsejaban mis amigas, es que ellas no entendían que con él no eran fácil esas cosas, yo que no paro de hablar y hablar, cuando él estaba cerca prefería entrar en su silencio.
Siempre tan callado y tan musical, me decía una y otra vez que debía intentar escribir canciones para que él pudiera musicalizarlas. Lo intente varias veces, pero no podía, todo lo que conseguía escribir eran cosas relacionadas a lo que él provocaba en mi y no me alcanzaba el valor de entregárselas.

Entonces un día, de esos tantos que compartimos el silencio, me dijo que era la inspiración de sus más recientes composiciones, que podría hacer álbumes completos que hablaran de mí.

Sentí tambores imaginarios retumbar, pensé  ¨¡Dios mío, por fin me lo va a decir!¨, pero ya no me dijo más nada, dirigió su mirada a la guitarra y continuo tocando. Cuando me despedí no se levanto, regularmente nunca lo hacía. Todo continúo como si nada y así mismo pasaron los siguientes días.

Me pregunte si estaba loca, si había confundido sus palabras, sus intenciones, si había imaginado la situación, si en realidad aquello nunca pasó…
Y me pasé aquellos días con la estrofa de una canción dándome vueltas en la cabeza:
¨Tal vez nos volveremos a ver, mañana no sé si podré, ¿Qué estas jugando?, me muero si no te vuelvo a ver…¨

Así me sentía yo, con ganas de correr a verlo cada día… Así se supone se siente cuando uno ya no se puede sacar tan fácil a alguien del corazón y los pensamientos.

Entonces lo entendí, no sentíamos lo mismo. Me atormente pensando que había tantas posibilidades de estar equivocada porque su silencio guardaba cosas que no sabía y que quizás si yo las sabía sacar de él entonces podría llevarme la sorpresa esperada.

Pero no podía hacerlo, no podía enfrentarlo y arriesgarme a perder otra vez, no podía defraudar esa necesidad de mi amor propio por sentirme otra vez valorada. Un alguien que viniera por mi, no que tuviera yo que subirme en un corcel vestida de armadura y lanza para pelear por él, como por tanto tiempo lo hice antes de que el amor que compartía con Leonardo lo atacara un implacable cáncer.

Yo, que ya estaba con la armadura puesta, con intención de agarrar la lanza y terminar de subirme al corcel por el amor de Enrique, me dije ¨esta vez no¨.
Quiero cambiar el personaje, darle un receso a la heroína guerrera y ser otra vez la princesa del castillo por la que hay que vencer dragones y villanos.

Esta fuera de moda, lo sé. Pero la guerrera valiente que hay en mi esta cansada de tantas guerras y batallas, ganadas o perdidas da igual al final, de tanto pelear uno termina sintiendo que de todas formas fue vencido.

sábado, 14 de julio de 2012

Lo que no me falta


Sospecho que estoy en el mejor momento de mi vida, y si no es así es algo muy parecido.  Definirlo no fue nada fácil, porque uno jamás duda para saber cuando está pasando uno de los momentos más horribles o difíciles de su existencia, pero si nada trascendental sucede y no hay tarjetas o fiestas en las que se pueda celebrar lo que estás viviendo, entonces solo se puede catalogar como “tiempo ordinario”, así como en el año eclesiástico.

No es mi cumpleaños, ni hay cumple mes o aniversario de pareja, baby shower, despedida de solera, boda, graduación, bautizo, ni nada de eso. No me ascendieron, tampoco me hicieron un aumento de sueldo.
¿Qué fue lo que me paso?, pues nada del otro mundo…


Hace unas semanas desperté y no me sentí desesperada, ni angustiada, ni atormentada. Mi primer pensamiento del día no lo ocupo un problema, ni un hombre, tampoco el trabajo. El sol me hizo voltear hacia la ventana y no pude evitar sonreír al ver un pajarito cantar, yo sentí que cantaba para mí.
Me encontré en el espejo y por fin vi a la muchacha de la que muchos me hablaron era bonita y con tantas cualidades que yo no podía ver.


Durante demasiado tiempo sentí que era cualquier cosa, menos maravillosa, como tantos amigos y familiares muy queridos, me decían casi con ira. Porque sin importar que tan serio o convencidos lo dijeran,  yo era incapaz de verlo, en cambio sentía que había fallado en tantas maneras y no era digna de muchas cosas.


