miércoles, 25 de noviembre de 2009

Verguenza ajena



Los nervios de Rosario, con el paso de los días, se me fueron contagiando.
Siempre fue una de las estudiantes más brillantes tanto en la escuela como en la universidad, por eso se había graduado con honores y en el corto tiempo que tenia ejerciendo odontología ya resaltaba como una de las mejores en su área.
Precisamente por eso fue invitada a la escuela secundaria donde se graduó de bachiller para dar una charla motivacional con motivo de la semana de la vocación.
No era nada del otro mundo, pero para Rosario era algo sumamente estresante, siempre fue tímida y socialmente excluida. Su facha de ¨nerd¨ y sus conversaciones sobre ciencia y Discovery Channel hacia que casi todos la evitaran.
Fueron años muy difíciles, ella no lo olvidaba.
Aunque ya era una adulta, profesionalmente exitosa, seguía temiéndoles a estudiantes del bachillerato.
Busco mi ayuda para que le instruyera con el manejo de las palabras en público, ensayamos un discurso (que se suponía debía ser espontáneo) más de veinte veces y en cada ocasión se equivoco.
De pronto se había convertido en mi reto el que todo saliera bien en aquella charla colegial, por eso puse especial esmero en los ensayos del día antes y logre hacer que sintiera seguridad en ella.
Como una estudiante más de la escuela llegue tempranito y me ubique en uno de los primeros asientos del salón para esperar su intervención, feliz y entusiasmada aplaudí cuando finalmente la anunciaron, para quedar en shock tan pronto como la vi subir al escenario.
Traía el atuendo más ridículo que recuerdo haber visto en mi vida, un robalagallina parecía un modelo de alta costura delante de ella.
Las risas y los comentarios entre los estudiantes no se hicieron esperar. Mi cara se puso roja de la vergüenza tan grande que sentía, aunque no se tratara de mi.
Llevaba un pantalón de poliéster de rayas horizontales (nunca en mi vida había visto una cosa igual) que le quedaba tan pero tan ajustado que evidenciaba la mitad de su anatomía con total claridad sin omitir las líneas divisorias de su parte intima.
Aquel ¨ajuste¨ exagerado, subía los rollitos que se acumulaban en su vientre, los cuales disimulaba un poco con la chaqueta de bolitas rojas con el fondo blanco que traía sobre una blusa cuello halter amarilla de lycra barata.
Rosario estaba muy nerviosa, tanto que comenzó a transpirar excesivamente y se evidenció en la chaqueta.
Sin embargo, ella no pareció darse cuenta de las burlas ni de nada de lo sucedía a su alrededor, una vez empezó a hablar sintió tanta confianza que todo se detuvo a su alrededor.
En medio de sus palabras se quito la chaqueta para sentirse más cómoda y fresca. Dejando al descubierto que no llevaba sostenes y que sus dos ¨grandes razones¨ le llegaban a la mitad del vientre.
Nadie escuchaba lo que decía, había demasiada distracción para poder hacerlo.
Ella no se dio cuenta de nada, finalizó su charla muy satisfecha y contenta.
Una vez pasado el evento, Rosario me confeso que había ido tan ¨sexy¨ para demostrarse que no solo había logrado convertirse en una profesional de éxito sino que también había dejado atras a la tímida muchachita a la que nadie miraba en la escuela y que ahora hasta tenía el poder de hipnotizar a cualquier adolescente con sus encantos.
Yo quede muda, no supe que decir, solamente sentí la cara ir poniéndose roja otra vez de la vergüenza.
Fue entonces cuando recordé a las monjas de mi colegio y les agradecí por cada regaño que me dieron cada vez que me veían andar con la barriga afuera o con pantalones demasiado ajustados, ellas me hicieron temerle a la ropa ¨sexy,¨ que en ciertas circunstancias resultan bastante vulgares e imprudentes.
Le agradecí a mi madre por alejarme de las prendas de vestir ridículas y enseñarme el valor de un buen sostén en la vida de una mujer (a pesar de no tener mucho con que llenarlos). Agradecí al cielo el poder ser consciente de mis debilidades y fortalezas para no hacer el ridículo la mayor parte del tiempo, saber que usar y que no.
Después del día de la charla, he visto a Rosario usar exactamente el mismo atuendo de aquel día para ir a trabajar y varios fines de semana la he visto caminar orgullosa por la calle con la blusa amarilla y sin sostenes, pero feliz, sintiéndose una reina.
He intentado decirle la verdad pero no se como decirlo sin que duela o suene espantoso, además de que me parte el corazón quitarle su recién adquirida seguridad en ella misma.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Un corazón más sincero


