
Hoy recuerdo de manera especial, ese apetito desenfrenado que tuve hasta antes de mi adolescencia, porque es el primer dia en mas de diez anos en que pienso seriamente en hacer una dieta.
Este anio no tuve las fuerzas ni el deseo de luchar contra la corriente, de usar la cordura o de ser coherente.
Gaste mas dinero de lo que jamas recuerdo haber gastado, compre mas ropa de la que soy capaz de usar, comi todo lo que se me ocurrio y lleve a la aguja del peso donde nunca antes la habia llevado.
Y ni hablar del terrible efecto que hizo en mis bolsillos mi insensata medida navidena, pero me enfocare en esta experiencia que hoy vuelvo a vivir: la de enfrentarme a un cuerpo con unas libras muy mal distribuidas junto a la imperante necesidad de sentirme flaca otra vez, aunque eso implique escuchar con mucha frecuencia, vocecitas entrometidas aconsejarme que coma un poco mas para lucir mejor (como lo he escuchado durante anios).
No importa lo que tengan que decir, si estoy gorda o flaca igual me criticaran, lo importante es que al final del dia yo este conforme con lo que me devuelve el espejo y aunque eso sea algo completamente superficial, ahora mismo lo unico que me importa es no volver a ser “Yuyita la gorda”.
Por eso me uno al club del remordimiento de enero, ese que llena los gimnasios cada inicio de anio, luego de prometerse en cada mordida y trago de alcohol que tan pronto como se acabe la navidad recompensara su cuerpo con una buena dieta y rutina de ejercicios. Todo lo que sea necesario con tal de volver a mis 110 libras de siempre.