Esa hermosa mañana decidí  que era un día para ver  y disfrutar de la gente, compartir y reír hasta que me doliera la barriga.
Y pensar que cuando comencé a salir tras mi aparatosa separación con Leonardo, casi me obligaba a hacerlo, y en lugar de hacerme sentir mejor la compañía de los demás, me desorientaba, me sentía perdida, me hacia querer salir corriendo a buscarlo y pedirle que no me dejara sola entre tanta gente y cosas desconocidas.


Prefería mil veces la soledad de mi habitación, la costumbre de años, aunque ya me aburrieran a morir. Tal era mi desesperación que los pleitos y las desilusiones me llegaron a parecerme un precio justo con tal de tener el remedio de tanta angustia y desequilibrio.
Ahora puedo decir, ¡qué cosa tan maravillosa, esta idea de obligarme a estar sola!.  Ya hasta aprendí de quienes debo correr y que compañías conservar.


En los primeros días fueron Mercedes y Conchita las que se ocuparon de mi, asumieron mi mal de amores como una causa propia y se dieron la tarea de sacarme de la casa, sin escuchar mis excusas ni hacerle caso a mis miradas perdidas o expresiones de aburrimiento extremo. Ambas son casi inseparables, viven a pocas casas de distancia y lo que las unió fue precisamente el desamor, o como dicen ellas “la mala suerte con los hombres”.


Mercedes es madre de un niño idéntico a su papa, el hombre que se convirtió en el centro y fin de su existencia. Durante cinco años fue su novia, todo estuvo bien hasta el segundo año, después comenzaron las infidelidades de él, los pleitos, las reconciliaciones y las distancias. El cada día mas lejos, ella cada día mas obsesionada con tenerlo. Se le ocurrió la original idea de quedar embarazada para hacerlo recapacitar y esto lo hizo correr todavía más y sin retorno. Ahora tiene ya varios años siendo madre soltera.


Conchita se enamoro de un mentiroso que le hizo todos los cuentos del mundo, ella todo lo perdono. Le hizo creer que se iban a casar y cuando faltaba solo un mes para la boda se fue a Estados Unidos, diciendo que iba a buscar el dinero para armar la casa. Han pasado ya seis años de eso y él aún insiste en que lo espere, que va a regresar. Ella dice que no, pero todos sabemos que lo está esperando.


Y con estas dos amargadas chicas me pase dos meses saliendo y hablando constantemente, hasta que me di cuenta que al verlas, salía mas cargada de lo que llegaba, me tiraban sus frustraciones, me hacían sentir desesperanzada, como si nada tuviera solución, como si fuera imposible encontrar una salida o  un buen hombre en el mundo, como si la felicidad fuera un asunto basado completamente en lo que otra persona decida sentir o hacer por ti.


Sé que querían ayudarme, pero me estaban hundiendo más. Entonces me aleje.
Aprendí a evitar las conversaciones de hombres, de fracasos, de nostalgias, desesperanzas y cosas tristes, eso se convierte en un círculo sin fin…


Mi tio vino hace poco al país y me hablo de las maravillas de gringolandia  (como si en la tv ya no dijeran suficientes cosas)  me propuso irme una temporada con él, a conocer y hasta probar suerte profesional en el extranjero, me pareció descabellado, nunca he considerado esa opción. Nací sin el sueño americano integrado a mi sistema.


Pero lo reconsidere, ¿Por qué no?, ¿Qué me ata a esta tierra?, ¿Qué responsabilidades tengo?, ¿Qué grandes necesidades cubre el dinero que gano?.
Estoy viviendo por y para mí, no hay cuerdas que me aten, no hay nada que deba hacer si no lo deseo. En este momento de mi vida me puedo dar el lujo de muchas cosas soñadas.


Como si me hubieran dado un boletín de último minuto, una primicia inimaginable, así me sentí cuando me di cuenta de que mi vida, era mía. Solo mía y de más nadie.
Qué cosa tan feliz, puedo hacer lo que yo quiera y no me estorba nada. ¡Puedo elegir!
Suena estúpido, lo sé, pero eso ha cambiado todo en mi.  Es que por primera vez siento que no me falta nada.


Esta no es la vida que me toco, es la que estoy eligiendo porque quiero. Puede que lleguen mejores cosas, pero honestamente, hasta ahora, esta es la mejor de mis etapas, cuando todavía no sé nada, cuando en cualquier momento todo puede cambiar, cuando todo lo mio es solo mio y cualquier cosa es posible.