En una de mis grandes salidas para distraer la mente de tantas letras y trabajo, me encontré de frente con un galán argentino, que me dedicaba una sonrisa encantando mientras estrechaba mi mano y me decía su nombre. Tenía una sonrisa de anuncio, unos ojos de muñeco, un rostro para comérselo a besos y no despegarse jamás. Casi caigo para atrás cuando la amiga que me lo presento me contó que era escritor. ¡Lo que yo siempre he soñado ser!

Era tan perfecto que me daba miedo seguirle hablando. Sentí tantos deseos de tenerlo en mi vida que me asusto. Y es que si un hombre así llega a mi corazón ¿Cómo se supone que lo deje ir si las cosas no funcionan?

Creo que no podría, aunque para ser sincera lo que no puedo es volver a enredarme en otra historia romántica, no lo resistiría, no por ahora.

Este asunto de andar enamorándose es uno de las cosas más complicadas de estar vivo, te pasa de todo en el camino, te convierte en masoquista, en tonto y si intentas rebelarte igual pierdes, te dobla las rodillas... Porque al final gana la necesidad de tener a alguien que llene tu vida de algo más que no sea trabajo, obligaciones, familia, religión y amistades. Ese sentir resulta más fuerte que tus razones o los traumas del pasado, es entonces cuando lo olvidas todo y lo intentas otra vez.

Lo que me sucede no es asunto de estar amargado, es asunto de ser humano y saber vivir con la misma aceptación y paciencia los momentos difíciles, como vivimos los felices.

Es cuestión de ser valiente y reconocer que no todo esta bien, que aunque al mundo no le guste escucharlo y prefiera que finjas, te sientes mal. Pero si fanfarroneamos nuestros éxitos y alegrías, ¿por que debemos esconder nuestras tristezas? ¿No forma eso parte de la vida? o ¿Es que este mundo esta lleno solo de gente feliz?

Hasta la Biblia menciona en el Eclesiastés: ¨Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora: Tiempo de amar y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra y tiempo de paz…¨

Ser honesta conmigo es lo mejor que puedo hacer, por eso preferí alejarme del argentino, su sonrisa hermosa y su mundo tan lleno de letras como el mío.

Ya sé que llegaran mejores tiempos, pero por ahora prefiero hacer oídos sordos al montón de consejos desesperados que me brindan y clausurar mi corazón hasta que sea capaz de amar de verdad…

Mientras eso sucede le sigo el coro a Anthony Romeo de Aventura y también le digo a Cupido:

♫ Dile al amor, que no toque mi puerta, que yo no estoy en casa, que no vuelva mañana.

A mi corazón ya le han fallado en ocasiones, me fui de vacaciones, lejos de los amores... Y dile al amor que no es grato en mi vida, dale mi despedida, cuéntale las razones…♫




domingo, 22 de noviembre de 2009

Porque amores que matan, nunca mueren...


El la besa. El la abraza. El le grita. El la golpea. Ella lo excusa. Ella lo atiende. Ella sufre. Ella lo ama.
En eso puedo resumir cinco años de conversaciones con Magdalena. Nunca conocí a alguien con un corazón tan noble y presto a ayudar a los demás como el de ella.
No es una santa, ni tiene vocación religiosa, pero bien que podría considerarse una mártir o una estupida, como ella misma se llama a veces.
Hace tres meses inicio su búsqueda de empleos, luego de cinco años como ama de casa. Su misión no ha sido exitosa, la rechazan por la edad, 36 años.
Me resulta inconcebible que una mujer en la plenitud de su existencia sea considerada ¨vieja¨ por no tener la frescura de los veinte años (que a todos nos pasa, si no morimos antes de llegar a los 30) reflejados en el rostro.
Teniendo los meritos de ser madre, esposa, la experiencia, madurez y mayor conciencia sobre las cosas realmente importantes en la vida, una mujer es desechada sin miramientos para ser sustituida por una joven sin merito alguno, pero con la cara fresca, sin problemas, sin pasado, sin hijos.
Igual hizo el infernal marido de Magdalena, quien a cada rato sufre de ¨amnesia momentanea¨ y olvida los años de matrimonio que tienen, los sacrificios de su dócil esposa y las promesas que le ha hecho mil veces cada vez que la golpea, para luego irse con un modelo femenino ¨más fresco¨, menos atormentado.
El hecho de que se haya ido no le quita el sueño a nadie, ni siquiera a sus hijos, menos a Magdalena, pues todos sabemos que más temprano que tarde él regresara a pedirle perdón, se le arrodillara, le comprara flores para luego olvidarlo golpearla y volverse a ir. El no se va porque después de todo, ella es el amor de su vida, al menos eso dice Magdalena. Eso le dice él al oido cada vez que regresa.

La diferencia de edad entre mi muy sufrida amiga y yo nunca ha resultado un problema para nosotras, que nos conocimos cuando yo entre a mi primer trabajo, recién graduada de bachiller. Nos entendimos al instante, lo único que nunca logré comprender fueron sus historias y justificaciones, las que todavía hoy día me cuenta. Me decía que era muy joven para entender, que así era la vida adulta y me faltaban experiencias para tener una visión más clara de las cosas. Ciertamente me faltaba mucho por aprender, pero yo sabía que no era normal lo que ella vivía, al menos en mi familia nunca vi algo igual.
En casa las cosas siempre fueron de una sola forma y no había ambivalencias ni rabietas que significaran separación, si acaso noches en el mueble para mi papa, nunca más de ahí. Por eso me es difícil concebir el mundo como ella me lo plantea en sus patéticas y muy violentas historias.
Siempre la he escuchado decir que hay distintas formas de amar y que su marido la ama de una manera poco convencional. Estoy de acuerdo en la primera parte, pero difiero en la segunda, pues cuando permanecemos al lado de alguien que se acostumbra a humillarnos, irrespetarnos, amargarnos la existencia y para colmo esta completamente seguro de ser propietario de nuestras vidas, no creo que estemos ante un caso de AMOR.
Hablar con Magdalena regularmente me llena de impotencia y de ira, porque quisiera ser capaz de hacerla recapacitar, cambiar su triste realidad, pero eso no me toca a mí.
Muchas veces la juzgue, la califique de idiota, asegure llena de ira que conmigo jamás nadie podría hacer algo igual y aunque nunca nadie ha levantado una mano para golpearme, admito que también he tolerado y justificado cosas imperdonables en una pareja, la mayoría de las mujeres que conozco lo ha hecho, y todas tenemos el AMOR como argumento para justificar…
Con el tiempo he aprendido que si el amor daña, entonces no es amor… Es algo retorcido e intenso como aquel fragmento de una canción de Joaquín Sabina que dice ¨lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí...Y morirme contigo si te matas,
y matarme contigo si te mueres, por que el amor, cuando no muere mata, porque amores que matan, nunca mueren...¨

martes, 17 de noviembre de 2009

Una amiga incondicional


Intento completar un trabajo de esos que suelen desvelar a uno cuando se va acabando el cuatrimestre. Son las once de la noche, mis ojos solo desean estar cerrados y mi cuerpo se siente tentado a pasar a la cama, pero no hay más tiempo para resolver este asunto, así que ¡valor Yuyita!
Un mensaje parpadeante en la pantalla me avisa que alguien me habla y que además olvide cerrar el Messenger. Es Marianita, dice ¨Hola¨.
Quiero emocionarme de encontrarla ¨online¨ como hace par de años atrás, de verdad quisiera sentir interés por saber como esta y quizás desahogar en una conversación aunque sea un poco la carga de esta semana tan llena de estrés y ocupaciones, sin mencionar la lista de líos internos que atentan contra mi estabilidad mental.
Pero a ella tampoco le importa eso, en realidad nunca le intereso lo que tuviera que decir sobre mi vida, ni para bien, ni para mal. Pues nuestra amistad fue una de esas relaciones unidireccionales en las que solamente ella y sus problemas tenían relevancia.
Como aquel día en que a mi madre la intervinieron de emergencia y en mi casa todo se volvió un caos. Apenas tenía doce años y para mi familia era más útil que yo me quedara en casa cuidando de mis primos y hermanos que en el hospital.
En aquel entonces todavía creía en esas ideas de la amistad incondicional que tanto cantaban en las novelitas y series para adolescentes que veía en la TV, por eso la llame desconsolada (y exageradamente dramática) para pedirle que viniera a mi casa a hacerme compañía mientras se arreglaba la situación, de respuesta solo tuve su prisa e indiferencia, pues iba de camino a una tienda con su madre y tenía la esperanza de que le compraran un pantalón con flequitos (que en ese momento era el ultimo grito de la moda)...

Meses después me obsesioné con un vestido amarillo que vi en una tienda, pero costaba tanto que con la suma se podía pagar un mes de teléfono y la factura del agua en la casa, mi madre me dijo que si ahorraba una buena parte del dinero ella pondría lo que restaba para que pudiera tenerlo. Tanto me esforcé en conseguir el dinero que deje de comprar merienda en el colegio. Cuando ya solo me faltaban doscientos pesos para completar la cantidad, Marianita se apareció llorando a mi casa porque su padre se había negado a darle dinero y su novio cumpliría años en una semana. Finalmente se hincó y con los ojos llenos de lágrimas me rogó que le prestara dinero, que en cuanto su madre regresara de un viaje me lo retornaría.
Yo que entendía que en las verdaderas amistades hay que ser INCONDICIONAL le di todo el dinero que había guardado con tantos sacrificios.
El vestido nunca llego a mi closet así como el dinero nunca retorno a mis manos y a Marianita ni siquiera le importo haberme escuchado por semanas hablar de aquel vestido amarillo.
Es increible que en ese entonces nunca reparara en que siempre ridiculizaba a todos mis novios y enamorados, llevándome al punto de sentir más miedo por su aprobación que por la de mi madre, siempre fue indiferente a mis relatos personales y si yo caía ella era la primera en reírse.
Pero eso si, cada 14 de febrero ella se esmeraba haciendo una tarjetita en la que escribía que yo era su mejor amiga y que siempre podía contar con ella, igual el día de mi cumpleaños y cuando llegaba el año nuevo.
Cuando la universidad nos separó me libere de mi ¨gran amiga,¨ solo de vez en cuando la encontraba en el Messenger y hablábamos de su tema favorito: ella misma.
Pero ya no me emocionaba su vida, la mía se había vuelto más interesante y ahora había conocido a personas a las que si les interesaba lo que yo tuviera que decir.
Cuando mire hacia atrás y comprendí el egoísmo de Marianita sentí como mágica y definitivamente salió de mi corazón y sin importar lo que ella pueda decir o hacer no hay nada que pueda hacerme quererla otra vez.
Por eso sin siquiera tomarme la molestia de inventar una excusa para salir rápido de ella, decidí bloquearla en mi Messenger y de paso cerrar el programa para no tener más molestas interrupciones.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Los errores de un Casanova

Don Armando tiene 67 años, le gusta la lectura, ver películas, recitar poesías, mantenerse activo y tiene especial debilidad por las veinteañeras.

Vive al final del pasillo de mi edificio y me consta que todo esto es verdad.

Cuenta con un gran sentido del humor y la mente llena de conocimientos que sabe como plantear para que resulten interesantes de escuchar. Cada vez que lo veo en el pasillo termino aprendiendo algo, pues siempre busca la manera de poner un tema literario, histórico o simplemente me recita alguna poesía.

Se me dificulta relacionarlo con el hombre que hace unos ocho años saco de la casa con golpes y gritos a la fue su mujer por una década, Lorena. Cuando aquello sucedió todos los residentes del edificio salieron asustados de sus apartamentos y al ver la violenta escena corrieron a auxiliar a la pobre mujer que permanecía inmóvil en el piso recibiendo los golpes e insultos de su furioso marido. Tiempo después supimos que todo el problema se había originado por no haber planchado una camisa cumpliendo las indicaciones de su marido.

A pesar de ser propietaria de un cuerpo descomunal y tener toda la juventud para rehacer su vida dos veces más, si así lo requiriera, Lorena se humilló en múltiples ocasiones para que Don Armando la recibiera de vuelta en la casa, prometiéndole que haría todo tal cual él lo indicara.

Pero mientras más rogaba, más desprecio recibía del hombre que le había jurado amor eterno diez años antes.

Lorena solo logró entender la negativa de su esposo el día en que lo encontró borracho con una jovencita en la cama. Ese día supo que tenía que partir. Se despidió de todos en el edificio con lágrimas en los ojos y pidió disculpas por los episodios bochornosos que protagonizó con su marido días antes.

Con el pasar del tiempo supe por el mismo Don Armando que Lorena era su tercera esposa y la jovencita con la cual lo encontraron tampoco fue la primera con la que le había sido infiel.

La piel de las mujeres jóvenes siempre fue su meta y su fin, nunca le intereso tener hijos, hacer fortuna o mantenerse bajo el ¨sagrado vinculo del matrimonio.¨

Sabía como conquistar, como obtener única y exclusivamente lo que deseaba y luego desecharlas, sin remordimiento, sin complicaciones y sin darle largas al asunto.

Eso fue más que suficiente para él hasta el día en que rodó por las escaleras del edificio y se fracturó dos costillas y las caderas. El accidente lo dejo sin la capacidad de valerse por sí mismo, completamente inmóvil y solo.

Los vecinos fuimos a verlo en los primeros días, le ofrecimos ayuda pero pronto todos retornaron a sus faenas cotidianas y olvidaron su existencia por los siguientes cuatro meses que tuvo que pasar en cama.

Sus ahorros le permitieron pagar tres meses de servicios a una enfermera privada para que lo atendiera pero ya al cuarto mes no le quedaba mucho dinero y tuvo que comenzar a hacer todo por su cuenta cuando todavía necesitaba estar lo más quieto posible para recuperarse.

Fue en aquel periodo de su vida cuando por primera vez sintió la soledad tan grande con la que vivía y lloro amargamente al entender que con todas sus acciones había sembrado el abandono que ahora sufría.

Fue entonces, no antes, ni después, cuando valoro el amor que le ofrecieron con sinceridad tantas mujeres, por primera vez se arrepintió de no haber sido un mejor hombre, un ser humano.

Cinco años después Don Armando sigue necesitando un bastón para caminar y ya no lleva la vida tan aprisa como lo hacía antes de su caída, aunque no ha logrado curarse de su afición por las formas y piel joven de las mujeres (creo que jamás lo hará), con quienes ha tenido que utilizar otras estrategias ($$$) adicionales a su experiencia de galán para convencerlas de acompañarlo a su casa.

Al encontrarlo hoy en el pasillo me dejó sin palabras cuando me confeso añorar a Lorena como a ninguna otra y ser capaz convertirse en lo que nunca ha sido solo por contar con su compañía y cariño.

Tanto me conmovieron sus palabras que no me atreví a revelarle que su amada ex esposa ahora vive en Paris, con otro hombre con quien ya ha procreado tres hijos y luce muy feliz, al menos en las fotos del Facebook…

martes, 10 de noviembre de 2009

Un beso que dure hasta el lunes



Déjame un beso que me dure hasta el lunes… Un beso grande… Un beso inmenso…
Gritaba a todo volumen las bocinas de un colmadón cerca de mi casa, aquella salsa de finales de los 90, tan cursi y empalagosa, me remontó de inmediato a mis años de bachillerato cuando apenas contaba con unos 13 o 14 años y mi corazón se ilusionaba o sufría con una intensidad novelesca por cualquier amago amoroso. En ese entonces un simple beso era todo un acontecimiento que nos moríamos por llegar a la escuela y contar, ni hablar de tener un novio, eso si que era un motivo para presumirles a tus amigas.
La canción es un reflejo de la realidad de los amores de escuela, en su mayoría escondidos porque los padres suelen tener una objeción al respecto, sobre todo los de las hembras, por esta razón estos primeros amores solían ser de lunes a viernes en el horario de escuela, si acaso alguna llamada vespertina.
Ay pero cuando llegaban los fines de semana era casi el fin del mundo (para los adolescentes todo es exageradamente dramatico, los cambios hormonales parece que tambien sacan todo de proporción) , el sabado y el domingo eran los días más difíciles de toda la semana pues de pronto surgía un abismo obligatorio lleno de nostalgia, hasta el esperado lunes… Por eso la canción cayó como anillo al dedo a la etapa que estaba viviendo.
Así como también sirvió para que el primer gran amor de mi vida fuera anunciando sus intenciones de besarme aquella noche mágica que nunca, jamás olvidaré…
El tiempo me ha hecho darles la razón a esas personas que afirman que no hay ni habrá nada comparado a ese primer amor (no al primer novio, al primer amor de verdad), aún cuando tengas mil relaciones posteriores, te cases y vivas cosas grandiosas con otras personas, esa primera huella en el corazón se plasma en el alma de manera eterna y definitiva.
En fin…El solo hecho de escuchar la canción siempre me enamoró, de ninguna persona en especifico, simplemente me enamoraba, creo que aún lo hace…
Y es que un beso que dure desde un viernes hasta un lunes tiene que ser una cosa muy rica… O estaré yo exagerando?
Yo y mis cursilerías…La tengo como a flor de piel hoy :p


domingo, 8 de noviembre de 2009

La sinceridad de una suegra


Pocas personas he conocido que tengan el efecto que tiene en mi Doña Sofía. Con tan solo verla siento que el estomago se me revuelve y me entra una inexplicable ansiedad que se me hace casi imposible disimular, lo único que se me ocurre es salir corriendo y si la circunstancia lo permite así lo hago.

Pero ayer la situación era demasiado evidente y a pesar de que hice el amago de huir me detuvo su estruendosa voz cuando pronuncio mi nombre para luego acercarse lentamente caminando como si intentara modelar la desventurada anatomía que a sus 56 años lucía orgullosa. No sin desaprovechar el camino para ir chequeando mi aspecto desde la punta de mis pies hasta el final de mi cabellera, con esa mirada indiscreta y calificadora igual a la que me recibió aquel primer día en que pise su casa para conocerla de la mano de mi entonces novio, Leonardo.

Ese primer día, me asegure de llegar muy bien vestida para causar una buena impresión, esquive todas las blusas escotadas o informales de mi closet y llegue tan prolija como pude, sin embargo, eso no evito que hiciera mención de lo exagerado que estaba mi atuendo al ser tan ¨cubridor¨, en tono de broma y cinismo agregó que tenia el look de una evangélica frígida.

Como el motivo de mi visita era un almuerzo familiar, no quise llegar con las manos vacías sino que compré una tarta helada para el postre, la cual puse en sus manos tan pronto como nos abrió la puerta, sin disimulo miro la caja con desprecio y la soltó sin cuidado en la mesa del recibidor, fingiendo una emoción sobreactuada por darle la bienvenida a su hijo consentido llenándolo de besos y abrazos.

Si no hubiese sido porque le recordé la existencia de la tarta la habría dejado derretir en la mesa solo para tener una excusa por la cual no comerla… Aunque igual nadie la probó, pues cuando llego el turno del postre Doña Sofía se disculpo conmigo explicándome que ya había ordenado un postre en una fina reposteria de la ciudad porque no acostumbra a exigir a sus invitados a que traigan platos para compartir. ¨Eso de que cada quien traiga algo para comer es algo de muy mal gusto, una excusa para disimular las carencias¨ explicó.

Y esa precisamente era el punto débil de mi querida suegra: las apariencias.

Para ella el que dirán es más importante que la vida misma, por eso gasta lo que no tiene en ropas, accesorios, salón y adornos para la casa. Su obsesión por sentirse superior al resto de las personas la había hecho olvidar que había nacido y crecido en un pobre y remoto campo de Pedernales, donde hasta la naturaleza se negaba a facilitarles la supervivencia a los habitantes del lugar, con la aridez de la tierra y la falta de oportunidades.

Ahora en cambio, se la pasaba coordinando tardes de té en la sala de su casa, con amigas tan superficiales y desubicadas como ella, a las cuales entretenia inventandoles historias fantásticas sobre la vida y suerte de sus hijos. Por eso era tan importante que las parejas de sus retoños cumplieran la lista de cualidades que ella había determinado debían de tener los que ostentaran una relación con su distinguida prole.

Yo, definitivamente no encajaba con su concepto de mujer perfecta para Leonardo, empezando por mi apellido, uno de los primeros datos que se aseguró de obtener al conocerme.

Yuyita Flores, no le pareció un nombre de alcurnia o agradable, de hecho hasta me sugirió asumir algún apodo más ¨chic¨. Su familia no era rica ni poseía un apellido ilustre, pero ella necesitaba asegurarse del buen posicionamiento social de sus hijos y eso fue algo que dejo bien claro durante todo el tiempo que la trate.

Y yo como toda boba enamorada quise ganármela a pesar todas sus muestras de desprecio, por eso cuando llego el día de las madres, gaste lo que nunca había gastado en un regalo para mi propia madre, comprándole una pieza de cerámica alemana. Estaba feliz esperando a que llegara el momento en que lograra deslumbrarla con aquel regalo, pero nada más lejos de lo que sucedió cuando finalmente sacó la pieza de la envoltura. Con una expresión dura en el rostro lo tomo en sus manos y lo observo. ¨Es cerámica alemana,¨ le dije, a lo que ella respondió: ¨Ojala no hayas pagado mucho por esto porque te engañaron diciéndote que era cerámica alemana, esto si acaso es chino.¨

Y hasta aquel día llegaron mis intentos y paciencia para lidiar con mi extremadamente sincera suegra.

Por más que Leonardo me rogó nunca más puse un pie en aquella casa y siempre que puedo esquivarla en la calle lo hago con tanta franqueza como la que ella siempre tuvo conmigo.

Por eso cuando la vi aproximarse hacia mi a pesar de que hice un intento de esperarla, no pude resistir la idea de enfrentarme a sus cuestionamientos y fanfarronería, preferí alzar la mano para saludar, decirle que tenía prisa y echar a andar.